Roberto Azevêdo: "Ni con una súper computadora se puede predecir el futuro económico" *
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Según el director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), hay que evitar que la desaceleración se vuelva una situación crónica. Florencia Carbone GINEBRA.- Roberto Azevêdo dice entre carcajadas que "en cualquier momento" cambia su trabajo por el del Papa Francisco. Al brasileño que desde septiembre del año pasado está al frente de la Organización Mundial del Comercio (OMC) le causa mucha gracia la comparación con Jorge Bergoglio.Son dos latinoamericanos que por primera vez en la historia llegan a ocupar la dirección de dos instituciones globales golpeadas por la pérdida de credibilidad y prestigio. Dicen, además, que para resucitar la estancada Ronda de Doha (la gran negociación que arrancó en 2001 para liberalizar el comercio mundial) hace falta un milagro, le comenta La Nacion.Azevêdo vuelve a sonreir -como lo hizo buena parte de la entrevista que tuvo lugar en la remozada sede de la OMC en Ginebra, frente al majestuoso Lago Léman-. Dice que la "economía global sigue desacelerada" y que para hacer un análisis correcto hay que mirar la situación país por país. Comparte una duda respecto del futuro inmediato: Estados Unidos está en una curva ascendente, pero, ¿será sustentable? ¿Logrará arrastrar al resto de las naciones a la superficie o será víctima del hundimiento general?-¿Por qué cree que lo eligieron para dirigir la OMC? ¿Cuál es su misión?-Creo que desde el comienzo la mayor parte de los miembros tuvo claro que era necesaria una persona que pudiera construir puentes. Sin importar en qué negociación estuviéramos trabajando, en la OMC había siempre una distancia muy grande -simplificando mucho- entre los países en desarrollo y los desarrollados, una agenda muy distinta y se necesitaba de alguien que pudiera aproximar las posiciones o encontrar la manera de discutir las cosas de modo menos polarizado.-¿La designación tiene que ver con su personalidad más que con el país al que representa?-Un poco de las dos cosas. Primero, vengo de un país en desarrollo y eso era algo que podría ayudar en el diálogo con los países en desarrollo. Había que tener un cierto perfil para ese tránsito con esos países. Al mismo tiempo debía ser una persona que tuviera la confianza de los desarrollados. Negocié durante muchos años con ellos en temas conflictivos como litigante en jefe de Brasil. No era sólo negociar, peleaba con ellos.-En su momento, el ex presidente de México Ernesto Zedillo dijo que el representante de un país tan proteccionista como Brasil no tenía cartas credenciales adecuadas para las necesidades del momento...-No es Brasil el que fue elegido, sino Roberto Azevêdo. Claro que tengo un bagaje y experiencia como brasileño, pero a lo largo de los años me hice una persona conocida por ser capaz de entender los problemas, dialogar y encontrar soluciones. Es muy fácil trabar una negociación: uno se planta en su posición y dice no a todo y ya está. Sin embargo, mi historial muestra que a pesar de haber tenido una posición muy difícil, una distancia muy grande entre mi postura y la del interlocutor, encontré soluciones buenas para ambas partes. Creo que ese fue el factor que hizo que mi candidatura cosechara apoyo de los dos lados, porque a pesar de que en un momento se decía que era el candidato de los países en desarrollo, y el mexicano (por Herminio Blanco) el de los desarrollados, eso no es verdad. Fui apoyado por los dos.-¿Cree que los sacudones de la crisis de 2008 afectaron a instituciones internacionales como el Banco Mundial, el FMI y la OMC? ¿Es necesaria una nueva infraestructura institucional global?-El problema no está en la estructura de las organizaciones sino en la dinámica dentro de ellas. Si creamos una institución distinta, el problema seguirá estando ahí porque el problema es de dinámica institucional. Por ejemplo, durante muchos años hablamos en la OMCde los acuerdos que teníamos (antes de la Ronda Doha estuvo la Ronda Uruguay), pero los países grandes, hegemónicos, acordaban entre ellos y los países en desarrollo asumían compromisos muy diferenciados. No tenían las mismas obligaciones. Había un trato especial para los países en desarrollo que estaba muy lejos de los compromisos de los desarrollados. En la primera década de 2000 esta realidad fue cambiando porque los desarrollados ya no aceptaban la posibilidad de acordar entre ellos y dejar a países en desarrollo grandes al margen, como Brasil, China, India, e Indonesia, entre otros. Esos eran lo suficientemente grandes como para asumir los compromisos de los desarrollados.Asumir los mismos compromisos que los desarrollados resultaba económicamente difícil para los países en desarrollo porque tenían desafíos internos importantes, pero estaban dispuestos a hacer un esfuerzo. Con la crisis de 2008, ese espacio muy reducido, desapareció. Para estos países medianos, asumir compromisos de la misma magnitud que los desarrollados fue imposible.