Rodolfo Terragno: “Ningún gobierno solo puede transformar el país”
A su paso por Gualeguaychú, donde vino a exponer un Plan para el Bicentenario y a presentar su nuevo libro sobre San Martín, Rodolfo Terragno habló con Radio Cero sobre los últimos gobiernos radicales, los desafíos políticos del país, y el conflicto con Botnia. Por Gustavo Carbone, Gustavo Rivas y Marcelo Lorenzo- Su libro "La Argentina del Siglo XXI", escrito a mediados de los '80, marcó una época. ¿Cómo debe leerse a la luz del presente, de la realidad de hoy?Rodolfo Terragno:- En esa época, 1985, yo no hacía un ejercicio de adivinación. Expresaba cómo creía yo que debía evolucionar la Argentina en función de las nuevas realidades del mundo, de las nuevas tecnologías, de los cambios en los modos de producción. En un sentido, algunas de las cosas que propugnaba se dieron ya a fines del siglo XX y en los primeros tiempos del siglo XXI. Insistía entonces en que la ingeniería genética iba a multiplicar la productividad agraria y que eso nos iba a permitir ganar agro-dólares para financiar el desarrollo. Bueno, eso fue lo que pasó con la soja. Las semillas, las nuevas técnicas, la siembra directa, permitieron una muy alta productividad. Y nos permitió aprovechar la irrupción de China en el mercado mundial, como un mega comprador que elevó los precios internacionales. Esto ha tenido mucha importancia. Ahora, desde el punto de vista del desarrollo económico y científico, me imaginaba un país con nuevas ventajas competitivas que hubiese diversificado más su producción. Eso todavía no se ha dado. Pero claro, todavía quedan unos cuantos años del siglo XXI.- ¿Se verificaron los cambios políticos que usted imaginó? - Pensaba primero en un sistema político más afianzado, en una democracia más ortodoxa y una distribución del ingreso más equitativa. Y lo que estoy viendo hoy es una democracia débil y una muy mala distribución del ingreso. La diferencia entre el 10 % más rico y el 10 % más pobre es de 6 veces en Alemania, 15 veces en los Estados Unidos y 30 veces en la Argentina.- Por tanto han ganado los ricos...- Tenemos un sistema impositivo muy contrario a la equidad, es un sistema impositivo basado en impuestos indirectos que son independientes de la capacidad contributiva. Tenemos un Estado que le encanta cazar en el zoológico. Entonces, busca la forma más fácil de hacerse de dinero, espera al contribuyente en la caja del supermercado y le cobra el mismo IVA al multimillonario que al villero. Espera al contribuyente en la ventanilla del banco y en proporción a las transacciones le cobra el mismo impuesto al cheque a la multinacional que a un tallercito. Espera al exportador en el puerto y le cobra la misma retención al que tiene margen amplio que al que tiene margen estrecho. Eso es para hacer dinero. Creo que un sistema que permita una mayor igualdad, es un sistema que dependa de la capacidad contributiva.El final de De la Rúa ya estaba escrito
- Usted ha sido protagonista del último gobierno de la Alianza. ¿Qué lectura hace del final dramático del gobierno de Fernando de la Rúa?- Bueno, en primer lugar yo fui protagonista de los primeros meses de ese gobierno y anticipé lo que iba a pasar, lo escribí y lo publiqué. Porque no había ningún secreto. Eso iba a pasar, e iba a pasar más o menos en la época en que pasó. Se sabía. En el año 1991 el país tenía una hiperinflación extraordinaria. Y se puso en marcha el plan de convertibilidad, el cual al vincular las reservas al circulante, y establecer una tasa de cambio fija, logró con éxito controlar la inflación. Ahora bien, después no se puede mantener artificialmente el valor de una moneda por tiempo indeterminado. En el año 1995 y después en el año 1997, yo tuve dos debates públicos con el entonces ministro del presidente Menem, Domingo Cavallo, en los cuales advertí sobre los peligros de tener el peso sobrevaluado. Cuando uno tiene un peso sobrevaluado le cuesta exportar, porque sus productos se vuelven muy caros en el exterior. Se le inunda el mercado interno porque es muy barato el producto importado. Como consecuencia de eso empiezan las quiebras, empieza el desempleo. Y a partir de ahí, entonces, uno no tiene los suficientes dólares para respaldar al circulante. ¿Y qué hace? Se endeuda. Pero llega un momento que no se puede endeudar más y eso se corta (...)