“Si queremos una vida humana hay que vivir una vida de valores”
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Vivimos una época donde han estallado los paradigmas. Y la educación siente el cimbronazo. ¿Con arreglo a qué ideal formar a las nuevas generaciones? El pedagogo y psicólogo Julio César Labaké, a su paso por la ciudad, le dijo a EL DIA que hay valores permanentes sobre los cuales edificar.Marcelo Lorenzo- En alguna época la familia, la escuela y la sociedad hablaban el mismo lenguaje. Pero este trípode parece disgregado. ¿Usted qué piensa?Julio C. Labaké:- En algunos de mis libros he escrito justamente que la educación, antes y ahora, transita por tres ámbitos. Es lo que yo llamo la teoría de los tres hogares. El hogar familia, el hogar escuela y el hogar ciudad. En el hogar familia pasamos la mayor parte del tiempo, sobre todo cuando somos chicos. En el hogar escuela pasamos una buena parte del tiempo durante el período de formación. Y el otro tiempo lo pasamos en la ciudad. Ahora, la ciudad ha adquirido en las últimas décadas un poder de penetración muy grande a través de los medios masivos de comunicación. Antes lo que se decía en el hogar coincidía con lo que se decía en la Iglesia y coincidía con lo que se decía en la escuela y más o menos con lo que las radios transmitían. Hoy en día se ha roto la armonía de esa triangulación. El hogar dice una cosa, a veces muy buena y a veces no tan buena. La escuela a veces dice otra cosa, a veces refuerza las cosas buenas del hogar, alguna vez no las refuerza. Y para colmo la ciudad ha invadido todo. Y uno puede estar en la ciudad, aunque esté encerrado en su casa viendo televisión o entrando en Internet. La ciudad se ha hecho más penetrante y ha dislocado la armonía que había en el pasado. Antes era un discurso educativo homogéneo y hoy es un discurso totalmente heterogéneo.- Incluso da la impresión que los agentes pedagógicos mediáticos pisan fuerte...- Exactamente. Al menos yo diría que tienen más poder que los medios institucionales tradicionales, como sería la escuela. Sin embargo creo que los chicos, pese a los problemas que puede haber en el hogar, siguen valorando la contención de la familia. En una encuesta que hice hace tres años, para un libro que titulé "Redescubrir la autoridad", se ve esto. Allí pregunto a adolescentes de entre 12 y 17 años si realmente desean que sus padres y docentes les digan que sí a todo lo que reclamen. La respuesta es realmente impresionante. Sobre un total de 641 encuestados de 4 provincias, pedían efectivamente que los dejasen hacer todo lo que querían. Pero el 82% por ciento restante decía que no.- ¿Ve ahí una demanda de autoridad?- No sólo eso. También es un indicio de la valoración que ellos hacen de la familia y del colegio. Lo que pasa es que la ciudad, con su lenguaje multifacético, deslumbrante, seductor -porque así es la televisión, así es Internet- penetra en todos lados. No obstante, se conserva la necesidad hogareña y de la escuela.El ideal humano- La educación está emparentada con una concepción del hombre. Es decir, se forma a las personas con arreglo a un ideal. ¿Cuál es ése hombre en la actualidad? - Es una buena pregunta. Efectivamente se educa en razón de un ideal. Esta es la verdad. Cada cultura porta una concepción global de la realidad y del hombre. Y por tanto elabora una educación para formar ese tipo de hombre. Lo que pasa es que en este momento de la posmodernidad -aunque ya se está hablando de la post posmodernidad- el paradigma se ha hecho trizas. Entonces, no hay ahora, en el discurso de muchos ámbitos educativos, un modelo esperable del ser humano.- ¿Cómo impacta eso en el ámbito pedagógico?- Afecta profundamente. Porque los padres no tienen una imagen clara de la educación de sus hijos. Y los docentes tampoco tienen una imagen clara hacia dónde orientar el proceso educativo. Y los mismos chicos sienten que todo es posible y que no hay un modelo ideal. Cada uno hace lo que siente. Y es auténtico haciendo lo que siente. Éste es el conflicto que tenemos hoy.- La idea que subyace a todo es el relativismo. ¿Es así?