Rubén Knetemann: “Las acciones del hombre están matando el planeta”
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Docente, ambientalista, técnico de fútbol, Kika, como se lo conoce, vive en Larroque como predica. Lo hace en un ambiente natural consumiendo productos orgánicos que él y su familia produce. La historia de un educador ambiental que defiende y argumenta su modo de vida, y alerta sobre los alimentos que consumimos.Trabajó como docente en escuelas rurales y en zonas de Islas, donde la relación entre el "educador y el alumno es otra", especialmente por el "modo de vida que tiene la ruralidad". Detalló que la mayor parte de su labor, como profesional de la educación, la desempeñó en el delta. Vivió y trabajó como docente en Arroyo Chico, a una hora en lancha de Villa Paranacito, cerca del Río Uruguay que en la zona tiene unos diez kilómetros de ancho.Rubén Knetemann, vivió en las escuelas o bien en "casas que me prestaba la gente de la zona". Agregó que el "maestro tiene que ser del lugar", y contó que cuando "dictaba clases en Colonia Stauber, distante 20 kilómetros de Larroque, entendía que debía quedarme en el lugar, con esa sensación de que no se puede dar clases en un lugar donde no se está viviendo". Agregó que el docente se "involucra con el lugar en la medida que vive", además siempre habla de repoblar el campo", y de que "algún día vamos a volver a la tierra".Retornando al Delta, tuvo su paso por un establecimiento educativo en el Paraná, donde la "vida tiene su parte linda y fea, como en cualquier lado". Dijo que es hermosa para la familia porque los "hijos crecen rodeados de naturaleza, se puede armar una huerta, trabajar la tierra", pero la población-en el delta se fue achicando por el "concepto urbano de la vida", además de políticos que dejaron su "marca de daño, rompiendo culturas", sacando la "gente de las islas para amontonarlas en un cerro poblacional, con asistencialismo que les hizo perder, a esa gente, la cultura del trabajo en las islas". Recordó que tiempos pasados, en los que "había que andar a remo, sin canales que unieran arroyos, nacieron clubes, se crearon bibliotecas y la gente se quedaba en las islas", sin embargo y curiosamente, cuando comenzaron a "funcionar las lanchas rápidas, a contar con energía eléctrica, la gente comenzó a emigrar a las ciudades y las escuelas a quedarse sin alumnos".También incidió, en este éxodo, las crecientes que suelen extenderse en el tiempo. Recordó que en la del 98, junto a su familia, estuvo "diez meses sin pisar tierra".Destacó que, tiempo atrás, las grandes crecientes se daban cada diez o más años, salvo algún repunte, pero gracias al "desmonte, las grandes represas de Brasil, la de Iguazú, alteraron lo que es un gran humedal". Acotó que lo que en otro lugar se vería como "una locura, no lo queremos ver".Es más, recuerda, en un momento "peleamos porque querían meter un basural en la zona de Paranacito, con residuos de Buenos Aires".Dijo que "sintió el apriete de anteriores gestiones de gobierno en Villa Paranacito", a los que calificó como de "un sistema feudal, prebendario", que pensaba se daba en "algunas provincias", sin embargo lo "tuvimos aquí cerca en el sur entrerriano". Dijo que pelear con funcionarios como Eduardo Melchiori Abelardo Pacayut no "fue fácil", máxime cuando se lo hacía en la "soledad absoluta". El medio ambienteDijo que cuando no trabaja como docente en el aula, labura como "educador ambiental", por lo que su rol no cambia.Es consciente de que- en materia ambiental- dice "cosas muy fuertes", pero el "problema no son las palabras, el problema son las acciones que están matando el planeta", que "solo por desvaríos no queremos ver", un poco por "conveniencia o por haber cambiado los sentidos de vida".Comentó que la lucha es desigual, destacando que "enfrentamos a gigantes que se nos han apoderado de la tierra, el agua, y las riquezas que nos provee la naturaleza". Agregó que estas acciones "nos han robado los sentidos de la vida. Como humanidad no tenemos más que el destino del éxito y el tener. A costa de eso no existen límites". Expresó que se puede ser "muy espiritual en la iglesia" y después, citó a modo de ejemplo, "tratar mal a un obrero, o hablar de ética en política y ser corrupto".Denunció que en el país se está consumiendo "basura", como dice un amigo, "tomamos pintura".Advirtió que "hasta que no volvamos a consumir productos de cercanía, que sepamos que estamos comiendo, vamos a seguir mal".Destacó que la papa desde que se la planta, cosecha y llega al consumidor, recibe "cuarenta compuestos tóxicos", y ni hablar del "pollo, la carne vacuna que llega de engordes a corral".El educador ambiental, como el mismo se define, tiene su propia huerta al frente de su casa en Larroque, lugar en donde hace un "poco de horticultura", además de contar con árboles frutales, muchos de los cuales fueron traídos de la isla. Construyó un pequeño invernáculo, y fabrica, desde hace un par de años, su propia cerveza".Por último, indicó que las posibilidades de seguir viviendo en grandes urbes es cada vez más compleja, porque las "ciudades explotan por la cantidad de basura, cloacas que no dan abasto, servicios que no llegan"
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