Scioli, el mal querido, y la pelea desatada por la sucesión presidencial
Pasado el vendaval YPF las aguas de la política vernácula tienden a volver a su curso normal. Y la pelea en la Provincia de Buenos Aires, la eterna, se precipitó antes de lo previsto, o en todo caso cuando la Presidenta así lo dispuso. El viernes, ¿nació la madre de todas las batallas?Por Jorge Barroetaveña El mismo día que Cristina Fernández de Kirchner eligió a Gabriel Mariotto para acompañar a Daniel Scioli en la vicegobernación bonaerense desnudó su idea: poner a alguien extremadamente leal que, llegado el caso, estuviera dispuesto a inmolarse en una pelea de final incierto. Durante todos estos años, el kirchnerismo tuvo en Scioli a un aliado fuerte pero incómodo. Su pasado menemista y su estilo laxo para comunicar y enfrentarse con los enemigos de turno que el el gobierno nacional iba eligiendo, lo fueron separando aún más del ideario kirchnerista. Nunca, en todos esto años, hay que ser justos. Scioli tuvo un mínimo gesto de rebeldía. Aguantó estoico las ninguneadas de La Cámpora y los sectores más duros del gobierno, y aportó lo que cuenta para mantener un proyecto de poder que son los votos. Junto con la Presidenta obtuvo los más altos porcentajes en las elecciones del año pasado y su imagen vuela cada vez que se la encuesta. Claro, el detalle es que ocupa el sillón más importante del poder, después del presidencial.La convivencia con Mariotto estuvo signada por los desencuentros desde el principio. El mismo día de la asunción la pelea de jóvenes de La Cámpora con la policía costó el primer roce. Después, los gestos de enfriamiento se fueron agudizando, tanto como los cuestionamientos kirchneristas a algunas políticas bonaerenses. El Pedido de Informes para saber qué relación tiene la provincia con la empresa Boldt de juegos fue otro capítulo de la disputa, hasta que el domingo pasado nació "La Juan Domingo". Es una agrupación de no tan jóvenes sciolistas que alumbró para detener el avance de La Cámpora en la provincia. El propio gobernador bajó la orden a su gabinete en pleno para que asistieran a su lanzamiento, en clara señal de hostilidad hacia los avances de Mariotto. ¿Habrá sido este el gesto que terminó de convencer a la Presidenta para ponerle límites a Scioli y hacerle saber que su proyecto para el 2015 deberá someterse a los deseos y a las conveniencias de la Casa Rosada? Para el manual sciolista de gestos de sumisión, lo que ocurrió en Los Toldos se pareció demasiado a una revolución francesa. Y la respuesta llegó el jueves, desde la legislatura que comanda Mariotto. El mismo día que aprobaron el impuestazo bonaerense, colaron otro pedido de informes, esta vez sobre la distribución de la publicidad oficial. Fue la gota que hizo desbordar el vaso. Scioli, que aún no ha dicho una palabra, mandó a sus ministros a contestar. "Hay un límite", habría dicho en la intimidad.Pero la situación de la Provincia de Buenos Aires es tan endeble como la del estado nacional. Con un agujero de 10.000 millones de pesos, tampoco tiene tanto margen para hacerse el duro. Si la Nación 'corta' los grifos, el vasto territorio que aportó todo para la reelección de Cristina podría convertirse en un polvorín. Y Scioli lo sabe. La consigna nacional es debilitarlo pero no matarlo. ¿Porqué? Sencillamente porque aún lo necesitan. ¿Hasta dónde van a llegar?Sólo la Presidenta y el propio ex motonauta lo saben. Si no se avanza en el proyecto de reforma constitucional, la sucesión quedará abierta y con ella nacerá el imperio de crear un futuro presidente confiable, que garantice la continuidad del proyecto nacional y popular. Y es un secreto a voces que Scioli no reúne esa condición.La aprobación del Pedido de Informes sobre la publicidad oficial, esconde un doble sentido. No sólo busca irritar al gobernador sino desnudar su juego. Enfrentado con el Grupo Clarín, el kirchnerismo pretende dejar al descubierto, hacia donde van las cifras millonarias que se invierten desde La Plata en publicidad. Hace poco, un informe privado reveló una rareza: mientras el gobierno nacional enfoca su pauta en los medios amigos y estatales, Scioli y Macri la derivan hacia los grandes multimedios, especialmente Clarín. Igual, en este juego de toma y daca, no es el único gobernador que lo hace. José Luis Gioja, ahora ultrakirchnerista, saludó sonriente y puso unos cuantos dinerillos, para bancar la transmisión del programa "Cantando por Bailar" que produce Ideas del Sur pero emite Canal 13. Lo mismo ocurrió en Chaco, Salta, Tucumán y ahora, en la Tigre de Massa, otro que no oculta sus aspiraciones que llegar lejos en Buenos Aires. En las autopistas bonaerenses, el que predomina es el color naranja, que resalta el accionar de Scioli y deja en segundo plano al gobierno nacional.En el fondo, estas cuestiones, parecen minucias a la hora de evaluar lo que realmente está en juego. Haga lo que haga, y de hecho lo hizo todos estos años, Scioli no es un tipo confiable para el paladar negro del kirchnerismo. Recelan de su origen, de sus formas de hacer política, les irrita su moderación y no digieren esa aura farandulesca que lo acompaña, quizás atribuible a las reminiscencias del menemismo. Olvidan el grupete de actores y actrices de los que se rodea la Presidenta en cada acto que se hace en la Casa Rosada. Pero Scioli no es Cristina obviamente. Hasta dónde llegará la puja, sólo los protagonistas lo saben. Para el 2015 aún falta, con una escala electoral en el medio, aunque la economía sigue emperrada en enviar señales de alerta, que el gobierno atribuye sólo al 'vendaval' que llega desde afuera. Las cartas están sobra la mesa: la pelea por la sucesión se puso en marcha.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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