"SOMOS POCOS LOS QUE QUEDAMOS"
"Somos pocos los que quedamos": El pueblito de Gualeguaychú que sufre el éxodo de sus habitantes a la ciudad
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El presidente de la Junta de Gobierno de Las Mercerdes habló sobre actualidad de la zona rural que habita. Dijo que en los últimos años se profundizó la migración a nuestra ciudad. "Hoy tenemos que hablar de grandes estancias y pequeños y medianos productores", aseguró, y recordó que en su momento funcionó una "estafeta postal". A las dos escuelas del pueblo concurren menos de 40 alumnos, cuándo antes eran más de 100.
Por Fabián Miró Las Mercedes es un paraje rural ubicado a poco más de 40 kilómetros de Gualeguaychú y a unos 30 de Larroque. Se trata de un lugar donde todavía trabajan dos almacenes con despacho de bebidas que suelen ser el punto de encuentro de los habitantes, una capilla y la escuela que en tiempos de normalidad era el lugar donde más se congregaban los pocos pobladores que van quedando para las distintas festividades. Raúl Elena, de 68 años, es el presidente de la Junta de Gobierno. Entrevistado por ElDía, contó que “Las Mercedes no tuvo un centro poblacional como Parera y Almada, pero sí una oficina de correo, pequeños productores con extensiones menores de superficie que trabajan la tierra con familias que solían ser numerosas, y tres escuelas de las cuales quedan dos". En el Establecimiento Educativo Nº 97 “La Rioja” llegaron concurrir 150 chicos, en su mayoría hijos de los colonos y de trabajadores de estancias que hasta hace algunos años se dedicaban a la explotación de ganadería demandando mucha mano de obra; mientras que ahora se dedican a la agricultura con servicios que, en su mayoría, prestan contratistas. El dirigente comentó que “las chacras se fueron despoblando, razón por la que la cantidad de habitantes disminuyó drásticamente; al igual que la cantidad de alumnos en la escuela 97 y en la 76 Bernardino Rivadavia que no supera los diez alumnos; en tanto que la más nueva, la 46, está cerrada desde hace largos años”. De los más viejos vamos quedando pocos, la mayoría se fue a Gualeguaychú Destacó que la población, desde hace algún tiempo, se está manteniendo con “poca cantidad de gente en la zona, como en otros parajes rurales”, y mencionó que por su trabajo de apicultor recorre distintos lugares, inclusive otros departamentos, donde el común denominador es ver establecimientos abandonados, avance de la naturaleza que transforman en taperas lo que antes era una explotación con mucha vida. "La verdad observar eso en Gualeguaychú, Uruguay, Tala, departamentos en los que trabajo con la miel, genera mucha pena”, lamentó, y aseguró que en Las Mercedes "de los más viejos vamos quedando pocos, la mayoría se fue a la ciudad de Gualeguaychú”, aseveró. Indico que también se ha dado el fenómeno de "mucha gente que tiene campos pero vive en la ciudad y que va y viene desde su domicilio a la ruralidad dos o tres veces o una por semana”. En ese sentido, afirmó que “despacio vamos avanzando con la brosa en los caminos, pero al ser una zona de mucha agricultura el paso de maquinaria pesada resiente la traza vial”. Educar en la ruralidad Verónica Anuzi, docente a cargo de la Escuela 97, enseña a 21 alumnos en la suma del primer y segundo ciclo. “Tengo 11 en el primer ciclo y 10 en el segundo. La mayoría vive en los alrededores y los que vienen de lugares más alejados los padres los traen en sus vehículos”, describió. Señaló a ElDía que dar clases en la ruralidad “tiene sus cosas lindas, los chicos que viven en el campo son distintos a los de la ciudad, tienen una vida diferente. Se trabaja muy bien, más personalizado con el alumno porque son menos que en el ámbito urbano, además que en una misma aula están chicos de diferentes grados”, reveló. La docente destacó que “los chicos vienen con entusiasmo, con predisposición a la escuela, esperando el día de concurrir a clases”. En lo que refiere a trabajar en pandemia, indicó que “ha sido y es complicado, especialmente en el 2020, donde tanto docentes como alumnos no podíamos concurrir a la escuela, que es el lugar de distracción de los niños, además de ser el lugar de reunión de las familias”. En la escuela hay servicio de internet, contando la mayoría de los alumnos con una buena conectividad. Recordó que en el “2020 la escuela cumplió sus primeros 100 años de vida que por razones obvias no se pudieron festejar”, y afirmó que las instalaciones "pese al paso de los años se encuentran en buenas condiciones, con una comunidad que colabora mucho al igual que la Junta de Gobierno, nos dan pintura, canillas que se rompen y detalles que siempre aparecen en un establecimiento que tiene un salón grande, tres aulas, cocina, dos baños y la dirección”, describió. Trabajar en el Campo Maximiliano Ramaglio es el vicepresidente de la Junta de Gobierno y productor ganadero (en el Establecimiento San Cayetano). Trabaja en una explotación familiar en una zona que tiene mucho monte, en un campo que se conoce como semibajo, siendo la ganadera la única explotación posible. Se trata de campos que se pueden cargar entre un 75% y un 80%. El joven de 34 años dijo a ElDía que trabaja en unas 300 hectáreas que se vieron severamente afectadas por la sequía. "Alimentamos a los animales con rollos para mantener el rodeo. Lo hicimos en el invierno pasado, la mayor parte del verano, y desde hace unos días estamos dando rollos nuevamente”, detalló. Maximiliano es uno de los pocos jóvenes que viven y trabajan en la zona de Las Mercedes, a 12 kilómetros de la escuela 97, en dirección a Ñancay. Contó que “trabajan con Hereford y Braford, intercambiando los toros”, y con el ciclo completo: “Tenemos la vaca de cría, hacemos la recría y luego el engordo, todo en campo natural”. Mencionó por último que por la sequía tuvo que vender novillos grandes para mantenerse, y que el cierre de exportaciones bajó los precios de la vaca entre 10 y 20 pesos. Sobre el éxodo rural,Raúl Elena opinó que se dio "en principio porque al crecer los chicos no tenían un horizonte laboral en las chacras, y después la irrupción de la soja provocó que se vaciaran los campos que apostaban a la ganadería”. Quedaron pocos en el pueblo, pero quienes siguen allí valoran el gran sentido de pertenencia.
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