NUEVA COOPERATIVA EN LA CIUDAD
Seis mujeres desempleadas se organizaron y formaron su propia empresa textil: “Soñamos poder generar trabajo”
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El último martes inauguraron su propio taller, construido con mucho esfuerzo y la ayuda de familiares en la galería de la casa de una de ellas. Hace apenas dos meses comenzaron producir y buscan consolidarse.
Luciano Peralta
Generar ingresos suficientes para vivir una vida más o menos digna. En eso andan ocupadas millones de personas que, todos los días, golpean puertas, confeccionan currículums, envían mensajes y ofrecen sus saberes por todos los medios al alcance.
No hay nada novedoso en esto. De hecho, es lógico que así sea en un país que, a pesar de los cambios de gobiernos, consolida un piso de pobreza (arriba del 40%) e indigencia (arriba del 10%) cada vez más alto. La incontrolable inflación corroe los salarios como el cáncer a los huesos y llegar a fin de mes sin acumular deudas se vuelve una tarea casi imposible para las mayorías populares.
Pero aun en el más incierto de los panoramas y a pesar del desánimo generalizado –sacudido, ocasionalmente, por la obtención del campeonato mundial de fútbol–, hay experiencias que siguen valiendo la pena. La Cooperativa Hilo Rojo es una de ellas. Conformada por seis mujeres, días atrás cortaron la cinta y esta pequeña empresa textil quedó formalmente inaugurada.
Silvia, Mariela, Estefanía, María, Melani y Maira conforman el grupo de trabajo y, en las primeras horas de la mañana del jueves, dialogaron con Ahora ElDía sobre el largo camino recorrido, el presente y los objetivos a futuro.
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“Hace muchos años trabajé en una cooperativa de construcción, me pude hacer mi casa, y desde ese momento soñé con conformar una cooperativa textil”, dice Silvia, la presidenta de Hilo Rojo y dueña de la casa donde construyeron el taller de costura.
“Somos familia y amigas, nos conocemos desde siempre y todas teníamos la misma necesidad de trabajar”, agrega quien aprendió el oficio desde muy chica, primero en el taller de la Escuela Rosa Regazzi y luego en la Técnica N°1.
“Nosotras aprendimos de ella”, dice María, su hermana, entusiasmada. Y cuenta que, en marzo, junto a Mariela, la tesorera, comenzará a capacitarse en los cursos gratuitos dictados en la Escuela Técnica N° 1. “Nos re entusiasmamos, es un trabajo que nos permite aprender mucho y nos ayuda en todos los aspectos, hasta para hacer nuestra propia ropa”, dice, entusiasmada.
El acompañamiento de otras cooperativas, como la textil “Un nuevo comienzo” y de quienes desinteresadamente pusieron a disposición tanto máquinas para comenzar a producir como tiempo de trabajo fue fundamental en este proceso. Así como el ingreso del tan vapuleado y estigmatizado programa “Potenciar Trabajo”, que cobran cinco de las seis socias de la coope.
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“Del primer cobro no vimos ni un peso, todo lo destinamos a comprar máquinas e hilos, en total fueron tres máquinas usadas las que pudimos adquirir. A eso le sumamos tres que nos prestaron, y con eso pudimos garantizar una máquina para cada una. De El nuevo comienzo nos ayudaron un montón, nos dieron hilos y una de las (máquinas) collareta para que podamos empezar, otra compañera del curso que sigo haciendo nos prestó otra, y así arrancamos, gracias a la solidaridad de mucha gente”, destaca Silvia.
Esa mucha gente involucra a sus familias, claro. Después de dedicarle buena parte de su vida a la crianza de sus tes hijos y al cuidado de la casa, Mariela se siente orgullosa de “salir a trabajar” y destaca el acompañamiento de su marido, quien se ocupó de la instalación eléctrica de la galería devenida en taller. Mientras que, entre el esposo y los hijos de Silvia levantaron paredes y techos, y colocaron las aberturas donadas por otros familiares. Así, en algunos pocos meses, la galería se transformó en el primer taller de Hilo Rojo.
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Desde muy temprano, las mujeres confeccionan camisetas del club Sarmiento
Junto a Melani y Maira, quienes no pudieron estar para esta entrevista, Estefanía forma parte del “ala joven” del grupo, le quedan algunas pocas materias de la carrera de Hotelería y reparte sus días entre las horas en la cooperativa, las que dedica a su otra ocupación, la de niñera, y al estudio.
“Ellas se adaptan a mis horarios, eso es fundamental para que yo pueda trabajar. Eso no pasa en cualquier trabajo”, agradece. “Tratamos de acompañarnos todas, de caminar hacia el mismo lugar y que ninguna quede en el camino”, agrega Silvia.
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“Desde el día uno tenemos claro que acá los objetivos no son individuales, o nos salvamos todas juntas o nos hundimos todas juntas”, sentencia María.
El camino no fue nada fácil, y recién empieza. El esfuerzo es grande y, entre tantas, hay una anécdota que lo grafica muy bien. “Antes de este taller, trabajábamos en una piecita chiquita que hay arriba. Los días de entrega no se podía cocinar, por el olor que le quedaba a la ropa, entonces esos días comían fiambre”, cuenta la dueña de casa.
Hoy ese ya no es un problema. El taller es una realidad y la cooperativa empezó a producir para diferentes instituciones de la ciudad, como camisetas y pantalones para clubes, uniformes para un instituto de danza y los ambos para otra cooperativa, el Sanatorio Luis Jeannot Sueyro.
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“Un hilo rojo invisible conecta a aquellas personas que están destinadas a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romperse”. Así resumen el significado de las diferentes leyendas vinculadas al mito del hilo rojo que tiene su origen en la cultura oriental.
Estas seis mujeres se saben conectadas por un objetivo común y, a pesar que “nadie dijo que iba a ser fácil”, como ellas mismas reconocen, se animan a soñar en grande. Quieren crecer y hacer trascender su propia marca; quieren generar trabajo y que otras mujeres no tengan que pasar por la angustia de sentirse expulsadas del mercado laboral.
El camino será arduo. Pero el primer paso ya lo dieron.
