Como una cuña entre Capital, Córdoba y las primarias, los santafesinos se aprestan a emitir otro mensaje. Los dos oficialismos en riesgo: socialistas y kirchneristas ponen muchas cosas en juego.Por Jorge Barroetaveña El socialismo se juega la vida en Santa Fe. Después de 4 años de gobierno, a la postre la única experiencia socialista administrando una provincia grande de la Argentina, Hermes Binner apuesta a un pleno y arriesga su futuro político. A esta altura, igual hay que decirlo, y más allá del resultado, el socialismo ha demostrado que puede gobernar.Una vieja deuda pendiente que arrastraban generaciones de socialistas que empezaron a saldar en Rosario y luego trasladaron a Santa Fe. Binner, como otros mandatarios, tuvo que atravesar momentos difíciles como el conflicto del campo en 2008, en una provincia cruzada por la producción agropecuaria. Con perfil bajo, a veces exagerado, sorteó la oposición peronista y salió indemne de su relación con la Casa Rosada. No fue un opositor acérrimo pero tampoco un delegado del gobierno nacional. Santa Fe creció, no al ritmo nacional como dijo la Presidenta, pero nadie podrá negarle a la actual gestión prolijidad para el manejo de los recursos públicos y una administración eficiente de la renta provincial. Una victoria de Bonfatti, su delfín, será para Binner un espaldarazo definitivo a la escena nacional, que lo convertirá en una referencia ineludible para el 23 de octubre.Para Agustín Rossi, espadachín oficial en el Congreso de la Nación, la elección tampoco pinta tan mala. En 2009, el kirchnerismo sacó, en promedio, menos del 10% en la Provincia de Santa Fe. El propio Rossi experimentó en carne propia el enojo social por su postura en el conflicto del campo que se tradujo en escraches y agresiones repudiables. Hoy, si las encuestas aciertan (después de Buenos Aires hay que dudarlo) pelea mano a mano la gobernación o, en el peor de los casos, podría salir tercero con un caudal de votos infinitamente superior a 2009. Rossi viene, políticamente en Santa Fe, desde la muerte. Tuvo que remar además contra la propia Casa Rosada. Quizás aprendiendo de lo que sucedió en Capital, a último momento la Presidenta aceptó ponerle el hombro a la campaña santafesina. Primero recibió a los intendentes kirchneristas y después viajó en persona para inaugurar una planta privada de biodiesel. Allí ninguneó con altura a Hermes Binner, aunque una referencia al crecimiento provincial, por debajo de la media nacional, hizo estallar un puñado de horas después al santafesino. Lo que más debe preocuparle a Rossi es salir tercero después de Del Sel. Sería una cachetada para el despliegue que ha hecho el gobierno nacional y una condena para su futuro político: en el kirchnerismo se sabe que sólo el desierto le aguarda a los perdedores. Aunque Filmus llegó primero.Del Sel es la expresión, enésima en estos años de democracia, de descontento con la política tradicional. Su inmensa popularidad, que deviene de los MIDACHI, le sirvió para no recorrer el camino que todo político debe transitar, que es el de su instalación en la opinión pública. Seamos sinceros: Del Sel sólo dice vaguedades en sus discursos, pero apela al corazón de los santafesinos. Y no hay porqué condenarlo por eso. Nadie sabe cómo será su futuro. Reutemann transitó ese camino y mal no le fue. 'Palito' Ortega llegó a ser gobernador de Tucumán y Daniel Scioli, desde su lancha, supo construir un imperio de poder en el territorio bonaerense. Las últimas caravanas de Del Sel en los barrios más populares de Rosario y Santa Fe predicen que algo grueso podría pasar hoy. Aún así, prescindiendo del resultado final, el MIDACHI que pelea por PRO ya ganó. Desde la nada a lo poco o mucho que recoja a partir de las ocho de la mañana de hoy. Contribuirá además al proyecto presidencial de su jefe, en la Ciudad de Buenos Aires. Pero el fenómeno de Del Sel, debería provocar nuevamente la reflexión de los partidos tradicionales. Con un cuchillo y un tenedor, y su popularidad a cuestas, ha puesto en jaque a políticos tradicionales. ¿No es un mensaje?
****La Casa Rosada se apresta para afrontar como mejor pueda estas semanas difíciles. Ahora, la meta es el 14 de agosto y el ansiado y anhelado 40%. En el peor de los escenarios, con derrotas en Santa Fe, otra vez Capital y Córdoba, la sensación podría revertirse con las internas abiertas. Si ese día, Cristina Kirchner le saca una buena ventaja a sus perseguidores y queda cerca de los 40 puntos, será más fácil revertir la sensación de vulnerabilidad que amaga con instalarse desde la adversidad de los últimos resultados. Pese a esto, la imagen presidencial sigue siendo alta en distritos en los que, a priori, el oficialismo podría sufrir una derrota. Y se mantiene firme el bastión de la Provincia de Buenos Aires, clave siempre para inclinar la balanza hacia uno u otro lado.A la cita final parecen haber llegado un par de candidatos. Alfonsín y Duhalde podrían ser los mejores posicionados, aunque una victoria de Bonfatti en Santa Fe podría catapultar definitivamente a Binner al orden nacional. Todos ellos se ilusionan con que, el que salga segundo en agosto, podría beneficiarse con el 'efecto aspiradora'. Los más atrevidos hablan de un 'acuerdo' entre los opositores ante esa circunstancia aunque Alfonsín puso especial esmero en desmentirlo. Los candidatos, y están bien que así sea, son hojas que se mecen en el viento a merced del voto de la gente. Capital fue una luz amarilla para el gobierno. Santa Fe será otra y Córdoba también. ¿El final? Sólo lo sabe la gente y está bien que así sea.