¡Sí a la Ortografía!
¿Quién dijo que no es entretenida la normativa? Escribir correctamente, un hábito con nueva prensa.Por Claudia López
La discusión acerca de la necesidad, no solo de enseñar ortografía, sino de respetarla atravesó todos los estratos académicos y pedagógicos en el siglo XX. Hubo épocas en las que se privilegió la enseñanza de lo que tradicionalmente se llama -o mejor dicho se denominaba, hoy es cuasi- arcaico el término- gramática normativa. Otros, en los que esta disciplina lingüística tuvo mala prensa. Los métodos, no muy profusos, en el apogeo de la norma, consistían en estudio de las reglas, repetición memorística, aplicación, ejercitación (incluía la seriación de la palabra "mal escrita", de uno a tres renglones, o de 30 a cien veces). De ese modo, la ortografía se adquiría de esta buena o mala manera, pero se daba un dato objetivo: una vez terminada la escuela secundaria, era raro conservar "faltas" dentro del repertorio expresivo del "educado".
El fundamento pedagógico, sostenido por los ortodoxos tradicionalistas, es casi axiomático y está sostenido por el producto: el ejemplo concreto son abuelos, bisabuelos o padres, escritores formados por docentes que, si bien no entraban en las honduras de la pedagogía, recibían el modelo de la práctica de un maestro que luego aplicaban. No se pensaba, en ese tiempo, en educación permanente; por lo que la finalización de un nivel educativo implicaba garantía concreta de ciertos aprendizajes gramaticales. Muchas (posiblemente injustas) culpas se endilgaron, llevadas a las aulas las nuevas pedagogías, a los métodos iniciales de enseñanza de la lecto-escritura, cuando los errores ortográficos comenzaron a persistir en los nuevos escribientes, primarios y secundarios. Entonces, los docentes utilizamos diferentes posibilidades de enseñanza; juegos, reflexión sobre la derivación, etimología, familia de palabras y otras yerbas que, por otro lado, también eran usadas por los antiguos. Finalmente, como cada vez se obtenían peores resultados, optamos por enseñar sistemáticamente menos ortografía, sin abandonar la enseñanza incidental (y, por qué no decirlo, jamás abandonado por ninguna/o de las y los letradas/os docentes) a la que se fueron agregando formas no discriminatorias de hablar y a cuyo ejemplo y cobijo decidimos despertar del segregacionismo normativo, aún a riesgo de fortalecer aquello que viene con la lectura de los libros que, aunque no lo sean, actúan como los de caballería.
¿Qué hacemos ahora?
Valgan algunos ejemplos: Con unos cuantos ejercicios gramaticales (cual revitalizada armadura) encontramos que nuestra nueva figura magistral (Quijote final) interesa a los alumnos que, birome, marcador o tiza en mano, salen a dar vueltas por los textos (los pizarrones y las calles) a deshacer los entuertos ortográficos, con la vieja sabiduría del que se hace cargo de lo que le falta. Así como el caballero va en busca del ideal, los estudiantes, en busca del perfeccionamiento de la escritura.
Hubo y hay experiencias novedosísimas, algunas promovidas a través de la Web. Doy fe -en ella se documenta fotográficamente-; desde Méjico a Tierra del Fuego, maestros y profesores se dan al trabajo de recorrer las calles (son quijotescas salidas) buscando errores ortográficos, fundamentalmente en carteles y vidrieras de comercios. Contra lo que podría pensarse, en general, la propuesta es bien recibida y casi nadie se niega a corregir "la falta", ni a exhibir el logo que registra el paso de las quizá efímeras huestes gramaticales. Es toda una señal de que la ortografía aún tiene su sitial (como los ideales de nuestro hidalgo) en el mundo, no porque la gente se amigue con las academias, sino por no tan ignotas causas que cada quien sabrá.
Me llamó la atención el empeño e interés que los alumnos de una escuela nocturna ponen en este aprendizaje; el prestigio que otorgan a este saber, cuyo manejo le otorga una jerarquía en el grupo. ¿Algo está cambiando? Tal vez, más que cambio, es la admisión por parte del estudiantado, del grado y de la intensidad del trabajo lo que hace la diferencia.