- Se diría que usted, al decir eso, era un iconoclasta en aquel momento...- Lo era. Y no sólo en ese momento, porque se siguió con el sistema. Ocurre que todavía había capacidad de crédito. Pero en 1997 entramos en recesión, con un desempleo que bordeaba el 20 %. Cuando viene la elección de 1999 los candidatos a presidente de la Nación por la Unión Cívica Radical éramos dos: el Dr. De la Rúa y yo. Mi propuesta era que teníamos que salir del 1 a 1 gradualmente y la propuesta del Dr. De la Rúa era: 'conmigo 1 peso=1 dólar'. Mi partido optó por el Dr. De la Rúa. Y por lo tanto, optó por la continuidad del 1 a 1. Yo ahí cometí un pecado de soberbia: pensé que si estaba dentro del gabinete iba a poder torcer, influir, le iba a poder mostrar al presidente que íbamos en un camino de colisión. Además, el 95 % de la gente pensaba erróneamente. Había sido inducida a pensar que si se salía del 1 a 1 se volvía a la hiperinflación. Los políticos no querían tener ese costo y los economistas estaban -a mi modo de ver- en una visión equivocada. Encima el gabinete de ese gobierno estaba lleno de economistas. Además de José Luis Machinea al frente del ministerio de Economía, el Ministro de Defensa era un economista (López Murphy), también lo era el Ministro de Educación (Llach), al igual que el canciller (Rodríguez Giavarini), e incluso el feje de la SIDE. Entonces ahí era muy difícil influir. Todos estaban de acuerdo con el 1 a 1. Por tanto, decidí irme de ese gabinete. En el 2001, en el mes de marzo, se cierran los mercados voluntarios de crédito. Eso quiere decir que ningún mercado le prestaba a la Argentina. Se declaró: 'a este país no se le presta'. ¿Por qué? Porque todos sabían que no había capacidad de repago. Y empezó esto del riesgo país. ¿Y esto qué significa?. Es el riesgo que un país entre en default y que no pueda mantener su moneda. Es decir, que haya una devaluación forzada. Y que haya una crisis bancaria. Y la Argentina durante la mayor parte del 2001, tuvo el riesgo país más alto del mundo. Dar esta información se había convertido casi en una cosa deportiva. Las radios daban la hora, la temperatura, la sensación térmica y los puntos del riesgo país. Es decir, esto ya preanunciaba lo que iba a pasar. Yo era candidato a senador en esa época, y me oponía a la política económica del gobierno. Recuerdo que el presidente del Banco Central, Mario Blejer, me acusó muy duramente en el programa "A Dos Voces". Dijo que yo estaba atentando contra el interés nacional. Y esto porque me preguntaron durante la campaña si yo dejaría mi dinero en el banco y yo dije: 'naturalmente no'. Se retrucaba que existía una ley de intangibilidad de los depósitos. Bueno, es como si yo pudiese decretar por ley que se suspende la gravedad. Pero más allá de mi voluntarismo, las cosas van a seguir cayendo de arriba para abajo. Si no hay plata ¿cómo se hace para responder a una huída de los depósitos? (...) Es decir, pasó lo que tenía que pasar, lo que se había anunciado iba a pasar. Yo lo escribí, lo publiqué. Incluso Paul Krugman, el premio Nobel de Economía, también lo anticipó. Sin embargo, pese a lo claro del asunto, después se empezaron a tejer historias descabelladas sobre los motivos de la debacle: que Eduardo Duhalde conspiraba, que la renuncia de "Chacho" Alvarez, que De la Rúa estaba bajo la influencia de su hijo. Es muy grave que no entendamos qué nos pasó realmente. Porque esto no nos debe pasar otra vez.