- Pondría la cuestión en estos términos. Desde el punto de vista sociológico tenemos que admitir que el modelo de alguna manera ha estallado. Y no tenemos un modelo claro compartido para que sirva de lenguaje común y nos oriente hacia una convivencia más o menos ordenada. Hay quienes conciben la libertad de una manera, otros de otra; la sensualidad de una manera, otros de otra; y así. El mundo de hoy es todo lo contrario de lo homogéneo. Domina lo heterogéneo. Ahora, a pesar de esto, yo sigo creyendo que en el fondo hay ciertas exigencias que siguen permaneciendo y hacen al ser humano. Y son las que tenemos que rescatar los que nos planteamos el tema de la educación. Parto de la afirmación antropológica según la cual para ser 'humano' se necesita ser un 'buen ser humano'. Al final del gran tema del hombre, vemos esta realidad. Vemos que la persona que mata, que roba, que traiciona, que trafica armas, que trafica drogas vendiendo muerte a plazo, no es humano. Decimos que no es una buena persona. Es inhumano porque no colabora para la buena vida de la humanidad. Para ser humano, entonces, el hombre necesita ser un buen ser humano. Y en cuanto se dice la frase 'buen ser humano' lo que se marca de manera inevitable, exigible, y necesaria absolutamente, es la presencia de los valores como rectores de la vida humana. Y esto es lo permanente. La educación tiene que redescubrir este punto básico de apoyo. Ésta es la palanca de Arquímedes: si queremos vivir una vida humana tenemos que vivir una vida de valores. Y una vida de valores supone un tipo de educación y no cualquiera.- Por tanto la escuela no puede ser neutra desde el punto de vista axiológico...- Sería una contradicción. Se disuelve a sí misma. Cuando se dice que no hay que tratar el tema valores porque eso es dogmatismo, se cae en la falacia. Cuando yo digo: ser leal es bueno, no soy dogmático. Simplemente descubro que eso es así y no puede ser de otra manera.- Es decir, el hombre no puede sino encarnar valores que lo humanizan.- Exactamente. Tomo sus palabras (...) Podríamos hacernos algunas preguntas. ¿Se podría inventar una cultura en la cual se afirme que odiar es bueno y amar es malo? ¿Se podría inventar una cultura en la cual se diga que destruir la vida de los demás es bueno y conservar la vida de los demás es malo? ¿Qué ser leal es malo y ser desleal es bueno? ¿Qué ser corrupto es bueno y ser honesto es malo? No podemos. Los valores tienen una característica. Los valores esenciales de la condición humana -como los llamo en mis libros- tienen una característica: no se inventan. No son una construcción cultural. La construcción cultural es el proceso de conocerlos para reconocerlos y vivirlos. Esa es la construcción cultural. Pero al valor como tal, que me compromete para vivir de una manera, lo descubro. Ésta es la gran tarea de la educación.La cuestión de la verdad- La concepción sobre la verdad también tambalea. ¿Se puede educar sobre la base de que no hay nada cierto?- El 'deconstructivismo', que está de moda, que nos exportaron sobre todo desde Francia, y se ha divulgado por muchos lugares, puede tener algunas intenciones correctas. Porque ciertamente hay superestructuras cognitivas o de concepción que hay que purificar. Deconstruir eso puede estar bien. Por ejemplo, yo hoy en día haría una crítica total a la educación con el látigo o a la educación memorística. Eso sería un ejercicio deconstructivista. Pero hay un dicho español que es muy gracioso y muy certero y dice así: "No hay que tirar al niño con el agua de bañarlo". Es decir, hay que precaverse de tirar el agua sucia, pero conservando al niño limpio. Decir que no hay ni una forma de verdad es una afirmación radicalizada, y por eso mismo falsa. Cuando usted me mira a mí y me reconoce como persona está reconociendo una verdad. Y cuando yo lo miro y lo reconozco como persona estoy reconociendo una verdad. Usted como persona me compromete, por ejemplo a comportarme de una manera. Y viceversa le pasa a usted conmigo. Pero esto es una verdad. El otro me afecta y me importa, como dice el filósofo Emmanuel Lévinas. Y ésta es una verdad sobre la cual puedo construir todo un proceso educativo.