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"Rivas convirtió a esos niños en sus fetiches, en sus objetos de placer"

Los 8 años de condena a Gustavo Rivas dejaron mucha tela para cortar en la opinión pública. Para algunos se hizo justicia y para otros la pena no alcanza. Para el Tribunal, quedó claro el plan del imputado para "alcanzar su plena satisfacción sexual".

Carlos Riera

Los canales de televisión y distintos medios gráficos digitales se hicieron eco de la denuncia de la Revista Análisis y el bum mediático que produjo el caso. Y fue allí cuando conocieron un poco más sobre el personaje y sus redes con las distintas instituciones culturales, deportivas, sociales y profesionales de las que formó parte. “El ciudadano ilustre”, así bautizaron al caso los medios nacionales.

Rivas había estado y estaba inmiscuido en cada institución de la ciudad, incluso tuvo actividad en los medios de prensa y forjó pretensiones políticas que tuvieron acompañamiento en las urnas. Fue considerado por toda la sociedad de Gualeguaychú “como un hombre destacado por su erudición”.

Aunque a muchos les pese, Rivas fue considerado “un referente social” y fue gracias a ese papel que supo construir lo que le permitió insertarse “en ámbitos de gran afluencia de menores”, como ser la fiesta de las carrozas, escuelas, viajes de egresados, clubes, “lugares en los cuales podía sin reparos, es decir, con total libertad, orientar su accionar hacia la elección niños de edades tempranas, cuyos desarrollos psíquicos no les permitía elaborar o entender los episodios vivenciados”, indicó la jueza del Tribunal de Juicios, Alicia Vivian, en su lectura del adelanto de veredicto.

Fue gracias a su actividad en estos lugares, donde concurrían adolescentes, lo que le permitió a Rivas conocer las costumbres, los gustos y necesidades de esos niños, y “desplegaba, bajo la apariencia inofensiva, sus dotes seductoras en pos de generar en ellos sentimientos de amistad, de confianza y camaradería”.

Para toda la sociedad, Rivas se mostraba indiferente a todo lo que se tejía a su alrededor. Para muchos, lo que sucedía en la casa de Rivas eran habladurías, una leyenda urbana, mientras que otros lo tomaban con mayor seriedad pero tampoco decían nada. Así se fue tejiendo por años ese entramado de relaciones que este hombre de 73 años supo tejer a la vista de todos y con el silencio de todos.

Rivas se mostraba frente a la sociedad y frente a sus víctimas como una persona a la que podían recurrir ante cualquier problema y para resolver los inconvenientes que en la mayoría de las veces tenían su raíz en la falta de dinero. “Esa colaboración, en el caso de los niños elegidos, la completaba dándole a cada uno aquellas cosas que a los ojos del adulto les resultaban prohibidas o les eran imposible de alcanzar, por ejemplo: dinero para salir, alcohol, películas pornográficas”.

Su blanco principal eran aquellos niños que mostraban vulnerabilidad afectiva y económica. Atraía a los adolescentes a su casa mediante otro menor que actuaba como nexo, que envalentonaba al resto del grupo para hacer “la previa” en la casa de Rivas porque “Gustavito nos da plata para salir”.

Una vez en su casa, era Rivas el que manejaba la situación en razón de sus propias pretensiones. Anotaba los nombres de los menores y les advertía que conocía a sus familias, casi como si se tratara de una extorsión. Después desplegaba su potencial abusivo.

El Tribunal tuvo por acreditado que “el motivo de Rivas no fue otro que satisfacer sus propios deseos sexuales, lo cual se reafirma con su actitud excluyente de los menores que no se prestaban a sus requerimientos, que no cumplían con la pauta de belleza o con el comportamiento adecuado”.

Rivas logró satisfacer su plan: captar la confianza de los niños varones menores de 18 años, dominando sus voluntades, provocando las situaciones. “Convirtió a esos niños en sus fetiches, en sus objetos de placer, para alcanzar su plena satisfacción sexual”.

Para el Tribunal fueron probadas todas y cada una de las “proposiciones fácticas que conforman la acusación”, pudiéndose afirmar fuera de toda duda razonable que los hechos existieron y que Rivas fue su autor.

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