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Suiza: los bancos y relojes más famosos del mundo, y estacionamientos a medida de mujer

Valeria Coloiera, una argentina que se mudó a Suiza en 2006, cuenta cómo es vivir en una de las economías más prósperas del mundo.

Florencia Carbone

Vouvry, Suiza.- Todo es impecablemente perfecto: el paisaje, la puntualidad (y calidad) de los trenes, el respeto por el peatón (si estás parado a 30 cm del cordón los autos frenan para darte paso), las flores brotan, literalmente, de las piedras.

Los Alpes y lagos, las cascadas y las vacas pastando a miles de metros de altura, y las construcciones de madera hacen que el visitante sienta que de pronto se sumergió en el mundo de Heidi, el dibujito que animó la tarde de millones de chicos en el mundo.

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Valeria Coloiera se mudó a Suiza en 2006. Explica que hay cuatro estaciones bien marcadas, que el invierno es muy largo y duro, no tanto por la nieve, sino por la falta de sol, y que en primavera todo es una explosión de flores. Las primeras atraviesan la nieve, y crecen hasta del cemento mismo.
Valeria Coloiera se mudó a Suiza en 2006. Explica que hay cuatro estaciones bien marcadas, que el invierno es muy largo y duro, no tanto por la nieve, sino por la falta de sol, y que en primavera todo es una explosión de flores. Las primeras atraviesan la nieve, y crecen hasta del cemento mismo.

Pero como en todo, no es lo mismo ver un lugar con ojos de turista que mirarlo (y vivirlo) a diario, como habitante.

Valeria Coloiera es argentina y vive en Suiza desde 2006.

Sin embargo, este paraíso visual no fue su primera ¿elección? La decisión de dejar la Argentina llegó de la mano de la crisis del 2001.

“El desfile de presidentes en la Casa Rosada, los cacerolazos, la pérdida de mi trabajo y hasta de mi casa (no pude conservar mi departamento por el famoso coeficiente SER), muy mala suerte en cuanto a robos a mano armada -creo que tengo un record: en Capital me asaltaron 3 veces en la misma semana-… todo influyó para que decidiera irme a probar suerte del otro lado del charco”, relata.

A Barcelona, con una patada

El charco al que se refiere Valeria es el océano Atlántico. Su primer destino fue Barcelona.

Como tantos argentinos, dejó el país con veintipico de años. Partió con varios títulos a cuesta: Licenciada en Periodismo, Analista en Medios de Comunicación Social, estudios y beca en la ONU en ética, postgrado en Project Management y en Seguros, y estudios en fotoperiodismo e Historia del arte.

“Me fui con la amarga sensación de que el país me había dado una patada en el culo”, resume cuando se le pregunta qué sintió en aquél momento.

Cuenta que el desembarco en España se vio facilitado por su segunda nacionalidad –italiana- pero que como obviamente no fue a la única que se le ocurrió dejar la Argentina en aquel momento, el primer año no fue fácil.

Después logró acomodarse. Vivió 5 años en Barcelona. Logró ser Directora de Mercado hispanohablante de una compañía financiera internacional y por su trabajo pasó un tiempo en China (“una experiencia muy enriquecedora”, destaca).

De vuelta en Barcelona conoció a su actual esposo, de nacionalidad francesa, y tuvieron a su primer hijo.

Segunda expatriación

Pero al poco tiempo sobrevino una crisis en el mercado laboral español y entonces decidieron mudarse a Suiza por una oferta laboral que recibió su esposo.

En 2006 comenzó la aventura suiza.

“Los primeros tiempos en un nuevo país nunca son fáciles, sobre todo si no se habla el idioma y no se anticipan las diferencias culturales, aunque no esperaba tantas diferencias culturales (¡sobre todo después de haber sobrevivido en China!)”, cuenta.

Valeria explica que poco a poco logró remontar “la curva del shock cultural”, abriéndose camino y reinventándose.

-¿Qué es lo mejor de la vida en Suiza?

-Sin dudas, la seguridad, tranquilidad, estabilidad, organización, el contacto con la tierra y la naturaleza, los paisajes, la pureza del aire, la ecología, la ubicación central que brinda un acceso fácil a varios países europeos entre 30 minutos y 2hs de auto.

La red de transportes no es exhaustiva y por la noche se para todo, pero son muy eficientes y limpios.

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Vouvry se encuentra entre el río Ródano y los Alpes, a 30 minutos de la frontera con Francia, una hora de Italia, y a 15 minutos del lago Leman (foto), rodeado de campos de cultivos, viñas (crecen en terrazas construidas en la montaña) y bosques.
Vouvry se encuentra entre el río Ródano y los Alpes, a 30 minutos de la frontera con Francia, una hora de Italia, y a 15 minutos del lago Leman (foto), rodeado de campos de cultivos, viñas (crecen en terrazas construidas en la montaña) y bosques.

