Semana final
Iniciamos la última semana de un largo proceso electoral. Por fin votaremos el próximo domingo. Entonces quedará develado el misterio.Por Mario Alarcón Muñiz¿Qué misterio? Perdón. Es sólo una forma de decir. En rigor lo que conoceremos serán los resultados reales, los números reveladores de las preferencias ciudadanas con rigurosa exactitud. Vale decir cantidad de sufragios, porcentajes, reparto de bancas, gobiernos provinciales y municipales y algún otro detalle. En lo primordial la elección parece definida. Claro que falta un paso: votar. Para muchísimos es sólo un trámite. Pero hay que cumplirlo.Las expectativas -que nunca fueron tantas habida cuenta del despliegue del gobierno y las vacilaciones de la oposición- se redujeron de manera notable no bien concluyeron las primarias del 14 de agosto. Aunque en esa oportunidad nada se definió, el escrutinio significó una clara manifestación de apoyo al oficialismo, salvo algunas excepciones de tono local que no modificaron la tendencia general ni alcanzaron a insinuar una variante confiable.En realidad las primarias, tal como fueron organizadas, sólo sirvieron para elaborar una encuesta oficial y la única certera. Es la que conocemos. En los 62 días transcurridos desde entonces, pocas cosas cambiaron. Más aún, es probable que en ese lapso el oficialismo se haya fortalecido a expensas de haberse acentuado la debilidad de la oposición. De ser así las diferencias pueden ser aún mayores que las registradas en la consulta de agosto. Y está muy claro: una corriente tiene el poder y lo usa sin limitaciones para mantenerlo; otra quiere el poder, pero su dispersión de fuerzas y la antigua miopía de muchos de sus dirigentes, más preocupados por el yo que por el nosotros, le impide armar una alternativa creíble. El aburrimientoLas líneas ya se observaron claramente después de los comicios legislativos de 2009. En esa oportunidad el pueblo protestó en las urnas. A la oposición le quedó servida en bandeja la posibilidad de corregir rumbos. Emparejó el Senado y ganó la mayoría de la Cámara de Diputados. Pero se le enredaron las sogas. No pudo conducir nada. Y todo por cuestiones menores. Perdió de vista los asuntos importantes.Con muy poco, el vapuleado oficialismo de 2009 recuperó el dominio de la situación y comenzó a actuar con ánimo ganador. Hasta lustró el luto para hacerlo brillar. Aprovechó los desencuentros ajenos, ignoró frecuentemente al Congreso, gobernó durante este año electoral sin presupuesto por desinteligencias y caprichos opositores y dispuso de una caja colmada y abierta que le permitió manejar sin trabas su política clientelista.Mientras tanto, tras haber fracasado el intento de imponer condiciones desde el Parlamento, los dirigentes opositores no encontraron la forma de construir una alternativa conjunta que despertara el interés del pueblo. Siempre le faltaron diez centavos para el peso. La oposición se entretuvo entre este no, aquel tampoco, mejor el de más allá, con vos ni a misa. El oficialismo se encontró con un escenario inmejorable. Y lo aprovechó. Días pasados Duhalde comparó a la oposición con "una bolsa de gatos". En Entre Ríos asombran los esfuerzos opositores por quitarle votos a otros opositores, inclusive con planteos en la Justicia.Así estamos. Nadie espere sorpresas el domingo venidero. Puede haberlas en ciertos municipios y en alguna provincia, pero poco o nada cambiará en lo fundamental. Por lo que se percibe, es una elección aburrida con pronósticos bastante coincidentes, pocos actos públicos, ninguna movilización masiva, un oficialismo con abrumadora cantidad de afiches y de espacios en los medios, una oposición restringida a conferencias de prensa y declaraciones que no todos los medios reflejan, en fin, escasas atracciones. Los númerosNo se crea que esta situación es excepcional. Todo lo contrario. Marca una tendencia. En nuestros 28 años de vida democrática sólo hubo dos elecciones presidenciales de pronóstico incierto. Las otras cuatro se resolvieron sin margen de asombro.Para el primer comicio (1983) no había suficiente experiencia y las encuestas eran muy limitadas y de escasa difusión (mejor así, porque confunden). Unos y otros parecían tener el comicio al alcance de la mano. A pesar de esas dudas el ganador, Raúl Alfonsín, logró el mayor porcentaje de votos hasta el presente (52%) al derrotar a Italo Luder (41%).Otra elección incierta hasta abrirse las urnas fue la de 2003, después de la crisis y del "que se vayan todos". Carlos Menem logró el 24% y Néstor Kirchner el 22%. Como se sabe, correspondía la segunda vuelta, de la que Menem desistió.Los demás comicios se definieron conforme la gente lo percibía y comentaba con anticipación. En 1989 Menem alcanzó el 47% y Eduardo Angeloz el 32%. La reelección habilitada por la reforma constitucional de 1994, permitió que al año siguiente Menem reuniera el 50% sobre el 28% del entonces frepasista José Octavio Bordón.En el '99 el gobierno cambió de mano y este resultado, sin estar previsto con certeza, aparecía como una gran posibilidad. Se concretó en las urnas con el 48% de Fernando de la Rúa contra 38% de Eduardo Duhalde.Tan anticipado como el presente aparecía el comicio de 2007 y así culminó. Cristina Fernández de Kirchner alcanzó entonces el 45% y su oponente más cercana, Elisa Carrió, reunió el 23%. Éste último resultado y el de Menem en el '95, marcaron las mayores diferencias con el 22% en ambos casos.Tal es el panorama al iniciarse la semana final.
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