¿Sólo son buenas prácticas agrícolas?
La única buena práctica es dejar de envenenar la naturaleza, de contaminar los alimentos y a los seres humanos que los consumen.Por FundavidaOpinión Hace poco tiempo en estas páginas debatíamos con algunos defensores del modelo de agricultura industrial vigente en nuestra provincia, sobre la falsedad de los anuncios que se hacían asignándoles inocuidad a las substancias químicas usadas masivamente en los campos entrerrianos.Nos decían, y es bueno recordarlo, que eran inofensivos, que no hacían daño, que se diluían y desaparecían casi inmediatamente aplicados y atrás afirmaciones falaces del mismo tenor.Hoy vemos a los mismos que daban esos argumentos, cambiando radicalmente de postura pero sin mencionar que hasta hace poco eran parte fundamental del mecanismo que difundía estas falsedades tan peligrosas.Los que antes argumentaban que el glifosato era casi como agua bendita, hoy se muestran públicamente integrando Foros interesados en difundir buenas prácticas en el uso de estos agrotóxicos, lo que es un gran avance porque implícitamente, por lo menos ahora, reconocen su peligrosidad.Es un paso adelante, pero no alcanza, porque siguen quitándole la responsabilidad a los agrotóxicos, a pesar que algunos como el Endosulfán están prohibidos en el mundo entero, y asignando la culpa a los aplicadores, (o sea los seres humanos que en realidad son las víctimas), quienes según esta capciosa argumentación, en realidad serían los responsables.Para dar este paso han sido necesarias las exposiciones de Fabián Tomasi y Marta Cián en la legislatura, e infinitamente peor aún, una nueva muerte: la de Daniel Ortiz, uno entre tantas víctimas de este modelo atroz.No alcanza porque se sabe off the records, por los análisis que se han hecho en las aguas del río Uruguay y Gualeguaychú y sus peces, que los venenos de la agricultura se expanden más que peligrosamente en el ambiente, contaminando hasta transformar esos mismos peces, que acumulan en sus grasas estos venenos, en trampas mortales, que de acuerdo a normas internacionales los hacen no aptos para consumo humano, a pesar de lo cual, se siguen utilizando los venenos y consumiendo peces ante la indiferencia cómplice de contaminadores y funcionarios a cargo de los controles.No alcanzan porque las malformaciones que se están detectando en los hospitales públicos, generadas por las alteraciones endocrinas que provocan estas substancias están alarmando a la comunidad médica, principalmente de Paraná, que se tiene que hacer cargo por derivación del interior de la provincia, de estas terribles novedades.No alcanzan porque este modelo que se sigue expandiendo, según INTA é INTI, están actualmente sometiendo los suelos de la provincia a un proceso que catalogan como de minería extractiva y empobrecimiento irreversible.No alcanzan porque las autoridades del área siguen haciendo la plancha sobre las decisiones que deberían tomar y las leyes que deberían hacer cumplir y que no respetan, haciéndose pasibles de ser denunciados por incumplimiento de sus deberes como funcionarios.Pero podemos cambiar: desde que comenzó la agricultura, hace más de 10.000 años hasta apenas hace 100, los cultivos se hacían de forma orgánica y natural, los suelos se dejaban en barbecho para que se repusieran, y se abonaban con elementos orgánicos y no químicos como en la actualidad.Después de la primera guerra mundial, cuando las industrias químicas que fabricaban los Gases de la Muerte, mintieron que se podían usar para matar "bichitos" que se comían los cultivos, sin que pasara nada con los humanos, fue entonces que se inició esta historia que nos está condenando.Ni siquiera es verdad que cultivar estas semillas transgénicas que están terminando con la diversidad biológica del planeta sea el mejor negocio para quienes cultivan el campo.Si utilizáramos la potencialidad de nuestra Pampa Húmeda para producir alimentos orgánicos, nuestros clientes no serían los cerdos chinos o los vehículos europeos, nuestros clientes serían los sectores con mayor poder adquisitivo del planeta que advertidos de estos alimentos envenenados, no los consumen y prefieren los orgánicos aunque deben pagar mucho mayor precio por ellos.Por eso decimos: para envenenar la naturaleza y agotar nuestros suelos no existen buenas prácticas si utilizamos estos venenos. La única práctica sensata es dejar de ser esclavos de Monsanto y poner nuestras Universidades, Institutos Tecnológicos y nuestros recursos productivos a desarrollar y mejorar técnicas de cultivo, que no utilicen venenos ni manipulen genéticamente la naturaleza para obtener nuestros alimentos.Y para esto todavía estamos a tiempo.
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