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"Se del beso que se compra": ¿Qué sentimientos ponen en juego los varones que pagan por sexo?

Santiago Morcillo es coautor y director de la novedosa publicación que propone abandonar la lógica excluyente y estereotipada de amigo-enemigo, en la que se paran ciertos feminismos cuando el foco se pone en el varón que paga por sexo, e indagar en los deseos, frustraciones y fantasías que entran en juego para los clientes.

Luciano Peralta

“El libro aborda varios puntos, desde las construcciones estereotipadas de los ‘puteros’ y sus reacciones frente al avance feminista, hasta las complejidades de los aprendizajes, las tensiones entre la performance y la salud sexual, y las distintas emociones inesperadas (miedo, vergüenza, enamoramientos) que emergen en los relatos de sus experiencias”, adelantan les autores de “Se del baso que se compra. Masculinidades, sexualidades y emociones en la experiencia de varones que pagan por sexo”, recientemente publicado por la editorial Teseo.

Santiago Morcillo es sociólogo e investigador del Conicet, y coautor, junto a Estefanía Martynowskij y Matías de Stéfano Barbero, de este libro, que, entre otros tópicos, propone “explorar los relatos, los lenguajes y las lógicas que operan entre ‘gateros’, como se autodenominan algunos de estos varones.

Fue la investigación para su tesis doctoral (es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires) la que introdujo a Morcillo en el universo mercado del sexo pago, en esa ocasión desde la perspectiva de las trabajadoras sexuales. Pero, en ese derrotero, comenzó a darse cuenta que había poca investigación empírica sobre los varones que pagan por sexo. “Eso fue lo que abrió la posibilidad de encarar este proyecto y fue el trabajo de campo el que nos fue mostrando los matices y la complejización que intentamos introducir en el texto”, contó para esta nota.

“Poner esto en un libro nos ayuda a poder pensar el tema públicamente, a hablarlo colectivamente. Pero desde una lógica que no sea la de aniquilación del otro, del otro como enemigo. Nuestra intención es tratar de recuperar las experiencias de esos varones, sin victimizarlos, pero tratando también de escapar de la clave de lectura víctima-victimario, un discurso que se ha masificado mucho y que tiene mucha pregnancia en algunos sectores de los feminismos”, indicó el docente sobre el libro que recoge una veintena de entrevistas de varones que pagan por sexo y una etnografía virtual en dos foros on line en los que interactúan estos varones.

“Nos parece que la de amigo-enemigo es una clave muy poco fructífera para producir una transformación. A lo sumo, lo que va a producir es un antagonismo y, de lo que sale de esta investigación, podemos decir que las interpelaciones feministas hacia ellos, como clientes del comercio sexual, tienen un efecto nulo prácticamente”.

-¿Qué clave de lectura propone el libro?

-Pensar y complejizar esas experiencias tomando en cuenta las narrativas y las propias tensiones que aparecen en esas experiencias. Eso es lo que a nosotros nos parece más interesante. Y, en definitiva, si hay algún interés en construir una interpelación a esos varones, es más interesante hacerlo desde el diálogo y explorando las tensiones que aparecen en los relatos. Las frustraciones, el desafío de sus masculinidades, el sentirse puestos a prueba.

-¿Cuáles son esas frustraciones?

-Existe una idea del rito de la iniciación sexual como si fuera el pasaje a la masculinidad y, en realidad, lo que encontramos son relatos que dan cuenta de un evento entre frustrante y traumático, no de una experiencia gozosa. Al contrario, es un lugar de desconocimiento, de temores, de vergüenzas. También, en algunos feminismos hay una idea de que el proxeneta es el socio del cliente y que entre ambos se apropian de la sexualidad de las mujeres en una suerte de pacto entre machos. Y, en realidad, eso no funciona así, por lo menos en la experiencia de los clientes. De hecho, consideran a los proxenetas sus enemigos, los odian, por múltiples razones. Una de ellas es que son varones y porque, en esa relación de poder, queda reducida su propia masculinidad. Tampoco queremos decir que odien a los proxenetas porque quieran ‘liberar’ a las mujeres que hacen trabajo sexual. Aunque esa fantasía está y juega su rol: la aparición del proxeneta rompe con la ilusión de que la relación no es paga, de que hay algo del deseo mutuo que está puesto en juego.

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Santiago Morcillo es docente, sociólogo, investigador del Conicet
Santiago Morcillo es docente, sociólogo, investigador del Conicet

-¿Pasa mucho que los clientes se enamoren?

- El trabajo con los foros nos permitió conocer cerca de 15 años de experiencias, no todas obviamente. El tema del enamoramiento es algo que aparece casi sistemáticamente, es un evento muy recurrente. A tal punto que cunado ponían en común los temas más repetidos en el foro aparecían primero los enamorados. Es que la lógica del mercado sexual vende esa ilusión, entonces se produce la frustración cuando algo falla y se rompe tal ilusión.

-Es sugestivo el beso, en el título, ¿sigue existiendo esa idea de que a la prostituta no se la besa?

-Sí, existe ese imaginario. O estaba presente y empieza a estarlo cada vez menos. Cuando entrevisté a mujeres que se dedicaban al comercio sexual, en general, lo primero que decían era que había prácticas que ellas reservaban para sus vínculos afectivos y que nunca lo harían con los clientes. Una de ellas era el beso, otra el sexo anal, por ejemplo. Pero después, indagando, ese límite se corre. En el relato de los varones que pagan por sexo aparece justamente eso, la idea de una relación romántica, en la que el beso tiene que formar parte del encuentro. Muchos buscan una performance afectiva que genere esa ilusión de deseo mutuo. En un principio habíamos pensado en “Gateros”, como título, pero la editorial, con buen tino, nos dijo que era algo críptico, que no lo iba a entender todo el mundo. Entonces nos pusimos a buscar alguna referencia cultural masiva y así llegamos al tango Las Cuarenta. Fíjate que nos tuvimos que ir cien años atrás para encontrar esta referencia. Lo que nos da la pauta de que el varón que paga por sexo ha sido un sujeto oculto, no nombrado, no tematizado.

-Al menos, desde esta perspectiva…

- Lo que nosotros decimos es que toda la experiencia de sexo pago no produce linealmente la reafirmación de la masculinidad. Produce afirmaciones en algunos sentidos y en otros no. Para algunos sujetos sí y para otros no tanto. En general, hay un interrogante sobre el propio deseo sexual cuando hay un mandato de performance sexual. Pero en la lógica que ubica a esos varones en el lugar del perverso, no podemos pensar nada desde el deseo.

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