La autocorrecciónLa autocorrección tiene, en esta actividad, la categoría de un precepto clásico: corregir el error, cotejar, aplicar la regla, enunciarla, comparar para generalizar, son operaciones que deben ser aplicadas por el estudiante quien además tiene que poder puntuarse en base a una escala para reconocer cada uno de sus aciertos y errores.( Las netbooks, seguramente serán una herramienta utilísima).
La experiencia (ortografía y puntuación) viene dando en el curso de referencia, resultados que pueden calificarse como discretamente interesantes.
La consulta on line de páginas serias brinda ejercicios como éste, extraído de educar (Autora: Verónica Díaz Pereyro. Responsable: Pamela Archanco) para los docentes con deseos de construir esta práctica:
Texto: Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás páguese la cuenta del sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo Fulano.A distintas puntuaciones, distintos significados.
Al anterior pueden sumarse cientos de ejercicios y actividades sobre literatura leída en clase.Nada mejor que un Quijote para enriquecer el mundo de la palabra: A él (Sancho) le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él. En este caso, el del estudiante X, aprender ortografía, corregir, corregirse, y hasta inventar sus propios ejercicios: elegido el título periodístico Cristina Kirchner anunció que va por la reelección reflexionó con su docente acerca de la coma. Según donde se coloque, en el enunciado, el sentido, en relación con el contexto, tiene valor de pasado o presente, de hecho nunca acontecido o en curso; de rupturas o de continuidades, históricas y simbólicas. De posibilidades o truncamientos ideológicos. La conversación lleva a 678 y a otros títulos, a la relación con líneas periodísticas, historiográficas, teorías de la comunicación; todo esto, por una coma ¿aburrido, no? Netbooks en Escuela SecundariaLa Escuela Secundaria N° 24 "Juan José Nágera" recibió las netbooks. Durante la semana los padres de esa comunidad educativa han concurrido a firmar los comodatos, condición para que los estudiantes puedan disponer de los ordenadores en sus hogares. Este importante aporte del estado a la educación seguramente marcará un antes y un después en la educación argentina.
La discusión acerca de la necesidad, no solo de enseñar ortografía, sino de respetarla atravesó todos los estratos académicos y pedagógicos en el siglo XX. Hubo épocas en las que se privilegió la enseñanza de lo que tradicionalmente se llama -o mejor dicho se denominaba, hoy es cuasi- arcaico el término- gramática normativa. Otros, en los que esta disciplina lingüística tuvo mala prensa. Los métodos, no muy profusos, en el apogeo de la norma, consistían en estudio de las reglas, repetición memorística, aplicación, ejercitación (incluía la seriación de la palabra "mal escrita", de uno a tres renglones, o de 30 a cien veces). De ese modo, la ortografía se adquiría de esta buena o mala manera, pero se daba un dato objetivo: una vez terminada la escuela secundaria, era raro conservar "faltas" dentro del repertorio expresivo del "educado".
El fundamento pedagógico, sostenido por los ortodoxos tradicionalistas, es casi axiomático y está sostenido por el producto: el ejemplo concreto son abuelos, bisabuelos o padres, escritores formados por docentes que, si bien no entraban en las honduras de la pedagogía, recibían el modelo de la práctica de un maestro que luego aplicaban. No se pensaba, en ese tiempo, en educación permanente; por lo que la finalización de un nivel educativo implicaba garantía concreta de ciertos aprendizajes gramaticales. Muchas (posiblemente injustas) culpas se endilgaron, llevadas a las aulas las nuevas pedagogías, a los métodos iniciales de enseñanza de la lecto-escritura, cuando los errores ortográficos comenzaron a persistir en los nuevos escribientes, primarios y secundarios. Entonces, los docentes utilizamos diferentes posibilidades de enseñanza; juegos, reflexión sobre la derivación, etimología, familia de palabras y otras yerbas que, por otro lado, también eran usadas por los antiguos. Finalmente, como cada vez se obtenían peores resultados, optamos por enseñar sistemáticamente menos ortografía, sin abandonar la enseñanza incidental (y, por qué no decirlo, jamás abandonado por ninguna/o de las y los letradas/os docentes) a la que se fueron agregando formas no discriminatorias de hablar y a cuyo ejemplo y cobijo decidimos despertar del segregacionismo normativo, aún a riesgo de fortalecer aquello que viene con la lectura de los libros que, aunque no lo sean, actúan como los de caballería.
