Subcampeones en un Mundial. Campeones de la vida
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Seis deportistas argentinos participaron en el Campeonato de Natación y Nado Sincronizado para personas con Síndrome de Down en Canadá. El viaje dejó como resultado formal cinco medallas de plata; el saldo tiene mucho más que eso.Por Florencia CarboneDicen que cuanto más cuesta algo, más se disfruta alcanzar el objetivo. Las personas con Síndrome de Down y sus familias saben muy bien de qué se trata el concepto: todo (literalmente TODO) cuesta más.Los tiempos de aprendizaje son distintos, las demandas y necesidades son diferentes, y los costos económicos también son mayores. ¿Será por eso que el pecho se infla tres veces más de lo habitual y hasta quienes no tenemos contacto directo con las personas en cuestión nos emocionamos cuando se conocen noticias como las que llegaron desde Canadá hace algunos días? La Argentina volvió con 5 medallas de plata del Campeonato Mundial de Natación y Nado Sincronizado para personas con Síndrome de Down."La Argentina" (y semejante cosecha) estuvo en realidad representada por apenas seis atletas. Cinco de ellos fueron debutantes, y de los más jóvenes del Mundial, tienen entre 14 y 17 años. La sexta, Andrea Lazzari (42 años), además de obtener el 4° puesto con un emocionante "Solo" en nado sincronizado fue distinguida por ser la participante de mayor edad en la competencia (Ver "Superar las diferencias con el empuje de los patines").Evelia Avila (53), es cubana, pero hace 23 años que vive en la Argentina. Desde los 7 practica nado sincronizado -explica que ahora se llama al deporte "nado artístico"-, y aunque hace mucho que es entrenadora, cuenta que hace dos años y medio decidió "tomar este desafío y salir del circuito tradicional".Evelia es la entrenadora de Andrea Lazzari y Jacinta Martínez Ranceze, las dos representantes de Ciudad de Buenos Aires que viajaron a Truro, Canadá.
Clara Nievas y Jacinta Martínez Ranceze durante la presentación de la categoría "Dúo" de nado sincronizado, por la que obtuvieron la medalla de Plata en el Campeonato Mundial de Canadá, representando a la Argentina.
El resto de la delegación estuvo integrada por chicos de Mar del Plata: Catalina Domingo, Clara Nievas y Violeta Méndez (participaron en nado sincronizado), y Agustín Bortolotto, el único representante argentino en natación.Agustín (15), tuvo una destacada actuación en categoría Junior: fue medalla de plata en 25mts pecho libres (subcampeón mundial Junior), 5° en 25mts mariposa y 25mts libre; y 6° en 25mts espalda.Velocidades diferentes¿Cómo es entrenar a chicos down en una disciplina tan demandante como el nado sincronizado? Evelia explica a El Día que, ante todo, se trata de tener paciencia."Hay una velocidad de aprendizaje diferente. El nado se puede enseñar de distintas maneras pero es un deporte muy exigente en el que la coordinación es muy importante y hay que ir asimilando cada cosa. Muchas veces el mayor problema no está en los chicos sino en las aspiraciones que los padres tienen puestas en sus hijos", describe.El aprendizaje es mutuo, resalta Evelia y el relato -resumido y sencillo- del trabajo que hacen las chicas alcanza para entender el esfuerzo que demanda la disciplina."Entrenan tres veces por semana, entre una hora y media y dos. Además de los trabajos de fortalecimiento que se hacen en el agua, hay tarea externa complementaria. De todas formas, en los casos de Andrea y Jacinta, son chicas que hacen mucho deporte. Andrea hace patín, zumba, va al gimnasio. Jacinta tenía cero experiencia en esto, pero nadaba muy bien, hace danza, taekwondo y hockey", explica Evelia. Violeta Méndez y Catalina Domingo, dos de la atletas marplatenses que representaron al país en el Campeonato Mundial de Natación y Nado Sincronizado para personas con Síndrome de Down que hace algunas semanas se realizó en Canadá. Posan para la foto, divertidas, antes de salir a competir.
