Sábado Santo: un día para rezar el Via Crucis
Dice Pilatos a los judíos: Aquí tenéis a vuestro Rey. Ellos gritaron: ¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!. Les dice Pilatos: ¿A vuestro Rey voy a crucificar? Replicaron los sacerdotes: No tenemos más rey que el César. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.
Por Verónica Toller
Tomaron, pues, a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y allí lo crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio”.
Representar el Via Crucis o camino de la cruz es una de las formas de oración y de acerca miento a la pasión de Jesús más antiguas. El pueblo cristiano no solamente mira el espectáculo sino que se introduce en él, va tomando posiciones y se pregunta: ¿me he lavado las manos como Pilatos? ¿He dejado solo al políticamente incorrecto, como hicieron los judíos con Jesús? ¿Lo negué como Pedro, pese a que antes le había jurado fidelidad eterna? ¿Me escondí con miedo cuando había que jugarse? ¿Lo escupí –en la cara de tantos hombres y mujeres a los que abandoné o por los que no hice nada- como hicieron los soldados, los integrantes del pueblo que se divertían con la caída del nazareno?
Realizar el Via Crucis es ir tomando posiciones. Es encarnarse en esa historia y traerla a nuestra historia actual. Es mirarse allí como en un espejo.
Y es mirar a Jesús. Contemplar el momento de mayor entrega de su Amor, o de mayor amor en su entrega. Ver su sufrimiento, la fortaleza de ánimo ante las burlas, sus palabras de amor a su Madre y a los amigos que lo ayudan –el Cireneo, las mujeres de Jerusalén, la Verónica-. Es admirar a Juan al pie de la cruz y a José de Arimatea cuando desafía a los poderosos de su tiempo y ofrece igual una sepultura a Cristo.
Realizar el camino de la cruz es pensar en nuestras cruces cotidianas. En el dolor del mundo. En el dolor de nuestra Patria, en nuestras enfermedades, en los que traicionan –y en cuando nosotros traicionamos-; en los que mienten para inculpar –y en cuando nosotros mentimos-; en la Verdad que cae cuesta abajo –y en cada vez que nosotros no hacemos nada por poner verdad en nuestros días-.
El Via Crucis tiene 14 estaciones:
1 - Jesús es condenado a muerte (Cf Mateo 27, 24-26; Lucas 23, 24-25; Juan 19, 13-16). Escribió Juan Pablo II en 1984: “Él, que no había venido a juzgar, sino a salvar (Cf Juan 3, 17), es sometido a una injusticia y desde esa injusticia se realiza la redención. El Eterno Amor obra la salvación por medio de la injusticia del ser humano”.
2 - Jesús es cargado con la cruz (Cf Mateo 27, 31; Marcos 15, 16-20; Juan 19, 17).
3 - Jesús cae por primera vez. “La caída de Jesús expresa la verdad de la cruz. La cruz es un peso que supera las fuerzas del hombre; por eso, el ser humano cae bajo el peso de la cruz. Jesucristo, el que había resucitado a Lázaro y había dominado el viento y la tempestad, cae tres veces durante su camino para mostrarnos su amor en la debilidad, para redimirnos con lo que a nosotros más nos escandaliza de la condición humana: nuestra debilidad”.
4 - Jesús encuentra a su Madre.
5 - Jesús es ayudado por el Cireneo a llevar la cruz (Cf Marcos 15, 20-21).
6 - La Verónica enjuga el rostro de Jesús.
7 - Jesús cae por segunda vez.
8 - Jesús consuela a las santas mujeres (Cf Lucas 23, 27-31).
9 - Jesús cae por tercera vez.
10 - Jesús es despojado de sus vestiduras (Cf Mateo 27, 33-36; Marcos 15, 24; Juan 19, 23-24).
11 - Jesús es clavado en la cruz (Cf Mateo 27, 33-34; Marcos 15, 27-28; Lucas 23, 33-34; Juan 19, 18-20).
12 - Jesús muere en la cruz (Cf Mateo 27, 50; Lucas 23, 44-48; Juan 19, 28-30). “¿Podía ser de otro modo? ¿Podía Dios, digamos, justificarse ante la historia del hombre, tan llena de sufrimientos, de otro modo que no fuera poniendo en el centro de esa misma historia la misma Cruz de Cristo? Evidentemente, una respuesta podría ser que Dios no tiene necesidad de justificarse ante el hombre: es suficiente con que sea todopoderoso; desde esa perspectiva, todo lo que hace o permite debe ser aceptado. Esta es la postura del bíblico Job. Pero Dios, que además de ser Omnipotencia, es Sabiduría y -repitámoslo una vez más- Amor, desea, por así decirlo, justificarse ante la historia del hombre. No es el Absoluto que está fuera del mundo y al que, por tanto, le es indiferente el sufrimiento humano. Es el Emmanuel, el Dios-con-nosotros, un Dios que comparte la suerte del hombre y participa de su destino” (Juan Pablo II, Cruzando el Umbral de la Esperanza, cap. 10).
13 - Jesús es bajado de la cruz (Cf Mateo 27, 57-59; Marcos 15, 43-46; Juan 19, 34-39).
14 - Jesús es colocado en el sepulcro (Cf Mateo 27, 59-66; Marcos 15, 46-47; Lucas 23, 50-54; Juan 19, 40-42).
Pero el sepulcro no es el final.
Hoy en día, muchos rezan la decimoquinta estación: Jesús ha resucitado.
Oración para el Via Crucis de Teresa de Calcuta
Señor, ayúdanos para que aprendamos a aguantar las penas y las fatigas, las torturas de la vida diaria; que tu muerte y ascensión nos levante, para que lleguemos a una más grande y creativa abundancia de vida. Tú que has tomado con paciencia y humildad la profundidad de la vida humana, igual que las penas y sufrimientos de tu cruz, ayúdanos para que aceptemos el dolor y las dificultades que nos trae cada nuevo día y que crezcamos como personas y lleguemos a ser más semejantes a ti.
Haznos capaces de permanecer con paciencia y ánimo, y fortalece nuestra confianza en tu ayuda. Déjanos comprender que sólo podemos alcanzar una vida plena si morimos poco a poco a nosotros mismos y a nuestros deseos egoístas. Pues sólo si morimos contigo, podemos resucitar contigo. Amén.
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