Contra el mito de la duración peronista
- Hay un estereotipo popular según el cual los gobiernos radicales no terminan, mientras que los peronistas, más allá de sus excesos, duran en el poder...- En vez de repetir esto tenemos que pensar: a Juan Perón lo echaron, a María Estela Martínez de Perón la echaron, Rodríguez Saa duró una semana, y Duhalde se fue 6 meses antes. ¿Dónde está eso de que todos los gobiernos peronistas terminan el mandato?. Menem sí lo hizo, y Kirchner en su período también. Hay que ver cómo termina todo el período kirchnerista. Ojalá que termine muy bien. Lo que quiero decir es que hay antecedentes muy claros que discuten ese estereotipo. El dato es que el fundador del peronismo y su propia esposa no pudieron terminar su gobierno. De dónde surge este mito de la duración peronista, no lo sé. Y en cuanto a lo que le pasó a De la Rúa, digo que le tocó a él, pero le hubiera podido tocar a cualquier otro presidente, no importa su signo político. Cualquiera que hubiese seguido el 1 a 1, hubiera terminado igual. Esa era una política que llevaba al precipicio.- Tampoco el gobierno de Raúl Alfonsín, el primer gobierno de la democracia recuperada, terminó bien...- Quiero hacer esta observación. Primero: la gente olvida que en la vieja Constitución no había elección directa del presidente de la nación sino que había que elegirlo por un colegio electoral. Eso decía la Constitución que fue sancionada en 1853. Para formar el colegio electoral había que viajar en carreta o en diligencia. Entonces se establecían plazos muy largos entre la elección y el momento de la asunción. En el año 1989, en el país y toda América Latina, se vivía una enorme inflación derivada de los petrodólares y de la crisis mundial. Pero para administrar la situación de un país en inflación hace falta poder. Lo que se dio en el país ese año es que ya había un nuevo presidente electo. No es que Alfonsín tuvo que interrumpir el mandato. El país había decidido y había elegido a Menem. Entonces la idea de que Alfonsín se aferrara al sillón y dijera: 'yo aunque no tengo más poder -porque el presidente que se va no tiene más poder- y aunque el pueblo ya se manifestó, yo me quedó acá hasta el 10 de diciembre', esa hubiese sido una idea terrible. Por supuesto, Alfonsín no tenía ese criterio. Y yo intervine en eso directamente. Fui el representante de Alfonsín ante Menem, para negociar la transición del poder. Y estaba convencido de que eso era lo correcto. Era una obligación. Es decir, no es que terminó el gobierno. El gobierno ya había terminado en el mismo momento en que en medio de una gran crisis se elige a un nuevo presidente. Había que darle el poder a ese presidente para que pueda aplicar todas las políticas. Era un período de 6 años. Y bueno, 6 meses antes se hizo la entrega del poder, que era lo que correspondía, más allá de aquel anacronismo constitucional, que después se corrigió en 1994.- El país vive en el sobresalto político e institucional. En su exposición en Gualeguaychú, propuso cosas que son de sentido común, de racionalidad. ¿Qué nos pasa a los argentinos que no podemos acordar sobre un plan sensato de desarrollo?- Hay un dicho en los Estados Unidos: "no hay que ser precursor hay que ser colono". Porque los precursores son los que reciben las flechas (risas). Primero no estoy tan seguro de que todos sepamos cuál es la realidad. A veces la falta de sensatez obedece precisamente a que tenemos ideas un tanto fantasiosas. Cuando yo planteo, como planteé en esta ciudad, que si nosotros creciéramos sin parar al 5 % anual, durante 14 años, hasta llegar a 2023, tendríamos a lo sumo el ingreso per cápita que Croacia tiene hoy, hay mucha gente que no lo puede creer. Porque cree que nosotros estamos ahí, en los arrabales del desarrollo económico. Y que si hubiera otro gobierno, otra política, en poco tiempo somos España.
No basta un solo gobierno para lo que hay que hacer
- Con una buena cosecha nos salvamos. ¿Sería una cosa así?- Claro. Mi visión es otra. Se apoya en el hecho, por ejemplo, de que nuestro índice de desarrollo humano es inferior al de Brunei. Que nuestro gasto en salud, tanto público como privado, medido en dólares por habitante, es inferior al de Malta. Que la esperanza de vida al nacer en Argentina no es mayor que en Albania. O veamos el índice OCDE, que toma a 57 países que representan 90 % del producto bruto global. Allí se examina cada dos años el nivel de conocimientos en: lenguaje, matemática y ciencia de chicos de 15 años. Resulta que de esos 57 países el que está mejor, el que tiene el primer puesto es Finlandia, y la Argentina tiene el puesto 52. Conclusión: cuando uno no tiene idea de dónde está parado, es muy difícil que pueda concebir el esfuerzo que hay que realizar. Y que pueda entender que ese esfuerzo no se puede hacer si no hay ciertos acuerdos. Si, por ejemplo, un partido cree que no estamos tan mal y que no hay que hacer un esfuerzo tan grande, entonces creerá que él lo podrá hacer solo, como ha ocurrido muchas veces. Tanto en la época de Alfonsín, como en la época de Menem, como en la época de Kirchner, existió la idea que era un período fundacional y de que el gobierno iba a llevar adelante una transformación. Creo que ningún gobierno solo puede llevar adelante una transformación. Y lo creo en función de estos datos compartidos. No son datos compartidos en general. Y eso me parece que influye.- ¿Cuál es el aporte que pueden hacer los intelectuales para esa transformación?- En aquel libro "La Argentina del Siglo XXI" yo decía que teníamos mucha acción sin ideas. Era el vicio de los políticos. Y muchas ideas sin acción, que era el pecado de los intelectuales (...)