- Además, a los seres humanos no nos gustan que nos mientan...- Así es, si no hubiera verdad sería normal que nos mientan. Todo daría lo mismo. Pero hay algo más: si fuera verdad que no hay ninguna verdad, sería absurdo el lenguaje. ¿Para qué hablar si no hay nada que transmitir? ¿Para qué pedirle al otro que me escuche, si no tengo nada que comunicar? La consecuencia lógica del relativismo absoluto sería el silencio. No hablemos, no debatamos, no dialoguemos. Porque no tiene sentido.- Pero eso sería el fin de la cultura.- Cabe a propósito insistir en un punto: la cultura es ambivalente. Se mejora en algunos casos y se empeora en otros. Lo que hace la cultura es ir dando pasos de descubrimiento. Pero no todos son pasos de creación. Cuando hoy se afirma, dentro del relativismo, que los valores y la verdad son una creación de la cultura se está haciendo una afirmación que es en parte verdad y en parte mentira. Y a mí me preocupa la parte que es mentira. Lo que se construye es el conocimiento. Lo otro, el contenido, se descubre.- Una cultura, por tanto, puede dejar ocultos valores que otra cultura a su vez rescata.- Claro. En tiempos de Aristóteles la esclavitud era legal y filosóficamente admitida. Y la mujer era considerada una posesión igual que el esclavo y el arado. Una posesión del varón. Hoy en día no admitimos eso. Pero porque hemos descubierto que eso está mal. Ahí ha habido un progreso. No hemos inventando que nadie debe ser un esclavo de nadie. Es un descubrimiento que el hombre hace. En algún momento el hombre tenía que llegar a eso porque es una verdad que se impone. Si fantaseáramos con un comienzo cero de la cultura, veríamos que ese hombre primitivo, aunque volvería a pasar por la esclavitud, volvería a librarse de ella. Porque es una verdad que se impone y se descubre. Lo que se construye es el conocimiento de la verdad (...)- ¿Qué cosas de la sensibilidad actual son aprovechables, según su parecer, desde el punto de vista educativo?- Entre las cosas que estamos descubriendo con más claridad es que somos solidarios. Es un valor que está presente en los movimientos políticos y sociales en América Latina, por ejemplo, incluso de cuño marxista. Hay ahí una raíz de verdad. Somos concientes de que el ser humano tiene el derecho a tener una vida digna, fuera de la miseria. Este sentimiento de solidaridad, aunque haya sectores egoístas que no lo quieran ver, es un elemento positivo de nuestro tiempo. No todo está mal. Como dije, las culturas son ambivalentes: progresan en algo pero pueden decrecer en otros aspectos. La adolescencia hoy también es ambivalente. Tiene una tendencia a sincerar las cosas -algo que no había en otras generaciones-. Esto se ve en el tema de la sexualidad. Hay una oportunidad para reafirmar, por ejemplo, que el sexo es la palabra final que expresa que dos personas consuman su vida en el amor. Y esto no es una bagatela. Es lo contrario del sexo sin sentido, vivido de cualquier manera. Venimos de una época en la que el sexo estaba reprimido. Pero de un extremo nos hemos pasado al otro. Tenemos que ayudar a nuestros hijos a vivir una sexualidad con sentido, con amor.Ficha técnicaJulio César Labaké estuvo en Gualeguaychú para hablar de educación, el viernes 10 de mayo pasado. Invitado por el Instituto 'Malvina Seguí de Clavarino', tomó contacto con alumnos, padres y docentes.Licenciado en Psicología, Doctor en Psicología Social, y Psicoterapeuta, Labaké desarrolla una intensa actividad como educador, conferencista y escritor. Es Miembro de Número de la Academia Nacional de Educación.Ha escrito más de 40 libros. Entre ellos: "El problema actual de la educación" (tesis doctoral); "Adolescentes no se dejen engañar"; "Valores y límites. La brújula perdida"; "La revolución de la sensatez".También ha recibido distintos premios y distinciones. En 2004 recibió del Cardenal Jorge Bergoglio (hoy Sumo Pontífice), el premio "Juntos Educar", por sus aportes en el campo educativo y por su ejemplo de vida y dedicación para las nuevas generaciones.
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