¿Qué hacemos ahora?
Valgan algunos ejemplos: Con unos cuantos ejercicios gramaticales (cual revitalizada armadura) encontramos que nuestra nueva figura magistral (Quijote final) interesa a los alumnos que, birome, marcador o tiza en mano, salen a dar vueltas por los textos (los pizarrones y las calles) a deshacer los entuertos ortográficos, con la vieja sabiduría del que se hace cargo de lo que le falta. Así como el caballero va en busca del ideal, los estudiantes, en busca del perfeccionamiento de la escritura.
Hubo y hay experiencias novedosísimas, algunas promovidas a través de la Web. Doy fe -en ella se documenta fotográficamente-; desde Méjico a Tierra del Fuego, maestros y profesores se dan al trabajo de recorrer las calles (son quijotescas salidas) buscando errores ortográficos, fundamentalmente en carteles y vidrieras de comercios. Contra lo que podría pensarse, en general, la propuesta es bien recibida y casi nadie se niega a corregir "la falta", ni a exhibir el logo que registra el paso de las quizá efímeras huestes gramaticales. Es toda una señal de que la ortografía aún tiene su sitial (como los ideales de nuestro hidalgo) en el mundo, no porque la gente se amigue con las academias, sino por no tan ignotas causas que cada quien sabrá.
Me llamó la atención el empeño e interés que los alumnos de una escuela nocturna ponen en este aprendizaje; el prestigio que otorgan a este saber, cuyo manejo le otorga una jerarquía en el grupo. ¿Algo está cambiando? Tal vez, más que cambio, es la admisión por parte del estudiantado, del grado y de la intensidad del trabajo lo que hace la diferencia.
La autocorrecciónLa autocorrección tiene, en esta actividad, la categoría de un precepto clásico: corregir el error, cotejar, aplicar la regla, enunciarla, comparar para generalizar, son operaciones que deben ser aplicadas por el estudiante quien además tiene que poder puntuarse en base a una escala para reconocer cada uno de sus aciertos y errores.( Las netbooks, seguramente serán una herramienta utilísima).
La experiencia (ortografía y puntuación) viene dando en el curso de referencia, resultados que pueden calificarse como discretamente interesantes.
La consulta on line de páginas serias brinda ejercicios como éste, extraído de educar (Autora: Verónica Díaz Pereyro. Responsable: Pamela Archanco) para los docentes con deseos de construir esta práctica:
Texto: Dejo mis bienes a mi sobrino Juan no a mi hermano Luis tampoco jamás páguese la cuenta del sastre nunca de ningún modo para los jesuitas todo lo dicho es mi deseo Fulano.A distintas puntuaciones, distintos significados.
Al anterior pueden sumarse cientos de ejercicios y actividades sobre literatura leída en clase.Nada mejor que un Quijote para enriquecer el mundo de la palabra: A él (Sancho) le vino en voluntad y deseo de hacer lo que otro no pudiera hacer por él. En este caso, el del estudiante X, aprender ortografía, corregir, corregirse, y hasta inventar sus propios ejercicios: elegido el título periodístico Cristina Kirchner anunció que va por la reelección reflexionó con su docente acerca de la coma. Según donde se coloque, en el enunciado, el sentido, en relación con el contexto, tiene valor de pasado o presente, de hecho nunca acontecido o en curso; de rupturas o de continuidades, históricas y simbólicas. De posibilidades o truncamientos ideológicos. La conversación lleva a 678 y a otros títulos, a la relación con líneas periodísticas, historiográficas, teorías de la comunicación; todo esto, por una coma ¿aburrido, no? Netbooks en Escuela SecundariaLa Escuela Secundaria N° 24 "Juan José Nágera" recibió las netbooks. Durante la semana los padres de esa comunidad educativa han concurrido a firmar los comodatos, condición para que los estudiantes puedan disponer de los ordenadores en sus hogares. Este importante aporte del estado a la educación seguramente marcará un antes y un después en la educación argentina.
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