Los impuestos son altos, pero se ven los resultados de lo que uno paga. Las cuentas son de una transparencia absoluta, aprobadas en Asamblea y presentadas al pueblo.

La ventaja de vivir en una sociedad bien organizada tiene la contrapartida de la estructuración, que puede ser sofocante.

El aislamiento geográfico entre montañas de este país, que ha sabido mantenerse al margen de conflictos políticos y no forma parte de la Unión Europea, sumado a los valores protestantes que han marcado su cultura, le confiere a la población un carácter más bien cerrado y austero en su forma de ser.

Tardío voto femenino

En Suiza se convive en armonía. Dos religiones predominantes (católica y protestante); cuatro lenguas oficiales (alemán, francés, italiano y romanche); paisanos de la tierra; jeques de vacaciones; financistas; relojeros; expatriados de las diversas compañías y organismos internacionales que tienen sede en el país; refugiados políticos; políticos de derecha e izquierda.

No todos se entienden pero cohabitan bastante armoniosamente y esa es una de las cosas que sorprenden.

Otra es la democracia semidirecta, una peculiaridad del sistema político suizo que ofrece al pueblo la posibilidad de pronunciarse sobre decisiones del Parlamento federal o de proponer enmiendas a la Constitución.

Hay dos cantones donde todavía la gente se reúne en la plaza para votar a mano alzada. Por el contrario, las mujeres pueden votar a escala nacional solamente desde 1971.

-¿Y lo que más te cuesta?

-Es un país muy conservador, con mucha resistencia al cambio. En cuanto a igualdad de oportunidades por género, queda mucho por hacer.

Aquí las mujeres siguen ganando menos que los hombres. Pero eso no es todo, el problema incluso mayor es que en toda la sociedad hemos interiorizado un profundo sexismo.

No hay igualdad salarial y financiera. El año pasado la diferencia entre el salario medio de hombres y mujeres fue de 12%, y eso se acentúa para los puestos con altas responsabilidades.

No hay igualdad en la representación política, la participación de las mujeres alcanzó un máximo de 28,9% este año (fue 14,6% en 1991).

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Pese a los avances en los más variados sectores, una de las grandes cuentas pendientes de Suiza tiene que ver con la igualdad de género. En la foto se ve el estacionamiento de un centro comercial en el que se da la
Pese a los avances en los más variados sectores, una de las grandes cuentas pendientes de Suiza tiene que ver con la igualdad de género. En la foto se ve el estacionamiento de un centro comercial en el que se da la "bienvenida" a las mujeres con espacios más anchos para que puedan estacionar su auto. Más allá de ese detalle, las mujeres en Suiza no gozan de igualdad salarial, financiera ni política.

Aporte extranjero

Algo interesante es el aporte de las mujeres extranjeras a la emancipación en Suiza. Una mirada a la historia muestra que la inmigración, especialmente de Italia y Rusia, ha sido un importante impulsor de la igualdad de género en Suiza.

Los derechos de voto a nivel federal fueron adquiridos por las mujeres en 1971 (esas fueron las primeras elecciones con participación femenina) y el 27 de noviembre de 1990 se introdujo el derecho al voto en el último cantón, Appenzell.

En un ámbito menos serio, entre las cosas que más me cuestan está la falta de intimidad espontánea a la que estamos acostumbrados los argentinos, el calor de la gente, la charla, ¡el gusto de la carne!

-¿Cómo se vive la globalización? ¿Cómo es la integración de los extranjeros? ¿Hay recelo respecto de los inmigrantes?

-No hay quien pueda escapar a la globalización, se vive y se siente por todos lados. Hay mucha población internacional (25%), lo que confiere a este país un ambiente muy cosmopolita. Hablo al menos 3 idiomas por día, ¡todos los días!

Recelos hubo y habrá lamentablemente siempre, sobre todo en las regiones fronterizas donde se acusa a los alemanes, franceses o italianos de venir a “robar empleo” a los suizos, porque en general los sueldos son más altos.

Aun si a los extranjeros se les paga menos, ganan más que en su país y ciertamente viviendo del otro lado de la frontera pueden ahorrar más, ya que el costo de vida es muy alto acá.

De todas formas, al no tener costas marítimas y teniendo controles en las fronteras, los inmigrantes que llegan a Suiza son mayormente refugiados políticos o familias sirias que integran programas de recibimiento especiales diseñados por la Confederación.

