SEÑALES DE UN CLIMA EN TRANSICIÓN
Súper El Niño: Crece la probabilidad de su llegada y advierten sobre su posible impacto
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Modelos globales meteorológicos anticipan un fenómeno extremo para el último trimestre de 2026. Las anomalías oceánicas podrían afectar a la agroindustria y a los caudales hídricos. Para Entre Ríos, y en especial para Gualeguaychú, los especialistas aseguran que podría traducirse en un escenario más húmedo, con riesgo de lluvias intensas y crecidas de los ríos, aunque estos escenarios continúan sujetos a múltiples variables que todavía están en evolución.
El sistema climático global atraviesa una etapa de transición que mantiene en alerta a especialistas y organismos internacionales. Los modelos coinciden en un escenario cada vez más probable: el desarrollo de un evento El Niño durante 2026 que podría extenderse hasta 2027 e incluso alcanzar una intensidad significativa.
El Niño representa la fase cálida del fenómeno ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), un sistema acoplado océano-atmósfera que altera la circulación atmosférica global. Se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental registran temperaturas superiores al promedio durante varios meses. Ese calentamiento genera efectos conocidos como “teleconexiones”, capaces de modificar los regímenes de lluvias y temperaturas en regiones ubicadas a miles de kilómetros.
Según los últimos informes del Centro de Predicción Climática de Estados Unidos (NOAA), el sistema ENSO se encuentra actualmente en fase neutral, con un 80% de probabilidades de mantenerse así durante el trimestre abril-junio. Sin embargo, esta estabilidad sería transitoria: existe entre un 61% y 62% de probabilidades de que se desarrolle un evento El Niño entre mayo y agosto, con altas chances de prolongarse hasta fines de 2026.

En la misma línea, el Instituto Internacional de Investigación para el Clima y la Sociedad (IRI-Columbia) presenta un escenario incluso más contundente: aunque la neutralidad domina el trimestre actual, las probabilidades de El Niño ascienden rápidamente al 72% entre mayo-julio, al 80% en junio-agosto y se mantienen en esos niveles durante el resto del año. Es decir, para la segunda mitad de este año, El Niño no aparece como una posibilidad remota, sino como el escenario dominante. Además, los especialistas advierten sobre su intensidad potencial. De ocurrir el fenómeno, actualmente existe alrededor de un 25% de probabilidades de que sea fuerte o muy fuerte. En ese caso, se podría hablar de un Súper El Niño, un concepto que -aunque no pertenece a la terminología oficial- se utiliza cuando el calentamiento del Pacífico ecuatorial supera los +2°C durante varios meses.
Ahora ElDía conversó con los meteorólogos Alejandro Gómez y Leandro Lódolo, así como también con Daniel Hernández, especialista local en fenómenos climáticos y gran conocedor del impacto de las lluvias e inundaciones en Gualeguaychú.

Respecto a la llegada de El Niño, Gómez dejó en claro que las primeras señales ya son evidentes en los datos observados: “Hay una reversión, un cambio sustancial que se nota realmente con las temperaturas del Pacífico ecuatorial. Hay una disminución de los vientos alisios y de la oscilación sur, lo que favorece el avance del agua caliente y el aumento de la convección”. Y destacó que el calentamiento se observa tanto en la superficie del océano como debajo de la misma: “Las temperaturas del mar están mostrando un incremento y también se ve un corrimiento de agua cálida hacia nuestra zona. En base a estos indicadores, el fenómeno podría confirmarse hacia fines de mayo o durante junio ya que tendríamos datos consistentes con la llegada de una corriente de El Niño”.
Sin embargo, Gómez mencionó que para medir la intensidad de este evento “no solamente cuentan las temperaturas, sino la cantidad de agua cálida que se desplace”. En ese sentido, indicó que los modelos actuales sugieren un escenario de El Niño “por lo menos moderado”, aunque sin descartar que escale a una categoría superior si aumenta el volumen de agua cálida.
