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Sobrevivió al 11-S y se mudó a Argentina: "Es uno de los mejores países del mundo"

David English tiene 49 años. El 11 de septiembre de 2001, tras ser sorprendido por el impacto del vuelo 175 de United Airlines contra una de las Torres Gemelas, decidió migrar y se radicó en la provincia de Mendoza. Aportó su mirada sobre nuestro país y contó por qué jamás se iría de acá

David English (49) nació el 30 de diciembre de 1971. Desde hace casi dos décadas, sin embargo, sus amigos comenzaron a desearle “Feliz Cumpleaños” el 11 de septiembre. Ese día, pero en el año 2001, el norteamericano caminaba por las calles de Manhattan (Nueva York) cuando vio cómo un avión (N. de la R.: el vuelo 175 de United Airlines) se estrellaba contra las torres gemelas.

Aquella mañana, cuenta David, se dirigía a firmar un contrato laboral que, según él, iba a cambiar su vida profesional. No llegó a concretarlo. “En el instante en que se cayeron las torres, se cayeron todos mis planes”, apunta el norteamericano.

David creció en Nashville, capital del estado de Tennessee y cuna de la música country en Estados Unidos. Criado en el seno de una familia tipo (padre, madre y un hermano), se describe a sí mismo como “un soldado del sueño americano”.

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A los 30, cuando se convirtió en testigo y sobreviviente del atentado terrorista suicida, trabajaba como consultor en una empresa de telecomunicaciones. A pesar de corta edad, dice, había planificado todo para alcanzar lo que en Estados Unidos llaman el “American dream”. "Básicamente, consiste en tener tu propia casa, tu familia, plata ahorrada en el banco y un trabajo estable”, explica David acerca del ideal que guía la cultura y sociedad de los EE.UU.

“Papá, estoy bien”

Tras el impacto del primer avión, David siguió el consejo que más de una vez le dieron sus padres. “Cuando pase algo malo no te quedes mirando”, le insistían.

Aquella mañana del 11-S, el joven de 30 años puso en práctica la recomendación que le inculcaron de pequeño y escapó de la zona. “Corrí dos cuadras hasta una estación de subte, encontré un teléfono público y llamé a mi papá para avisarle que estaba bien. Apenas colgué, explotó el segundo avión”, recuerda David que, de milagro, se metió en subterráneo y logró llegar sano y salvo a su casa.

11S

Los días posteriores al atentado fueron duros. “Yo vivía justo al otro lado del Río Hudson, en frente de la Zona Cero, así que conviví con todos los olores y el humo tóxico durante varios días”, dice David y cuenta que muchos de sus vecinos trabajaban en las Torres Gemelas. Él se enteraría de que habían fallecido con el paso de las semanas y, para graficar la forma, trae a colación una anécdota.

“En Nueva York, todos los días te dejan el diario en las puerta de tu departamento.Normalmente, la gente lo recoge en la tarde o en la noche, cuando regresan del trabajo. En mi complejo había muchos departamentos que, durante varios días, acumulaban y acumulaban diarios en sus puertas. Ahí entendí que esas personas nunca iban a volver”.

La partida

Todas esas experiencias, dice David, lo convencieron de mudarse “lo más lejos posible de la Zona Cero”. Aunque había viajado y vivido en muchos lugares del mundo, como Japón, Australia, y Europa, el norteamericano decidió instalarse en Argentina y desde entonces (hace ya casi veinte años) vive en la provincia de Mendoza.

“En 1998 estuve seis semanas en Argentina. A través de un programa de intercambio del Rotary Club, recorrí la Patagonia, Mendoza y Buenos Aires y me hospedé en las casas de familia. Fue una experiencia muy intensa y, de alguna manera, me enamoré. Me enamoré de Argentina y los argentinos”, asegura David que, para fines de 2001, decidió migrar nuestro país e instalarse en la provincia de Mendoza.

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Aunque primero pensó en Buenos Aires o en Córdoba, se terminó inclinando por “la tierra del sol y del buen vino”. “Elegí Mendoza por una combinación de factores. Desde el clima y la montaña, pasando por las bodegas y la buena comida, hasta la calidez de su gente. Me parecía un lugar fantástico para empezar un negocio ya sea asesorando inversores o trabajando con turistas extranjeros. Lo vi como una gran oportunidad”, dice.

El idioma nunca fue una barrera. Había estudiado español en el secundario y, también, tomó clases particulares para perfeccionarse.

Un “yanqui” en Mendoza

Una vez que se instaló en Mendoza, una de las primeras cosas que hizo fue anotarse para cursar un posgrado en Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Austral.