Hay mucho esfuerzo en la integración, programas cantonales enteramente dedicados a este tema con servicios de mediación, cursos de idioma, inserción laboral, soporte escolar, etc… para migrantes. Es justamente en lo que trabajo.

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Vouvry tiene 4000 habitantes. Es un pueblo en el que
Vouvry tiene 4000 habitantes. Es un pueblo en el que "la gente todavía se saluda en la calle y si te olvidas la puerta abierta no pasa nada", cuenta Valeria Coloiera.

Hacer el duelo sin cortar las raíces

-¿Te sentís inmigrante?

-Creo que si miramos sinceramente nuestras raíces, todos somos migrantes de algún lugar, por lo cual siempre me voy a sentir “migrante” incluso en mi país de nacimiento.

Vivir en el extranjero significa ciertamente hacer un duelo, despedirse de los seres queridos, llorar recuerdos, alejarse del cómodo marco de referencia que conocemos… No significa forzosamente cortar con nuestras raíces porque, al contrario, muchas veces estas se ven reforzadas al tener una visión desde otro ángulo que nos lleva a apreciarlas.

-¿Qué significa vivir lejos del país de origen?

-Te hace desarrollar la propia conciencia, la creatividad, la resiliencia, la mente abierta, porque las cosas se ponen en otra perspectiva al estar confrontados a otra/s mirada/s. Nuestro mundo/cultura/valores ya no son únicos, y tenemos que encontrar nuestro lugar en este nuevo ecosistema.

Experimentando cosas nuevas aprendemos cosas nuevas sobre nosotros mismos.

En mis talleres ayudo a la gente a desarrollar la inteligencia cultural para moverse con más confort de una cultura a la otra y evitar, o minimizar, el choque cultural de la expatriación.

La integración es una decisión personal. Se requiere un primer tiempo de autodescubrimiento y un reconocimiento de la cultura que nos hospeda. Ese trabajo permite anticipar los puntos de encuentro y los puntos de roce entre tu cultura y la local, y poner en marcha un plan de acción para que tu integración (o la de tu familia) sea exitosa.

El choque cultural es una sensación de confusión e incertidumbre.

Uno de mis choques culturales en Suiza fue la primera vez que intenté saludar a una persona que no conocía, como solía hacer en mi país, con un beso en la mejilla. La persona, sorprendida, dio un paso atrás y me saludó apretándome la mano.

Mi primera impresión fue ¡qué gente más fría! Más tarde comprendí que la distancia física cómoda para los suizos al saludar a una persona por primera vez es de unos 80 cm. Este es el espacio privado donde los suizos se sienten respetados. Luego, cuando se logra cierta familiaridad, se puede saludar con un beso en cada mejilla.

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Valeria Coloiera se mudó a Suiza en 2006. Explica que hay cuatro estaciones bien marcadas, que el invierno es muy largo y duro, no tanto por la nieve, sino por la falta de sol, y que en primavera todo es una explosión de flores. Las primeras atraviesan la nieve, y crecen hasta del cemento mismo.
Valeria Coloiera se mudó a Suiza en 2006. Explica que hay cuatro estaciones bien marcadas, que el invierno es muy largo y duro, no tanto por la nieve, sino por la falta de sol, y que en primavera todo es una explosión de flores. Las primeras atraviesan la nieve, y crecen hasta del cemento mismo.

Tango y mate en los Alpes

-¿Se mantienen la cultura/costumbres argentinas en tu casa?

-He aprendido a valorar el tango y a tomar mate sola. He organizado degustaciones de mate en mi pueblo explicando los secretos del cebarlo, talleres de cultura argentina, tradiciones gauchescas, y hasta lanzamiento de boleadoras (mis costillas no me lo agradecieron, pero la gente lo disfruto mucho, agrega riendo.)

En casa celebramos las fiestas patrias. Mis hijos conocen el himno nacional, juraron a la bandera en el Consulado argentino en Berna y recibimos invitaciones periódicas para unirnos a festejos nacionales donde se perpetúan las tradiciones. Es algo que valoro y agradezco mucho porque me facilita la transmisión cultural y de mis raíces a mis hijos.

-¿De dónde son los amigos de la familia?

-¡De los cuatro rincones del mundo! Tengo una ahijada suiza de la familia de ex vecinos que nos hicimos muy amigos. La mayoría son extranjeros: argentinos, españoles, italianos, croatas, ingleses, franceses, norteamericanos, keniatas, nigerianos, alemanes, vietnamitas, chinos…

La amistad en una lengua que no es la propia tiene sus dificultades, no tiene la misma espontaneidad ni intimidad, sumado a las diferencias culturales, pero es muy importante socializar.