La entrenadora cuenta que en Mar del Plata hay una ONG que estaba trabajando en lo mismo y decidieron unirse para poder presentarse en la categoría equipos. En nado sincronizado -cuenta- se participa en "Solo Técnico" y "Solo Libre", "Dúo técnico" y "Equipo técnico" (el grupo puede estar integrado por 4 a 8 nadadores).En el caso del Mundial para personas con Síndrome de Down todas las categorías son mixtas."En la natación artística convencional hay una categoría mixta, que es Dueto. Aquí en todas las categorías pueden participar hombres o mujeres", dice antes de aclarar que, sin embargo, en el campeonato que se hizo en Canadá entre el 19 y el 27 de julio, el único país que llevó a un hombre fue Inglaterra.Evelia comenta que cuando el equipo de Buenos Aires decidió unirse al de Mar del Plata, los papás de Jacinta empezaron a viajar hacia la ciudad balnearia para que pudiera entrenar junto a quienes serían sus compañeras de equipo. Para Andrea la cosa era más complicada, además de todos los deportes que practica y su trabajo, su papá tiene 82 años.Evelia es una entrenadora independiente, pero explica que como las chicas están federadas por "Nademos" (una escuela deportiva), tienen derecho a trabajar en el Cenard (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo). Una vez por semana también van al Polideportivo Parque Patricios.Bailar en el aguaJacinta nació el 13 de octubre de 2.000. Hoy cursa cuarto año del Jesús María, un colegio porteño de doble escolaridad."A los 6 meses ya estaba en el agua. Hizo dos años de baile clásico y bueno, esto es como bailar en el agua", dice Raquel, su mamá, del otro lado del teléfono.Son las 19.30 del miércoles 15 de agosto. Raquel, profesora de Educación Física (ex alumna del mismo colegio) está llevando a Jacinta a ver un musical que presentan sus compañeras. "Es una excepción. Hoy Jachu va para ver a sus amigas, pero entre semana, a las 20, cenamos y nos acostamos temprano", aclara mientras de fondo se escucha a su hija (está activado el "manos libres" del celular).Jacinta va a un colegio de doble escolaridad y además de los deportes que practica por placer y elección, tiene su rutina obligada: psicóloga y psicopedagoga -por ejemplo-, por lo que recuperar energías es clave.¿Así que te volviste de Canadá con cuatro medallas de plata?, le pregunta ElDía. "Así es", responde con naturalidad Jacinta.Después, verborrágica, empieza a contar parte de lo que vivió en Canadá, otros logros anteriores (como que el año pasado fue a Montevideo y volvió "con un oro", o la medalla de plata que obtuvo en México, y la de oro que consiguió en los juegos porteños) y los próximos desafíos (además de ser cinturón azul en taekwondo, integra el seleccionado argentino de jockey "Las Lionas" y hay algunos viajes en agenda). Jacinta durante una de sus presentaciones. Las cuatro veces que compitió obtuvo medalla de Plata.
Nombra a las chicas de Mar del Plata, "son mis amigas", aclara: Clari Nievas, Cata Domingo y Viole Méndez.Al ritmo de canciones de Ricky Martín ("Livin La vida loca"), David Guetta ("Titanium"), y dos tangos, "Adiós Nonino", de Astor Piazzola, y "Taquito Militar", de Mariano Mores, Jacinta cosechó las cuatro medallas de plata que tanto orgullo causan: Jachu fue subcampeona mundial en Nado Sincronizado "Solo Técnico" y "Solo Libre", en "Dúo" junto con Clara Nievas, y en "Equipo", con Violeta Méndez Quiroga, Catalina Domingo y Clara Nievas.El financiamiento¿Y cómo pagaron el viaje a Canadá?Graciela Lazzari, hermana de Andrea, explica que como jubilado a su padre se le hacía muy complicado afrontar el costo del viaje (que en total rondaba los 250.000 pesos ya que además del pasaje y los gastos de Andrea deben contemplarse los de su acompañante y los de la entrenadora)."Pedimos ayuda al gobierno nacional que nos dio una subvención (16.000 pesos) y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires también colaboró (con 18.000 pesos). Fue una ayuda para achicar un poquito los costos", dice. La delegación argentina completa en Truro, Canadá: Catalina Domingo, Clara Nievas, Violeta Méndez (participaron en nado sincronizado), y Agustín Bortolotto (único representante argentino en natación), oriundos de Mar del Plata, y Andrea Lazzari y Jacinta Martínez Ranceze, por Ciudad de Buenos Aires, junto a los entrenadores.
Evelia agrega "eso iba sumando, todo el resto fue con los papás, así nos fuimos financiando. Para la ropa y todo lo demás fueron los padres los que se movieron muchísimo. Los chicos de Mar del Plata buscaron sponsor privados por todos lados y por suerte encontraron un montón. Al tener conformada una ONG (Organización No Gubernamental) cuentan con una estructura mayor para hacer esas cosas. Los papás de Buenos Aires también se movieron un montón, ¡movieron cielo y tierra! y consiguieron las mallas y las salidas de baño como para ir uniformados", explica Evelia que lejos de pensar en que se llegó a la meta aclara: "El desafío recién empieza. Quiero armar equipos y para eso se necesitan más chicas".¿Ya pensaste qué te gustaría hacer cuando termines la escuela?, pregunta El Día a Jacinta. "Niñera y seguir a Jesús", contesta Jachu.Alguna vez, Francisco Bedini (que además de ser el papá de Lucía, se define como un "militante de la discapacidad") dijo que cuando un padre se entera que su hijo tiene Síndrome de Down, "comienza algo distinto, un desafío con otros tiempos y cuyos resultados quizá se vean en plazos más largos" y que precisamente esa es la gran tarea que tienen por delante.Más allá de los tiempos y de que el esfuerzo para TODO sea siempre mayor, historias como estas muestran que bien vale la pena una dosis extra de paciencia. Jacinta, Evelia y Andrea, el trío porteño que entrenó con garra y formó parte de una delegación argentina de lujo.