Por su parte, Lódolo apuntó que el cambio hacia el fenómeno de El Niño tendría implicancias directas para la región del Litoral: “Habrá más precipitaciones y mayor humedad. Tuvimos tres temporadas consecutivas de La Niña con sequía; en este caso sería lo contrario. Obviamente, el exceso de agua afectaría a la actividad agrícola y ganadera”. Aun así, insistió en la cautela a la hora de elaborar pronósticos recordando que “hay que seguir paso a paso cómo evoluciona la temperatura del mar”.
Desde una perspectiva local, Hernández explicó los factores que determinarán el impacto concreto de este fenómeno en Gualeguaychú. “Hay que esperar que realmente se produzca el evento y en qué condiciones. Tal vez para la primavera podríamos tener mayor claridad y analizar la temperatura del Pacífico, la evaporación, los vientos y si traen humedad intensa hacia nuestra zona. La combinación con las corrientes del Atlántico será determinante. Factores como las lluvias en el sur de Brasil, el nivel del río Uruguay, la represa de Salto Grande y el comportamiento del propio río Gualeguaychú —cuya cuenca abarca unos 7.000 km²— son clave para anticipar posibles crecidas”.
De todas formas, Hernández anticipó un escenario probable: “Seguramente habrá un incremento en las precipitaciones, y si el evento se intensifica, podríamos tener lluvias intensas y frecuentes durante el verano. Esto obligaría a monitorear fenómenos como la sudestada, muchas veces decisivo en la crecida de nuestro río. Tenemos antecedentes: El Niño provocó múltiples inundaciones y evacuaciones en Gualeguaychú, como en 1983 y 1997-98”.
Gómez también se refirió a esos dos eventos y aclaró que, aunque estos sí se tradujeron en un impacto considerable para nuestra región, no necesariamente tendría que ser así. “Tuvimos un fenómeno de El Niño con magnitudes importantes, más que moderadas, entre 2015 y 2016, pero su repercusión para nuestra zona no fue significativa. No siempre se puede asegurar que impacte directamente sobre Entre Ríos”.
El Niño en un clima alterado
A escala global, el fenómeno se da en un contexto adicional que amplifica sus efectos: el Cambio Climático. Con un planeta que ya se ha calentado alrededor de 1,46°C respecto de la era preindustrial, El Niño no ocurre bajo las mismas condiciones que décadas atrás. Esto implica que sus impactos pueden ser más intensos y menos previsibles, con lluvias más extremas y eventos más frecuentes. Incluso, un fenómeno fuerte podría elevar temporalmente la temperatura media global en hasta +0,3°C, acercándola a valores cercanos a 1,8°C. Este dato es relevante en el marco del Acuerdo de París, que establecía como límite evitar superar el umbral de 1,5°C.
En paralelo, el Servicio Meteorológico Nacional ya anticipa un invierno más cálido de lo habitual en Argentina, con temperaturas superiores a lo normal y mayor probabilidad de lluvias, en línea con la posible irrupción del fenómeno.
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¿Qué es el Súper El Niño?
El Niño es una alteración del océano Pacífico tropical: los vientos alisios se debilitan, grandes masas de agua cálida se desplazan hacia la costa americana y eso desordena las lluvias y temperaturas en buena parte del planeta. El fenómeno ocurre cada varios años y sus efectos varían según la intensidad.
Cuando ese calentamiento supera ciertos umbrales históricos, los especialistas empezaron a llamarlo Súper El Niño. El episodio más recordado fue el de 1997-98; y el siguiente, en 2015-16.
Por ahora, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima un 61% de probabilidad de que haya El Niño en 2026, pero solamente un 25% de que sea fuerte o muy fuerte. Habrá que esperar hasta junio para tener datos más firmes, cuando los modelos superan la llamada “barrera de predictibilidad”.
Para la Argentina, la señal más concreta apunta a lluvias por encima de lo normal en el Litoral y la zona pampeana entre la primavera de 2026 y el verano siguiente. Un alivio para zonas con déficit hídrico, pero un riesgo real de inundaciones donde los suelos ya están saturados.

