Sarmiento, polémico y contradictorio
Sarmiento se comprometió con su tiempo: habló, escribió, combatió, enseñó, polemizó, gobernó, amó y despreció con pasión, sin menoscabo de su inteligencia y razón. Por Mario GercekEspecial para Enfoque Educativo En 1943 veintiún países establecieron -a propuesta del ministro de educación de Nicaragua- el "Día del Maestro Panamericano" durante la Primera Conferencia de Ministros Directores de Educación de las Repúblicas Americanas reunida en Panamá. La fecha seleccionada fue el 11 de septiembre, en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento (1). En 1964 la Conferencia Mundial de Educación lo designó Maestro Universal de La Educación Popular. En 1975 Armando Alonso Piñeiro observó un "gigantesco busto de Sarmiento" en la Universidad de Texas (Austin). Este historiador afirmó en ese momento : "Los norteamericanos creen que es la única figura capaz de representar la vitalidad de la cultura latinoamericana" (2). El 7 de septiembre de 1976 el gobernador de Massachussets estableció el 11 de septiembre como Día del Maestro en ese estado norteamericano. En Massachussets Sarmiento conoció al prestigioso educador Horace Mann y a su esposa. Ambos ejercieron una influencia decisiva en sus concepciones sobre educación.Su existencia (1811-1888) se desarrolló de manera contemporánea con los procesos que caracterizaron la historia de nuestro país, desde la Revolución de Mayo hasta la consolidación de la unidad nacional y su inserción en el mercado internacional como proveedor de materias primas y receptor de los primeros contingentes inmigratorios en la década de 1880. Pero esa existencia no transcurrió al margen de estos procesos. Sarmiento se comprometió con su tiempo: habló, escribió, combatió, enseñó, polemizó, gobernó, amó y despreció con pasión, sin menoscabo de su inteligencia y razón. Fue maestro, minero, periodista, escritor, viajero, boletinero del Ejército Grande que derrocó a Rosas bajo el mando de Justo José de Urquiza, concejal en la ciudad de Buenos Aires, legislador provincial y nacional, gobernador de San Juan, su provincia natal, diplomático, jefe del Departamento de Escuelas del Estado de Buenos Aires, presidente de la nación, director general de escuelas de la provincia de Buenos Aires, ministro del gabinete nacional, superintendente de escuelas y presidente del Consejo Nacional de Educación. Sin pausa pero con prisa desplegó magistralmente sus dotes de periodista y escritor. Sus largos años fuera de la Argentina, sobre todo en Chile, lo acreditan junto a San Martín -contemporáneo- y Alberdi -coetáneo- para ejemplificar la constante histórica del exilio, una de las tres que se mencionaron en el primer artículo de esta serie. De todos los oficios, empleos y profesiones que desempeñó prefirió el de maestro.Es una de las figuras más polémicas de nuestro pasado. Generó, y genera aún hoy, adhesiones y rechazos; pero lo que no se puede negar es la profunda huella que su obra dejó. Estaba convencido del papel insoslayable de la educación primaria y gratuita en el desarrollo integral de la república, e influyó de manera decisiva -a través de Alberdi- en la Constitución de 1853; fue uno de los protagonistas del Proyecto del 80.Su dimensión humana se trasunta en sus propias contradicciones: opuso a la barbarie de las zonas rurales la civilización de las ciudades, influenciado por la cultura de Europa occidental y el empuje de la economía de EE.UU.; pero soñó con sembrar de escuelas primarias los mismos ámbitos del interior cuya barbarie condenó. Abogó por la absorción de inmigrantes con oficios y profesiones calificados, pero no dudó en llevar los beneficios de la educación a los hijos de tantos europeos llegados a estas tierras sin calificaciones laborales de excepción, después de sufrir hambrunas y guerras en sus países de origen (En este orden dio el ejemplo llevando a cabo una experiencia de colonización en Chivilcoy). Durante uno de sus exilios en Chile apoyó las pretensiones de ese país sobre el