
Foto: Joaco García
Las cosas no están saliendo según lo planeado por Ostolaza y compañía; y la solución que plantearon fue retirar al periodismo de la sala. Adujeron que sus testigos no quieren declarar por la falta de fidelidad en sus testimonios y por las represalias sociales. El resto de las partes se opusieron.
Carlos Riera Responsabilizar a la prensa es siempre la salida más fácil. Es el pretexto perfecto que muchas veces se utiliza ante la impotencia de las propias acciones. Los mismos que siempre apostaron a la mediatización del caso son aquellos que ahora sienten que el tiro salió por la culata.La defensa de Nahir Galarza está teniendo un grave problema y eso se refleja en la cantidad de testigos que se han presentado hasta el momento ante el Tribunal. Entre el lunes y martes sólo acudieron a la cita judicial diez personas, un número ínfimo si se tiene en cuenta que el jueves se escucharán los últimos testimonios y comenzarán los alegatos de clausura.José Ostolaza y Horacio Dargainz no lo dicen ni tampoco nunca lo dirán. Reconocer que no tienen personas que hablen en favor de la imputada es faltar al ABC de un abogado defensor, pero la realidad es otra. Y esto quedó evidenciado en la forma en que inició la octava audiencia.Todos los abogados ya estaban sentados en la sala esperando a que ingresara el Tribunal presidido por Mauricio Derudi, pero sorpresivamente un empleado judicial llamó a todos los letrados hacia una habitación contigua para una reunión con los jueces. Duró pocos minutos y a su regreso -ya con los magistrados en la sala - Derudi pidió a los medios de prensa que fueran lo más fieles posible a los testimonios que se escuchan, porque hay testigos que le plantearon a los defensores sentirse perjudicados con lo vertido en el juicio y lo expuesto en los medios, originando esto represalias sociales hacia ellos.

Foto Joaquín García
Lo que esto deja traslucir es que la defensa está teniendo graves problemas a la hora de citar a sus testigos, los cuales muchos de ellos se estarían negando a participar del juicio y sobretodo salir en defensa de Nahir Galarza.Fue dentro de esa reunión que mantuvieron las partes cuando la defensa volcó su pedido de retirar a la prensa del juicio. Esto generó la negativa del resto de los abogados y del mismo Derudi, que se opuso al planteo porque la prensa ha presenciado el juicio desde su inicio. Para ello sólo abogó para que los periodistas respetaran la fidelidad de los testimonios y se les prohibió tomar imágenes de los testigos. Relatos que poco tienen que ver con el hechoHasta ahora, la carga probativa y la contundencia de los testimonios que ha logrado recolectar la defensa de Nahir Galarza ha sido escasa. En la octava audiencia se recurrió a la opinión de un ginecólogo, una vecina de la imputada que trasladó un reclamo vecinal y dos policías que fueron subalternos de Marcelo Galarza en una brigada terrestre de la División de Delitos Rurales de la Policía de Entre Ríos que se disolvió en 2015 cuando se denunciaron hechos de corrupción que involucraron al padre de la acusada.El médico perteneciente al Sanatorio Adventista Del Plata habló escasos minutos sobre sus dos atenciones ginecológicas que le practicó a la joven de 19 años y la lesión cutánea que constató en la cara interna de un muslo en su último examen realizado el 22 de diciembre, seis días antes del crimen. Víctor García indicó que interrogó a su paciente sobre el origen del mismo y de los moretones en los brazos, pero la respuesta de Nahir Galarza fue que no recordaba cómo se los había ocasionado.Elsa Beatriz Selorena, una mujer que vive en calle María Luisa Guerra, a unas cuadras de la familia Galarza, fue llamada a declarar para que diera cuenta de los problemas que se suscitan en la zona a causa de la presencia de los boliches.La intención de la defensa con este testimonio es tratar de reforzar la teoría de que Marcelo Galarza y Yamina Kroh no escucharon nada de la discusión que mantuvo su hija con Fernando Pastorizzo en el interior de su casa en calle Pronunciamiento 26 debido a la música de los boliches, la madrugada que terminó con el homicidio.

Septiembre 2017: Tres meses antes, posan en la casa de la imputada
Selorena trasladó su queja que efectivizó ante la municipalidad en 2014 y que hasta el momento tiene oídos sordos en el Ejecutivo. Mencionó las escenas que le ha tocado vivir como vecina de los boliches bailables y de todo lo que la afecta en su vida diaria.Los dos policías, Juan Cruz Ramírez y Sergio Cabral, compartieron dos años de trabajo junto a Marcelo Galarza en el grupo especial terrestre creado para combatir el abigeato en la zona. Ambos brindaron pormenores sobre la personalidad de su jefe y el tipo de cuidados que tenía con su arma 9mm."El Jefe siempre usó munición en recámara y sin seguro", indicó Ramírez, algo que luego también fue ratificado por Cabral, que agregó: "él hacía mucho hincapié en la limpieza del arma por tratarse de nuestra herramienta de trabajo".A los dos se los interrogó por lo mismo, sobre su experiencia en el manejo del arma y la posibilidad de que cualquier persona sin experiencia la manipule. Ambos coincidieron que la pistola 9mm puede ser utilizada por cualquiera y que el acceso a la información que existe actualmente permite que cualquiera sepa cómo se carga y descarga un arma.Otro policía, Eduardo Acuña, que también fue compañero de trabajo de Galarza, habló desde su óptica como instructor de tiro sobre las particularidades que se pueden suscitar con un arma de fuego. Aseguró que en varias ocasiones ha vivenciado disparos accidentales e involuntarios, y que la persona a la que le ocurre "entra en shock, se paralizan, algunos la tiran, pero todo depende de la persona", pero "cuando a uno lo preparan reacciona de otra manera".Indicó que personalmente utiliza su arma descargada pero conoce que hay funcionarios que la utilizan con bala en recámara". En su caso personal, "cuando estoy de franco le saco el cargador y la guardo fuera de la vista".