-Paradójicamente al mismo tiempo que se observa una democratización en el funcionamiento de las instituciones internacionales, se produce tal grado de fragmentación que es casi imposible consensuar acuerdos. ¿Qué número debería acompañar a la G para representar el poder actual? ¿El G20 lo hace? ¿Cómo se hace para consensuar 160 visiones diferentes en la OMC?-El número no es importante. Si fuéramos 12 ya no tendríamos acuerdo. El tema está en que en un núcleo muy chico, representativo de las diferencias de opinión que existen entre los miembros, ya es imposible llegar a un acuerdo porque los países centrales ya no están en condiciones de asumir los compromisos y gastar capital político interno en sus países sin que los otros hagan lo mismo.-¿Quedó fuera de uso la Green Room (la Sala Verde fue el sitio donde, en reuniones informales, un grupo reducido de países sellaban un acuerdo para unificar posturas sobre algún tema)?-Eso no resulta, ya lo intentamos en el pasado. La cuestión está en ser realista, entender que en este momento los emergentes grandes no están en condiciones de asumir compromisos muy fuertes. Están dispuestos a hacer algunas cosas, pero no tanto y lo mismo pasa con los desarrollados: no pueden asumir compromisos que quizás antes de 2008 sí podían. Tendríamos que repensar el espacio negociador y hoy la gente quedó fijada en la realidad que existía antes de esta nueva configuración de poder y económica global.-¿Eso significa apuntar a lo que muchos llaman "Doha light?-Hay que reconocer las limitaciones de un lado y del otro y ver si dentro de eso encontramos espacios comunes. No es algo que se resolverá en 1 o 2 días. Hay que pensar de manera creativa.-¿Qué papel juega en eso el avance de los megaacuerdos (como el que negocian EEUU. y la UE, y el llamado Transpacífico)?-No van a ser fáciles tampoco.-¿Qué grado de realidad tienen?-Cuando se iniciaron decían que lo harían en 2 años, y cuando me preguntaban lo que pensaba, respondía que me sorprendería mucho si se concluía una empresa de esa naturaleza en ese tiempo. Llevará tiempo porque una gran parte de los problemas que están discutiendo ahí y que impiden la conclusión de esos acuerdos ya existían en las negociaciones de acá, de la OMC. Una parte de los problemas que tenemos para avanzar con la agenda no es sólo las diferencias entre desarrollados y en desarrollo, las hay también entre los propios países desarrollados. No me sorprende para nada las dificultades que tienen los megabloques.-¿Atentan esas negociaciones contra el multilateralismo?-Son dos caminos completamente independientes. Estamos hablando de países que tienen aranceles muy bajos -con la excepción quizá de los aranceles agrícolas-, que tienen su sector de servicios en general bastante abierto, por lo que no es un esfuerzo extraordinario lograr la apertura de mercado entre ellos. Lo que será más difícil es la parte de disciplinas nuevas en el área de inversiones, medio ambiente, patrones laborales, energía o comercio electrónico. De todos modos es difícil saber exactamente qué y cuáles son las dificultades porque las negociaciones son confidenciales. No tenemos información sobre qué se pasa ahí.El riesgo es que en estas negociaciones tendremos estándares distintos, lo que puede complicar la vida de los agentes económicos.-Hace poco hizo pública su fuerte preocupación por el incremento del proteccionismo. ¿Cuál es la situación actual de la crisis, cuán cerca está su fin?-Eso requiere un examen país por país. Sin duda, la economía global sigue desacelerada, pero hablamos de un agregado de países que están en ciclos económicos distintos. Estados Unidos, por ejemplo, demuestra que está en una curva ascendente. Pero, ¿es una curva sostenible si el resto del mundo sigue realentizado? No lo sé. ¿Es una curva que puede sacar a los demás o por el contrario EE.UU. se verá arrastrado hacia abajo? Es difícil, no hay economista que me ofrezca esa respuesta tan claramente. Los europeos no están tan dinámicos, aún Alemania está en un proceso de desaceleración. Los países en desarrollo, los Brics (sigla que identifica a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) también han desacelerado. Hay imponderables importantes en esa ecuación como por ejemplo los costos de energía, que pueden tener un sentido de desaceleración para algunos y el contrario para otros dependiendo de dónde están en la matriz energética. Hay además cuestiones geopolíticas que están afectando a algunas regiones del globo, problemas de salud como el del Ébola en África con un impacto económico importante. Hoy resulta imposible, ni siquiera con una súper computadora, decir cuál será el cuadro económico de los próximos años.