Superar las diferencias con el empuje de los patines¿Sabés cuál es el origen de la "categoría especial" para personas con Síndrome de Down que compitan en patín? No, ni la comprensión ni el intento de protección, más bien todo lo contrario.Graciela Lazzari (57), la hermana mayor de Andrea, recorre con un orgullo inocultable la vida de la más chica de los seis hijos que tuvieron Alberto y Susana, quien falleció hace tres meses, a los 82 años."Cuando Andrea nació yo tenía casi 15 años. Me acuerdo que cuando la vi en el sanatorio, le miraba la nuca y repetía: No puede ser que sea down. Hoy no puedo creer que haya llegado hasta donde lo hizo", arranca.Cuenta que vivían en Ramos Mejía, en tiempos en los que los chicos podían jugar en la vereda sin problema. "A los 5 años Andrea le pidió a papá que le comprara un par de patines porque vio a una nena de la misma edad patinando en la calle. Él le compró los más baratos porque nunca pensó que podría subirse a los patines. La realidad es que ella no sólo se subió, sino que siguió. La anotaron en un club y empezó a patinar ahí", relata Graciela.Luego comenta que en aquel entonces no existía la categoría "discapacitados" y que su hermana competía con chicos "convencionales". "Desde los 15 Andrea empezó a competir fuerte, pero el tema era que los padres de los chicos "convencionales" no podían aceptar que ella, teniendo Síndrome de Down, les ganase a sus hijos. Tanto hicieron los padres que la Federación, para no tener problemas con ellos, decidió abrir una categoría para Síndrome de Down. Mi papá les decía: Andrea les puede ganar en este momento, en esta competencia y a esta edad, pero seguramente sus hijos llegarán a ser médicos, arquitectos, ingenieros, triunfarán en un montón de cosas en la vida que Andrea no podrá tener. Pero no hubo comprensión y se abrió una categoría aparte para chicos con Síndrome de Down."Evolucionar con el tiempoSin embargo, como dice el refrán, no hay mal que por bien no venga: toda esa movida sirvió para que Andrea fuera invitada a participar en las olimpíadas especiales que se hacían en Estados Unidos. "Allá fue como única nadadora y pionera en patín. ¡Y salió primera! Imaginate lo orgullosos que estábamos. Además, a partir de ese momento el deporte empezó a popularizarse entre los chicos con Síndrome de Down y cuando volvió a Buenos Aires la entrevistaron en diferentes medios, salió en la televisión con Xuxa, con Tinelli, y todo eso sirvió para que muchos papás de chicos con Síndrome de Down empezaran a tener otras esperanzas respecto de lo que podían alcanzar sus hijos, no sólo con el patín, sino socialmente".Graciela señala que hace 42 años, cuando nació su hermana, las cosas eran muy distintas para los chicos down y sus familias. "Ahora el camino está mucho más allanado, hay leyes que los protegen y socialmente son más aceptados. Cuando Andrea era chiquita existía muchísima discriminación. Había vecinos que le cerraban la puerta en la cara para que no se contactara con sus hijos, para que no copiaran conductas o pensando que era algo contagioso. Sí, entiendo que hoy cuando lo contás parece imposible que haya pasado -se adelanta-, pero era así".¿Cómo fue la llegada de Andrea al nado sincronizado? "Hace cinco años más o menos, papá empezó a buscarle otra actividad porque pensaba que por el tema de las caídas y demás, dejaría patín. Se contactó con Gabriela Viglino, que tiene una escuela de nado sincronizado y Andrea empezó a entrenar ahí".Graciela es quien se encarga de asistir a Andrea, aunque su papá de 82 años es quien la sigue acompañando a los entrenamientos. El diario deportivo Olé publicó hace algunos días una nota sobre Andrea y lo ilustró con un collage de imágenes preparado por Graciela, su hermana mayor.
"Ella vive con papá pero se desempeña muy bien en un montón de ámbitos. El hecho de practicar deportes con chicos convencionales la ayudó muchísimo en el ámbito social, lo mismo que su trabajo (hace años que está en McDonald's), para ampliar su vocabulario, fortalecerse y mantenerse físicamente. Es súper organizada, se lava la ropa, se plancha (tiene los estantes ordenados por colores), se prepara la comida. Tiene una independencia muy importante y en eso tiene mucho que ver el entrenamiento que tuvo a lo largo de su vida", cuenta Graciela.Cuando Andrea llegó a Canadá la saludaban todos: los italianos, los norteamericanos, los brasileños. Ella conoce a todo el mundo... y todo el mundo la conoce. De hecho, le entregaron una distinción por ser la participante de mayor edad en la competencia."A pesar de no manejar otro lengua más que el castellano se podía comunicar perfectamente -aunque sea por señas- con todo el mundo", cuenta risueña Graciela. Claro, los sentimientos -especialmente los buenos- no saben de idiomas.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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