"Uruguay siguió la teoría del hecho consumado"
- ¿Qué piensa de la lucha anti-pastera, emprendida por Gualeguaychú?Rodolfo Terragno:- Es imposible estar en Gualeguaychú y no hablar sobre estos temas. He estado reunido con miembros de la Asamblea, informándome también. Porque no se trata solo de dar opiniones sino de oír, de recibir información. Soy un partidario del diálogo. Aun del diálogo entre partes que parecen irreconciliables. Ha sido, por otra parte, la característica de toda mi actuación pública. Ése es el fundamento mi Plan del Bicentenario, el 10-16, que ya presenté formalmente al gobierno, tras una entrevista con el ministro Florencio Randazzo. A veces cuando hablo de este plan me hacen referencia a la Moncloa. Para mí no es exactamente el modelo. Pero de cualquier forma, si uno le decía a un español, antes de la Moncloa, que la derecha iba a reconocer al partido comunista y que el partido comunista iba a reconocer a la monarquía, le decía: 'bueno, olvídalo, esto es imposible en un país donde ha habido un millón de muertos'. Por otra parte, uno no podía imaginarse la foto que vimos hace poco del líder turco dándole la mano al líder armenio. Pero estas cosas ocurrieron, contra todos los pronósticos. Entonces yo soy partidario del diálogo. Y creo que hay que buscarlo de todas maneras. Con referencia al caso concreto de las papeleras, a mí me parecen que los puntos esenciales son: 1°: la violación del Tratado del Río Uruguay; 2°: el hecho de que así no hubiera un tratado, el emplazamiento de una industria de estas características frente a un ciudad, requiere una discusión previa, algo que no hubo; 3°: creo que a partir del fallo del Tribunal de La Haya, habrá que ver como se sigue hacia adelante. A mí juicio, Uruguay siguió la teoría del hecho consumado. En tanto que el gobierno argentino se manejó de una manera ambigua, contradictoria, y esto nos ha puesto a todos en una mala situación. Lo previsible es que en Uruguay triunfe Mujica. Y Mujica ha anticipado ya voluntad de diálogo, algo que tenemos que aprovechar. Con el fallo del Tribunal de la Haya y con una actitud dialoguista, hay que buscar una solución. Por supuesto, yo no tengo la respuesta mágica. En cierto sentido la teoría del hecho consumado ha prevalecido, porque la planta está ahí. Eso hace mucho más difícil una solución satisfactoria. Pero creo que hay que buscarla. Y el reclamo de Gualeguaychú me parece legítimo. Lo que no me parece legítimo es el corte del puente. También creo que hay que hablar mucho más de esto dentro del país. En Buenos Aires, en gran parte del país, esto se ve como un problema de Gualeguaychú. Y entonces no hay una gran sensibilidad, cuando en verdad es un problema internacional serio, que nos afecta a todos. Y desde el punto de vista de la fabricación de papel, me parece que lo que debería quedar en claro es que una fábrica de pulpa, una papelera, debe instalarse a cierta distancia del centro urbano, debe cumplir determinados requisitos. Sobre aguas compartidas tiene que ser objeto de un acuerdo previo entre ambas partes. Lo que me parece que sería un error es sentar la idea de que no hay que fabricar papel o de que la tecnología libre de cloro elemental tiene que ser repudiada. Y esto porque así es como se fabrica papel en el mundo. Entonces no deberíamos nosotros, conspirar incluso contra el desarrollo de la Argentina. El problema no es la tecnología, el problema es el volumen y la localización (...) En suma, tenemos que regular: volumen de producción, localización y en el caso de aguas compartidas hay que establecer consensos. Y, por supuesto, donde hay un tratado como el Tratado del Río Uruguay hay que cumplirlo. Esos son los elementos más fuertes.- En su opinión, ¿qué debería hacer Gualeguaychú, de aquí para adelante?- No soy quién para dar consejos en este punto. Lo que doy es mi interpretación. Me parece que hay un elemento muy importante que es la consistencia que ha demostrado Gualeguaychú a lo largo de tanto tiempo. Muchos apostaron a su desgaste, tanto en el gobierno argentino como en el gobierno uruguayo, y ciertamente Botnia. Y bueno, el desgaste no se ha producido. Esto me parece que le da mucha fortaleza a Gualeguaychú. Creo que habrá que transmitir todo esto con más claridad, si es posible, a los poderes nacionales. Creo que habrá que hablar con el nuevo gobierno uruguayo. Por supuesto, todo dependerá de La Haya. Es decir, de los términos en los cual se expida La Haya. Y el punto que me parece que es más difícil es el corte, aunque entiendo su lógica. Pero ese es el punto en el cual va a ser más difícil lograr comprensión interna e internacional.
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