Qué es la “suisitud”

-¿Cuáles son las preocupaciones de un suizo promedio?

-Un suizo promedio interviene en su sociedad, está políticamente informado, vota, puede erigir iniciativas que pueden terminar en ley o reforma constitucional, se preocupa por estar bien cubierto a nivel de seguros (¡aquí hay seguros para todo!). En general, hay un gran compromiso social, es un honor (y una buena oportunidad derelacionamiento) hacer el servicio militar, continuar las tradiciones que conforman el patrimonio cultural inmaterial, ser voluntario en eventos y organizaciones, formar parte de una banda musical, del cuerpo de bomberos u otra asociación civil.

En Suiza hay más de 400.000 asociaciones y se calcula que 1 de cada 4 suizos son miembros de al menos una.

La tecnología, la manufactura y los laboratorios (medicinales) son los pilares de la economía suiza.

Es un pequeño país que cuenta con un alto número de Premios Nobel, centros de investigación y desarrollo, innovación y universidades de prestigio a nivel internacional.

Un suizo promedio paga sus facturas a tiempo, no le gusta tener deudas ni ensuciar su registro judicial. La reputación es muy importante, así como lo son las relaciones. Hay un orgullo de ser suizo, lo que aquí llamamos la “suisitud”.

Se valora el tiempo propio y el del otro, la puntualidad es un signo de respeto. Los horarios se respetan al minuto.

Una multa por exceso de velocidad puede representar dos meses de salario y retiro de permiso.

No hay opción de comportarse mal.

El suizo aprende a ser honesto desde que nace. Cuando se encuentra algo en la calle se lo deja a la vista para que la persona pueda volver a pasar y encontrarlo.

Hay muchas granjas donde se puede ir a auto-cosechar frutas y legumbres, se las pesa, se anota en un cuaderno lo que se lleva y se deja el dinero que corresponde en una caja.

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En primavera, se suben las vacas a la montaña para que pasten en la naturaleza. En otoño se las baja a pasar el invierno en la planicie. Ambos momentos se celebran con una fiesta popular muy colorida.
En primavera, se suben las vacas a la montaña para que pasten en la naturaleza. En otoño se las baja a pasar el invierno en la planicie. Ambos momentos se celebran con una fiesta popular muy colorida.

Escuelas donde conviven Matemática y yoga

-¿Cómo es la educación que reciben tus hijos (Matteo y Noah, de 12 y 10 años)?

-Estudian en la escuela pública, que es gratuita. Vivimos en Valais, uno de los cantones mejor posicionados a nivel de programa educativo y de exigencias en toda la Suiza.

Lo que me llamó la atención desde un principio es que además de las materias de enseñanza tradicional tienen otras herramientas para desarrollar la inteligencia emocional y preparar a los chicos para la vida en sociedad.

Mis hijos han tenido yoga en el jardín de infantes. En la primaria ya aprenden la lengua oficial -en nuestra región es el francés-, además de alemán e inglés.

Al ingresar al ciclo de orientación (3 años después de la escuela primaria pública) pueden elegir otro idioma entre italiano, castellano y latín. Además tienen clases de costura y cocina. Tienen deporte dos veces por semana y una vez por semana o cada dos semanas, natación.

Hay escuelas privadas e internacionales a donde acuden mayormente los hijos de los empleados expatriados de las empresas multinacionales por una cuestión de facilidad de cambiar de país siguiendo el programa.

Hay programas de intercambio lingüístico para todos los niños para que mejoren el alemán conviviendo unos días con una familia alemana o suizo-alemana.

Hay jornadas de prácticas laborales donde pasan el día en una empresa o comercio para familiarizarse con el empleo o profesión que potencialmente podrían realizar al terminar los estudios.

Lo que es realmente diferente es que hay instaurado un sistema de selectividad a edad temprana. Según el promedio de los chicos en las materias principales (Francés y Matemática), al terminar la primaria pasan en categoría A o B al Ciclo, lo que comienza a predeterminar un poco su futuro cuando ni han llegado a la adolescencia.

Luego si tienen resultados excelentes pueden saltar un año de los tres del Ciclo para pasar directo al College que son 5 años como nuestra secundaria y tendrán un acceso facilitado a la Universidad.

Si no, luego del Ciclo podrán orientarse rápidamente a ocupaciones técnicas, de comercio o sociales.

En un sistema basado en exámenes como en Suiza, un niño aplicado y proviniendo de una familia modesta puede aprobar el examen de admisión; accediendo a las mejores escuelas que además son gratuitas. Hay igualad de oportunidades.

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