-¿Qué pasará con el proteccionismo?-Los números demuestran que muchos países, a pesar del compromiso de no adoptar medidas proteccionistas, lo hicieron. De todas maneras no fue un proteccionismo tan fuerte como se imaginaba en 2008-2009, cuando se pensaba que podríamos tener una cosa muy, muy grave, como de los años '30. Tuvimos si un aumento de medidas proteccionistas pero a mi juicio de una graduación moderada. Nada muy excepcional. Hay algunas regiones o países que son más resistentes a la apertura comercial, pero una mirada global no muestra un movimiento proteccionista muy fuerte. Hay curva levemente ascendente, que sigue en esa trayectoria -aunque intentando estabilizarse- en niveles más altos de los que teníamos en 2008.-El precio de las materias primas cayó. La baja del petróleo beneficia a unos y golpea a otros. ¿Terminó el viento de cola que América latina tuvo en la última década? ¿Cómo ve el futuro en la región, de modo particular en Argentina y Brasil?-En 2008 tuvimos una crisis muy fuerte en el mundo desarrollado, pero países como Brasil y Argentina crecían muy fuerte. Con el prolongamiento de la crisis internacional es natural que esas economías también desaceleren porque no están aisladas del mundo. Las exportaciones pierden vigor, las inversiones también son más cautelosas. Creo que no debería sorprender que, sobre todo la economía brasileña, esté en un ritmo más lento.-¿Por qué?-Porque en casi todo el mundo hubo una desaceleración. De todas formas, hay que estar con las luces encendidas para que esto no se vuelva una situación crónica, sino una oscilación natural de ciclos económicos que retomen la curva ascendente de crecimiento lo más pronto posible. Lo malo sería si los países no tuvieran conciencia de esto e intentaran tapar el sol con las manos, pero me parece que están conscientes de que hay un proceso de desaceleración que debe ser revertido lo antes posible.La coyuntura no es la mejor para los países que están en un proceso de crecimiento no muy dinámico, como Brasil. No conozco tan bien la dinámica interna de la economía argentina para pronunciarme sobre eso, pero creo que son países que tienen una estructura de recursos naturales, humanos y productivos relativamente compleja, sofisticada, y por lo tanto tienen recursos para salir de donde están y retomar el crecimiento de una manera saludable. Qué es la OMCLa Organización Mundial del Comercio (OMC) es la única organización internacional que se ocupa de las normas que rigen el comercio entre los países. Los pilares sobre los que descansa son los Acuerdos de la OMC, que han sido negociados y firmados por la gran mayoría de los países que participan en el comercio mundial y ratificados por sus respectivos parlamentos. El objetivo es ayudar a los productores de bienes y servicios, los exportadores y los importadores a llevar adelante sus actividades.Sus idiomas oficiales son el inglés, el francés y el español. La OMC no forma parte del sistema de las Naciones Unidas, y tampoco de los organismos de Bretton Woodscomo el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (FMI).El propósito primordial del sistema es contribuir a que el comercio fluya con la mayor libertad posible, sin que se produzcan efectos secundarios no deseables, porque eso es importante para el desarrollo económico y el bienestar, según se explica en su página. Esto conlleva en parte la eliminación de obstáculos. También requiere asegurarse de que los particulares, las empresas y los gobiernos conozcan cuáles son las normas que rigen el comercio en las distintas partes del mundo, de manera que puedan confiar en que las políticas no experimentarán cambios abruptos. En otras palabras, las normas tienen que ser "transparentes" y previsibles. Datos:Sede: Ginebra, SuizaFundación:1° de enero de 1995Creada por: Las negociaciones de la Ronda Uruguay (1986-94)Miembros: 160 países al 26 de junio de 2014Director general: Roberto Azevêdo. Es el 6° director general en la historia del organismo. Fue nombrado para un mandato de cuatro años, con efecto a partir del 1° de septiembre de 2013.* Publicada en diario La Nación
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