“Ese fue uno de los beneficios de venir a Argentina en el 2001: los pocos dólares que yo había ahorrado durante mi vida, pude invertirlos acá. Eran tres por uno. Pagar un MBA me costó un décimo de lo que me hubiera salido en Estados Unidos. De alguna manera cambié una crisis por otra y fue como un renacimiento mío en todos los sentidos”, apunta David.

-Al revés que hiciste vos, ahora son muchos los argentinos que quieren irse del país...

-Yo siempre digo queArgentina es un país muy rico y, para mí, uno de los mejores del mundo. Tal vez no económicamente, pero en el sentido de calidad humana y de las relaciones entre las personas sí. Por eso me quedo acá. Yo no gano millones de dólares ni vivo en un barrio privado. Mi casa está en un barrio común, la sexta sección de Mendoza.

-¿Por qué creés que otros ven la solución en el éxodo?

-Creo que es un error del ser humano. No solamente del argentino. Pensamos que el paraíso está en España, Canadá o en Alemania. Para mucha gente es cierto porque económicamente pueden tener una casa más grande, muebles finos o dos autos. Se olvidan que allá están lejos de sus familias y amigos, no se juntan a tomar mate, no hacen asado, no tienen la costumbre de sobremesa, ni la costumbre que tenemos acá en Mendoza de dormir la siesta. Por eso, a pesar de la crisis y de los problemas políticos y económicos que hay en Argentina, nunca pensé en irme.

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-¿A qué te costó acostumbrarte?

-A la informalidad. Como te dije antes, soy un soldado del sueño americano: formal, estructurado y súper puntual. Sigo siéndolo, pero en los negocios. En las relaciones me volví más relajado. Tuve que acostumbrarme a que si alguien te invita a un cumpleaños a las 21 horas, yo debería una hora más tarde (risas). Otra de las cosas que más me costó fue empezar a saludar a los hombres con un beso. Es una costumbre que, en muchos lugares del mundo, no existe. En Estados Unidos ni siquiera entre parientes, entonces eso fue difícil de aprender e implementar.

-¿Cómo viviste la cuarentena?

-A nivel laboral fue complicado. Parte de mi trabajo es en conjunto con universidades de Estados Unidos: hago intercambios con sus estudiantes que vienen a hacer pasantías a bodegas de Mendoza. Todo este año, y a lo mejor hasta mitad del año que viene, no creo que funcione. Así que cero ingresos por dieciocho meses. Afortunadamente, mi otro negocio, que es asesorar a inversores extranjeros, sigue funcionando.

-Hace un rato dijiste que para vos el 11-S había sido una especie de “renacimiento”. ¿Qué aprendiste?

-Aprendí a que hay que planificar menos y vivir el momento. Nos puede pasar un 11 de septiembre o puede llegar el virus COVID-19, como sucedió este 2020 y todas esas cosas que habíamos pensado para el futuro se evaporan en el aire. Mi vida es totalmente diferente a la que había imaginado a las ocho de la mañana del 11 de septiembre del 2001, pero es mucho mejor.

Volver al pasado

En su cuenta de Instagram (@soydavidenglish) David English tiene cerca de 1300 seguidores. En varias fotos se lo ve con su hijo Benjamín. A medida que empezó a crecer, “Benji” como lo llama él, comenzó a indagar acerca del 11-S. Gracias al niño y sus inquietudes, el año pasado, el estadounidense tomó coraje para regresar a la Zona Cero y contarle a su hijo lo que le había pasado ese día.

Volver a Nueva York no fue una experiencia para nada agradable, pero sí fue una experiencia importante. Era algo que yo tenía pendiente, algo que tenía que hacer y me alegró mucho que mi hijo pudiera acompañarme”, dice David.

Su regreso fue en el marco de la filmación de un documental acerca de su historia de vida, que se va a estrenar en 2021 para el vigésimo aniversario del atentado contra las Torres Gemelas.

“Yo perdí amigos, compañeros de trabajo y vecinos, incluyendo a los cinco argentinos fallecidos en el atentado. Fue muy fuerte encontrar sus nombres y apellidos tallados alrededor de las piletas que han construido para homenajear a las víctimas”.

Antes de despedirse David reflexiona acerca de los argentinos y dice sentirse uno más. "Siempre me recibieron con los brazos abiertos. En Australia, Inglaterra, en otros países, muchas veces me han dicho cosas feas solamente por tener un pasaporte de Estados Unidos, o sea, solamente por haber nacido en Estados Unidos. En Argentina eso no me pasó ni una sola vez en veinte años”. (Fuente: Infobae)

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