Estrecho de Magallanes, pero años después propuso someter al estudio de una comisión argentino-chilena de científicos las áreas limítrofes en litigio. Su fama de polemista no disminuyó con la edad. La polémica que sostuvo con Alberdi en tierras chilenas (1852) es quizás la más conocida. Se trata de un intercambio de acusaciones y reproches vinculados con diversos asuntos, entre ellos la adhesión de Alberdi a la causa de Urquiza y el rechazo que Sarmiento hacía de don Justo por entender que se transformaría en un caudillo tan autoritario como Rosas. Las misivas escritas por Alberdi se conocen como "Cartas Quillotanas" y las enviadas a éste por Sarmiento como "Las ciento y una". Pigna sintetizó los rasgos de esta personalidad polifácética con estas palabras: "(...) Pero Domingo Faustino Sarmiento fue ante todo un hombre de su tiempo, marcado por profundas contradicciones y una enorme sinceridad que lo llevaban a ser siempre políticamente incorrecto. Sostuvo apasionadas polémicas con Mitre, Alberdi y Echeverría, insultó a la oligarquía de su tiempo, pidió no ahorrar sangre de los mismos gauchos a los que llamaba "el soberano" y se obsesionaba en educar. Todo eso, no parte de eso, fue Sarmiento. (3)". La magnitud de su obra escrita se evidencia en los 52 tomos editados en 1884 por iniciativa del presidente Julio A. Roca y mediante una ley nacional. Don Domingo Faustino llegó a conocer la publicación de los 6 primeros tomos.Lo esencial de su existencia está contenido en estos párrafos de lo que Félix Weinberg denominó "su luminoso testamento", escritos después de terminar su mandato presidencial: "(...) Partiendo de la falda de los Andes nevados, he recorrido la tierra y remontado todas las pequeñas eminencias de mi patria. Al descender de la más elevada, me encuentra el viajero sin los haces de los lictores, amasando el barro informe con que Dios hizo el mundo, para labrar la tierra y mi última morada No se describirá con menos frases vida más larga. He vivido en todas partes de la vida íntima de mis huéspedes, y no como viajero. Dejo tras de mí un rastro duradero en la educación y columnas miliarias en los edificios de escuelas que marcarán en la América la ruta que seguí. Hice la guerra a la barbarie y a los caudillos en nombre de ideas sanas y realizables, y llamado a ejecutar mi programa, si bien todas las promesas no fueron cumplidas, avancé sobre todo lo conocido hasta aquí en esta parte de América. He labrado, pues, como las orugas, mi tosco capullo, y sin llegar a ser mariposa, me sobreviviré para ver que el hilo que depuse será utilizado por los que me sigan. Nacido en la pobreza, criado en la lucha por la existencia, más que mía de mi patria, endurecido a todas las fatigas, acometiendo todo lo que creí bueno, y coronada la perseverancia con el éxito, he recorrido todo lo que hay de civilizado en la tierra y toda la escala de los valores humanos, en la modesta proporción de mi país y de mi tiempo; he sido favorecido por la estimación de muchos de los grandes hombres de la tierra; he escrito algo bueno entre mucho indiferente; y sin fortuna, que nunca codicié, porque era bagaje pesado para la incesante lucha, espero una buena muerte corporal, pues la que me vendrá en política es la que yo esperé y no deseé mejor que dejar por herencia millares de ciudadanos en mejores condiciones intelectuales, tranquilizado nuestro país, aseguradas las instituciones y surcado de vías férreas el territorio, como cubiertos de vapores los ríos, para que todos participen del festín de la vida, de que yo gocé sólo a hurtadillas... (4)". Citas.DELUCCHI, Francisco, Sarmiento: 1811- 1961, Bs., As., Textos, 1961, P. 9.ALONSO PIÑEIRO, Armando, La vigencia de Sarmiento, diario La Opinión Cultural, Buenos Aires, domingo 7 de agosto de 1977, pp. 4-5.PIGNA, Felipe, Los mitos de la historia Argentina 2, 1ª. ed., Bs., As, Planeta, 2005, p. 265.WEINBERG, Félix, Vida e imagen de Sarmiento, Bs. As., Eudeba, 1960, pp. 54-55 y 58.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

