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Secundarios locales admiten que les cuesta comprender lo que leen

La mayoría de ellos muestra extrañeza ante los textos escritos de las distintas disciplinas, según una encuesta confeccionada por la licenciada María Eugenia Duarte.

Por Marcelo Lorenzo

¿Cómo se puede acceder a la cultura científica, que la escuela secundaria en teoría tiene la misión de trasmitir, si los alumnos no pueden descodificar los textos escritos que dan cuenta de esa cultura?

O en otros términos: ¿Se pueden asimilar los contenidos de la ciencia sin tener la capacidad de desentrañar los signos lingüísticos a través de los cuales se expresan? ¿Es posible aprender geografía, filosofía, historia, literatura, matemática, ciencias naturales, sin compresión lectora?

Todas estas preguntas quedan flotando ante los relevamientos que muestran que los adolescentes no comprenden lo que leen, un tópico que viene de lejos y se ha convertido en uno de los grandes dilemas del sistema educativo argentino, en todos sus niveles.

El tema obsesiona a profesores y directivos, como es el caso de la licenciada María Eugenia Duarte, docente y especialista en Lengua y Educación, que acaba de realizar una encuesta entre los alumnos del nivel medio de la ciudad, preguntándoles acerca de cómo ven ellos el problema.

Los resultados del escrutinio de su autoría podrían ser considerados preocupantes si no fuera que se ha naturalizado la opinión de que los adolescentes tienen una relación enojosa con los textos que circulan en el nivel medio.

No sólo la mayoría no supo decir realmente qué entendía por comprensión textual, sino que cuando se les interrogó si comprendían lo que leían en la escuela, el 40% se abstuvo de contestar mientras que el 14% respondió que “a veces”.

Es decir un 54 % de los alumnos encuestados mostró perplejidad ante el proceso cognitivo de la comprensión lectora, que es la base del aprendizaje y la vía más segura de acceso al pensamiento abstracto, propio de la ciencia.

“Quise saber qué piensan los alumnos sobre esto, qué tan conscientes son de lo que leen y de lo que son capaces de comprender en la escuela, que como institución exige otro tipo de textos que los que circulan socialmente”, le dijo a este diario Duarte, al explicar los motivos de su investigación.

Licenciada en Lenguas Modernas y Literatura, especialista en Educación y TICs, Duarte se desempeña como rectora del Instituto Secundario “Malvina Seguí de Clavarino” y es profesora del Departamento de Letras del Instituto “Sedes Sapientiae” de Gualeguaychú.

Aunque el texto puede estar configurado en varios códigos (gestual, oral, icónico, por ejemplo), la investigación de campo que la docente llevó adelante, entre fines del año pasado y parte de este, se concentró en la lectura comprensiva de textos escritos científicos escolares, en virtud de la centralidad que ocupan en la escuela como vía de acceso al conocimiento.

De esta manera encuestó a 500 estudiantes secundarios de la ciudad, de distintos cursos (1º a 6º año) de escuelas urbanas y suburbanas, públicas y de gestión privada.

La entrevistada sostuvo que la cuestión de la comprensión lectora en los colegios se ha agudizado a partir del fenómeno de la digitalización, el lenguaje de la nueva generación, que hace de la inmediatez, el texto breve y la apelación a lo audiovisual una modalidad que pone en jaque a la tradicional lectura alfabética.

Duarte quiere tener también el punto de vista de los docentes, que se suelen quejar de que sus alumnos cada vez entienden menos, que tienen escaso poder de concentración y revelan falta de interés por la currícula escolar.

Según dijo, está procesando la respuesta de 300 de profesores de escuelas secundarias locales, a quienes se los consultó sobre qué piensan sobre el problema y qué estrategias siguen en el aula para que los textos que proponen sean significativos para los adolescentes.

QUIEREN TEXTOS BREVES

ATRACTIVOS Y CON IMÁGENES

“Que los chicos (40%) no puedan contestar si comprenden o no un texto, revela que ni siquiera están sabiendo si comprenden. Entonces, si yo como docente estoy parada frente a un grupo de alumnos que no sabe qué es comprender un texto, estoy en problemas”, reflexionó Duarte.

“Un lector comprende un texto cuando puede encontrarle un significado, cuando puede ponerlo en relación con lo que ya sabe y con lo que le interesa. Es un proceso mental complejo que va más allá de la descodificación primaria de las palabras. De hecho se puede leer fluidamente pero sin entender lo que se lee”, destacó la docente.

