Samuel y Cristina recorren el continente en bicicleta y pasaron por Gualeguaychú
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Hace tres meses salieron desde Ciudad del Este, Paraguay. Llegaron a la ciudad para conocer el Carnaval del País y duermen en un hostel a cambio de trabajos en el lugar. "La ruta es como la vida: encuentras subidas, bajadas, viento en contra y días de sol", expresaron. Luciano Peralta La idea, más o menos difusa, de terminar las obligaciones, ya sean académicas, laborales o de cualquier tipo, y dedicarse a viajar por el mundo, es compartida por muchos jóvenes. Si bien la inmensa mayoría se da el gusto del "viajecito" solamente en vacaciones, para aferrarse a la estabilidad que da lo conocido durante el año, son miles los peregrinos que hacen del viajar un estilo de vida.Así es Cristina, una granadina de 26 años que después de obtener su título de Trabajadora Social viajó a Perú para especializarse hace poco más de dos años. "Realicé un Master de Cooperación Internacional y fui a hacer mi práctica a Cuzco, donde lo conocí a Samuel, en un taller de teatro", contó a ElDía.Junto a su pareja, un psicólogo peruano recién recibido de 27 años, decidieron "salir a conocer nuevos horizontes, sin ataduras ni tiempos preestablecidos"."La idea principal era recorrer Latinoamérica en una furgoneta que íbamos a comprar en Brasil. Pero como no somos residentes en el país, se nos complicó la compra. Por eso, una vez que cruzamos a Ciudad del Este, decidimos cambiar la furgoneta por un par de bicicletas", contó Samuel.Antes, hicieron un curso intensivo para prepararse, ya que nunca habían pedaleado semejante cantidad de kilómetros. Hace unos días, cuando estaban en Paraná, y ya habían pasado por diferentes pueblos de Misiones y Corrientes, una mala noticia los direccionó hacia Gualeguaychú: "Me avisaron que iba a dejar de percibir una ayuda económica desde España y se nos cayó el mundo. Nos replanteamos el viaje, si continuar o no, y hasta la relación discutimos... no fue nada fácil. Pero sabíamos que empezaba la temporada de verano en Gualeguaychú, los carnavales y eso... y bueno, nos vinimos para acá para juntar un poco de dinero", relató Cristina con una particular tonada andaluza.Ya en la ciudad, se encontraron con la hospitalidad del psicólogo Marcelo Salzman, quien les dio alojamiento a cambio de "colaborar" con los quehaceres de su hostel. "Nos sorprende la cantidad de gente que nos ha ayudado en el camino, y Marcelo es uno de ellos. La ciudad, en general, nos ha tratado muy bien, es más tranquila de lo que nos habían dicho y eso nos gusta", agregó el joven cuzqueño.Pasó bastante tiempo de ese 28 de octubre, cuando partieron desde Paraguay hacia el sur del continente. Sobre las peripecias del camino, Samuel rescató la hospitalidad de la gente. "En Goya, Corrientes, conocimos a una mujer en la calle que nos preguntó de dónde éramos e inmediatamente, sin conocernos, nos invitó a almorzar en su casa: pasamos seis días con ella y su marido, como si fuéramos de la familia"."Lo bueno de no tener ataduras -continuó su novia- es que el camino en sí mismo termina siendo nuestra casa. La ruta es como la vida, allí encuentras subidas, bajadas, viento en contra y días de sol, como en la vida, en tu día a día. Hay momentos en que no tenemos ganas de pedalear, que nos cuesta volver a empezar cada vez, pero sacamos fuerzas y volvemos a hacerlo, y otra vez conocemos personas increíbles que se transforman en nuestros amigos"."Para conocer nuevos lugares no es necesario esperar el momento justo o que se den un montón de circunstancias, lo principal es planificar, organizarse bien y, sobre todo, decidirse y salir; el resto viene solo", finalizó Samuel.
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