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Seis mujeres, una cooperativa y la necesidad de repensar el modelo de producción de alimentos   

Aunque vienen trabajando de manera asociativa hace tiempo, días atrás recibieron la matrícula que las oficializa como cooperativa. Ñande Revolución está conformada por seis mujeres que se dedican a la agroecología. "Todos tenemos derecho a consumir alimentos sanos y no es algo, como dicen, que no se puede hacer", defendieron.

Por Luciano Peralta

Qué comemos, cuánto pagamos por el alimento de cada día y cuánto sabemos de sus propiedades nutritivas. Tres simples interrogantes son más que suficientes para dar cuenta del lugar que ocupa en nuestras vidas eso que podríamos presentar como cultura alimenticia. De hecho, cada vez más personas se detienen a repensar su alimentación, toman mayor conciencia de lo que consumen cada mañana, cada tarde y cada noche y, en consecuencia, empiezan a poner en práctica nuevos hábitos.

Por encima de las decisiones individuales, repensar la alimentación debería ser una prioridad para cualquier sociedad que se pretenda sustentable. Es cierto que en un país que tambalea de crisis en crisis hace más de medio siglo, siempre es difícil definir prioridades que se corran de la emergencia. Porque a la emergencia hay que atenderla hoy, porque mañana es tarde, entonces no nos podemos dar el lujo de cuestionar lo que comemos ¡Agradecé que tenés para comer! ¿No?

Hace mucho que los argentinos o, para ser justo, la mayoría de los argentinos vivimos en emergencia. No digo ninguna novedad, ya sé. De hecho, la Ley de Emergencia Económica fue una de las primeras normas impulsadas por el actual Gobierno Nacional al asumir. La crisis es enorme, esa es una realidad irrefutable. Ahora bien, ¿qué hacemos?

Las crisis son el resultado de algo que anda mal. Y son, también, oportunidades para repensar y cuestionar eso que anda mal. Dos ejemplos pueden ayudar a trasmitir esta idea. Uno es el ambiente: el mundo se prende fuego (literalmente), la realidad nos escupe en la cara y nos empuja a pensar políticas de reducción de daños y nuevas formas de producción menos nocivas. El otro es la violencia de género: Una mujer es asesinada cada día por el sólo hecho de serlo, entonces, ante esa realidad crítica, nos vemos obligados a repensar cómo llegamos a eso.

Con la comida pasa lo mismo. Cuando algo tan básico y elemental, como comer, empieza a ser un problema para las grandes mayorías comienzan a cobrar fuerzas aquellas prácticas y discursos que cuestionan y ponen en evidencia las perversidades del sistema. Porque se vuelve perversa la producción de alimentos que depende de los agrotóxicos para existir, tanto como aquellas que no reparan en destruir los recursos naturales comunes en pos de la ganancia económica o aquellas prácticas violentas que terminan con mujeres violadas o prendidas fuego.

El acceso a alimentos sanos a precios razonables hoy es un problema. Las experiencias hacia la producción agroecológica se multiplican en todo el país y, como en tantas otras luchas ambientales, Gualeguaychú tiene mucho que contar al respecto.

Ñande Revolución

En guaraní, ñande significa “nuestra”. Ñande Revolución es el nombre de la nueva cooperativa agroecológica de Gualeguaychú. Está integrada por seis mujeres y hace unos días recibieron la matrícula que las oficializa como tal.

“Andábamos medio sueltas, pero haciendo cosas parecidas”, cuenta Laura, quien, junto a Julieta, abrió hace dos años el almacén de alimentos agroecológicos y saludables donde nos convocamos para charlar sobre la cooperativa. También está Ebe, que es apicultora y productora; Mariu, quien se encarga de los proyectos del grupo, y Luján, que también es productora. Anita es la sexta integrante del grupo y produce cosmética natural.

“La idea de cuidado nos atraviesa. Nos es casual que seamos seis mujeres que, más o menos, venimos pensando y trabajando en el cuidado del ambiente, de nuestra madre tierra y de nuestros cuerpos, porque somos lo que comemos cada día”, dice Mariu.

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“Todos tenemos derecho a consumir alimentos sanos y no es algo, como dicen, que no se puede hacer -agrega Luján-. Nosotras estamos produciendo, en un espacio de 30 x 50 metros, para dar el ejemplo de que se puede producir de manera agroecológica, y tres compañeros varones están aprendiendo muchísimo ahí. La idea es multiplicar ese saber porque nos falta esa cultura que alguna vez tuvimos, de trabajar nuestra tierra y autoabastecernos”.

“Hace muchos años que venimos discutiendo el cuidado del ambiente, Gualeguaychú es ejemplo en este sentido. Pero creo que ya es hora de pasar de la teoría a la práctica en un montón de cosas. Si no nos quedamos en el discurso y no se avanza, y hoy es el momento de avanzar, no hay margen”, asegura Ebe.

Los objetivos de Ñande Revolución tienen que ver con el desarrollo y el crecimiento de la agroecología y el cambio de paradigma hacia un sistema de mayor respeto, no sólo hacia la tierra y los recursos naturales, sino también entre las personas en la diversidad de pensamiento.

Entre los proyectos que la cooperativa tiene en carpeta hay uno que sobresale: el molino. Al respecto, contaron que hace tiempo vienen “gestionando un molino y un silo para hacer harina y ya tenemos varios ejemplos de productores de trigo agroecológico con los que pensamos trabajar, el proyecto es darle el valor agregado a ese trigo”.

“En cuanto a la producción, el objetivo tiene que ver con tener más tierra para producir, que es el gran problema de todos los productores, y espacios para poner colmenas; en cuanto a la comercialización, pensamos en la movilidad propia, porque el flete genera muchísimo gasto. Más a mediano plazo, nos encantaría abrir nuestro propio almacén, con cámara frigorífica y las condiciones necesarias para una escala más grande”, coinciden.

“Parte de esta revolución es volver a la tierra y vivir donde se trabaja esa tierra”, lanza Ebe. Y, enseguida, completa Luján: “nosotras queremos volver a poblar lo que la producción agroindustrial despobló, porque hoy te vienen con un dron que mide las características de la tierra y eso va al ingeniero agrónomo que hace su parte, pero no hay nadie viviendo en el lugar, algo que es más que lógico porque esos campos están muy envenenados”.

“Volver a la tierra, producir de manera agroecológica y generar los alimentos saludables que después vamos a comercializar es la base de este proyecto colectivo al que queremos sumar muchas más personas”, resumieron las emprendedoras.

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