Ante la pregunta de cuáles eran las principales dificultades que encontraban para comprender los textos escritos, los encuestados ensayaron varias respuestas: muy extensos (23%), no me puedo concentrar leyendo (19%), no entiendo el vocabulario (12%), me aburre leer (11%), no tienen imágenes (7%) me distraigo con el celular (6%).

Duarte interpreta que estas respuestas están vinculadas a la colisión que se produce entre la cultura digital de los nuevos estudiantes y la cultura de la escuela, centrada en el libro y la palabra escrita.

Internet y las nuevas tecnologías nos están configurando a su imagen, volviéndonos más hábiles para manejar y mirar superficialmente la información pero menos capaces de concentración, contemplación y reflexión, que es lo que pide el texto escrito científico del sistema escolar.

“Todos leemos online, pero los textos allí son por lo general atomizados, son textos breves que se ajustan a la inmediatez digital. Los jóvenes están acostumbrados a la fugacidad del texto y a un contenido mínimo. Eso mínimo implica que yo no me comprometa con el texto”, reflexionó la entrevistada

Y añadió: “Como hay un contenido menor, no lo tengo que relacionar con mis saberes previos y ver de qué manera lo que dice allí me transforma. El texto breve, que además es muy icónico, es más fácil. Entonces, sentarse a trabajar en el aula con un texto más extenso del que ellos están acostumbrados a leer, es todo un desafío”.

Según Duarte, no se trata de rechazar lo digital sino de servirse de esta tecnología para que los alumnos vuelvan a reconectarse con el texto escrito más elaborado. “El uso de las TICs en la escuela es bienvenido. Pero haciendo la salvedad de que en la escuela el ejercicio sobre el texto escrito es esencial”, remarcó.

Otro aspecto de la encuesta a estudiantes locales revela el nivel de distanciamiento que tienen respecto al texto escrito y lo que él representa como reservorio de conocimientos científicos.

Preguntados sobre qué características deberían tener estos textos para comprenderlos mejor, el 37% opinó que deberían reflejar temas interesantes para ellos, el 21% que deberían ser breves, el 20% que estén redactados con palabras conocidas y el 17% pidió que tengan imágenes.

Sobre esta demanda estudiantil, la encuestadora razonó: “A esto hay que entenderlo. No se trata de darles lo que ellos leen todos los días. Eso sería traicionarlos, porque no los estaríamos academizando. La pregunta es cómo generamos interés en los conocimientos científicos. Por lo demás la tarea de la escuela es proponer situaciones de lectura más difíciles que las que los adolescentes frecuentan en la vida cotidiana”.

HAY QUE ACOMPAÑARLOS A LEER

El nivel de extrañeza ante los textos escritos se revela, además, por la respuesta de los estudiantes a la pregunta de qué estrategia docente, creen ellos, les ayudaría a comprenderlos.

Al respecto, mientras el 32% consideró que la mejor estrategia sería que el docente lea el texto en voz alta en la clase y que luego lo explique, el 29% opinó que sería bueno que se lea en grupo y que se vaya comentando oralmente.

Duarte considera que este tipo de respuesta interpela a la escuela en su conjunto. “Si los adolescentes no comprenden los textos, es una responsabilidad de ella. La escuela tiene que hacerse cargo de que los alumnos no comprenden lo que leen”, remarcó.

Al respecto, insistió en la necesidad de que los docentes, sin importar la asignatura que dicten, asuman este desafío. “El chico necesita de la compañía del docente a la hora de leer”, señaló.

Y trazó un símil: “Leer un texto es como recorrer un camino. Yo al camino lo puedo recorrer planeando, desde un avión por ejemplo, y detectar los escollos que puede presentar. O puedo recorrerlo caminando. Pero caminando implica un compromiso más cercano. Es un cuerpo a cuerpo. Con el texto pasa lo mismo. Planear un texto, verlo desde arriba, no sirve para la comprensión. El docente tiene que adentrarse en el texto y llevar al alumno de la mano en el recorrido, para ayudarlo a desentrañar su significado”.

Con respecto al desinterés por los contenidos de los saberes científicos, Duarte afirmó que “la escuela es una institución que tiene que ser generadora de interés”, al mismo tiempo que tiene que entrenar en la atención.

Sobre el particular, reflexionó: “Si yo como docente selecciono un texto para mis alumnos, es porque ese texto me ha interesado. Ahora bien, yo tengo que poder transmitirles ese interés a mis alumnos. Si el docente se apasiona por ese texto, lo va a contagiar a sus alumnos. No será así, si lo elige porque es el primer texto que encontró en el manual”.

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