Si la UCR se duerme en los laureles, Busti se les puede quedar con el mandado
***La Provincia de Buenos Aires ha sido, históricamente, un distrito clave para ganar elecciones. Aunque una maldición pesa sobre sus gobernadores: en la era moderna ninguno llegó a ser presidente. Fue Duhalde el que rompió esa tradición, aunque no lo hizo por el voto popular, sino a través de una Asamblea Extraordinaria del Congreso de la Nación.Después de los negros días del 28 de junio del año pasado, cuando Néstor Kirchner ensayó lo que pareció una retirada de las estructuras partidarias, el sureño ha vuelto a manejar a gusto y placer la estructura tradicional del PJ. Para eso cuenta, desde hace poco, con Hugo Moyano que será formalmente en horas nuevo titular del PJ bonaerense. Con Balestrini grave desde hace meses, el camionero será la garantía de Kirchner en el amplio partido de Buenos Aires y al cabo, un dique de contención para las pretensiones de Daniel Scioli. Es que en Olivos sospechan desde hace tiempo de las reales intenciones del ex motonauta. A ver, buena parte de eso tiene que ver con los fantasmas de traiciones que suelen sobrevolar a los patagónicos. Scioli nunca ha dado, hasta ahora, muestras claras de estar embarcado en un proyecto propio o pretender ir más allá del territorio de su provincia. A lo largo de su carrera política, el gobernador bonaerense ha hecho de la ambigüedad y la sumisión dos banderas irrenunciables.Pero Kirchner, algo debe sospechar. En cada reunión de las últimas semanas, no cesó de hacerles guiños a todos los dirigentes para que se lancen a caminar la provincia, armen estructuras propias, o las reactiven según los casos. Tan lejos llegó que en el listado incluyó a algunos díscolos como Massa de Tigre o Bruera de La Plata. La frutilla del postre de la estrategia de 'contención' de los presuntos 'deseos' de Scioli, es la presencia de Hugo Moyano en la presidencia formal del PJ.El líder de la CGT, no oculta sus deseos de ir por la gobernación de Buenos Aires, aunque no tenía hasta ahora, el okey de Néstor para asumir formalmente la conducción. La idea es, con este abanico, evitar posibles fugas y marcarle la cancha a los 'resbaladizos' caciques del Conurbano. Sobre estos, el gobierno hace una marcación especial, digna de la que el peruano Reyna le hizo a Maradona en la década del '80. Saben que Eduardo Duhalde tiene buena relación y llegada directa con muchos de ellos. Fue el mismo Duhalde quién lo blanqueó hace poco. Basta que hable con alguno de ellos, para que a las pocas horas reciban el llamado del gobierno nacional, recordándoles, siempre en buenos términos, a quién deben ser leales.La marcación, es la misma que reciben muchos senadores en el Congreso de la Nación. Allí, donde las mayorías son estrechas y un par de voluntades alcanzan para inclinar la balanza, se ha desatado un verdadero festival de cruces. Fue Solá el que lo iluminó, pero a la mayoría le disgustó, tanto que el radical Sanz salió a desmentirlo. El Senado arrastra todavía la imagen de la 'Banelco' de la Alianza y varios de sus integrantes actuales parecen empeñados en querer ratificarlo. Viajes con la Presidenta, ausencias sorpresivas, obras para sus provincias o prebendas para familiares y amigos, forman parte del menú. Y no se salva nadie, ni siquiera el vilipendiado por el kirchnerismo ex Presidente Carlos Menem, hoy un aliado fundamental para evitar que prosperen muchas iniciativas opositoras.Los que lo visitan en la intimidad, sostienen que Kirchner está pasando por su mejor momento. A todos les muestra las encuestas que lo colocan con el 30% de intención de voto. Pretende llegar al 40, ese número milagroso que le permitiría evitar el temido ballotage. Es el único que piensa y trabaja para eso. El resto, luce enredado en sus propias contradicciones.
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