Susana Lizzi presenta “La boca al rojo vivo”
La prestigiosa docente y escritora local lanza un nuevo libro y con tal motivo conversamos con ella. Nos habló de su infancia, el barrio, la escuela, las maestras, sus padres y el misterio de los cuentos.Por Verónica Toller y Gustavo Rivas - Una vuelta a la infancia un poco como docente, como escritora..."La Boca al Rojo Vivo", es la boca del brasero. Esto le está diciendo a los lectores que mi infancia fue muy pobre. Esto es importante porque el libro tiene una intención pedagógica: en primer lugar, porque tengo la fortuna de trabajar en la Escuela Pablo Haedo, que es una escuela inclusora. Y esto significa muchísimo compromiso por parte de los docentes y directivos, mucho esfuerzo desde múltiples aspectos. La "Pablo Haedo" recibe alumnos de la escuela N°8, Rosendo Fraga, que cuando yo era niña era la 9. En su mayoría son chicos con muchísima problemática, en el orden social, económico y cultural o afectivo; entonces ¿en qué estoy pensando cuando escribo este libro? En que esos chicos tienen muchísimo para decir, y leyendo estas historias los animo a que ellos cuenten las suyas, para trabajar la enseñanza desde otro lugar.Mi familia estaba integrada por mis padres y cuatro hermanos. Mi papá se llamaba Martín Benito Lizzi y mi mamá, Reneé Angélica Collazo. Estos datos se encuentran en las notas al pie que tiene el libro que es, en realidad, una recopilación de leyendas míticas, de creencias, supersticiones y algunas costumbres muy ligadas a la imaginación, como por ejemplo, la medida para el empacho.- Desde chiquita me han medido el empacho a mí, a mis hermanos, a mis primos, a todos. Estás empachada cuando el codo no alcanza...- Puede ser muy efectivo pero hay que tener fe. Es innegable que la imaginación radica en que a alguien se le ocurrió que hay que utilizar una cinta, con determinada métrica y aplicando los codos para curar.- Todo está ligado a la imaginación. Sin embargo, tiene un fundamento científico; efectivamente sirve para curar el empacho.- Tiene fundamento científico, por eso no está en mi libro.- Concretamente, ustedes ¿dónde vivían en ese barrio?Vivíamos en calle Victoria y Rodó y se los digo a mis alumnos porque muchos son de ese barrio, el "Barrio Franco", que actualmente es muy distinto, porque tiene pavimento, luz eléctrica. El libro empieza con la descripción del barrio en aquella época. En realidad son pinceladas, rasgos, no es que yo cuente en profundidad las cosas; solo pretendo que sirva como un "sacachorchos" para que el chico, a partir de esto, pueda contar sus propias historias de vida, relacionadas no sólo con la imaginación, sino también sus vivencias, eso permite ayudarlos desde otro lugar para facilitar la enseñanza-aprendizaje.Parece mentira, pero cuando yo leo los cuentos, empiezan a decir: "allá, en un rancho al lado de casa, señora, aparece una mujer vestida de blanco", o: "hay alguien que se transforma en chancho". Hasta el día de hoy aparecen esas historias.- Aparecen los braseros calentando la estancia de la casa.- No. Casi nadie sabe hoy lo que es un brasero. Acá hay anacronismos fatales porque el tiempo pasa...- Victoria y Rodó: Barrio Franco del cual han surgido equipos de fútbol, jugadores, boxeadores; además, ahí nace "La Barra Divertida"... Todas estas historias están en boca de tu papá.- Están en boca de mis padres.- ¿Y tu madre también les relataba cuentos?. Pero la parte principal por lo visto ha sido de tu padre.- Porque ella, como todas las mujeres, iba y venía, cocinaba, planchaba, atendía todo. Entonces mi papá nos entretenía de este modo.- ¿De dónde se nutría? ¿del campo?.- Acá tengo que confesar algo que digo en el libro: él jura que esos hechos son reales. Este libro está escrito hace algunos años pero lo reformulé ahora para presentar el proyecto al CFI, porque está encuadrado dentro de lo que es el Programa Identidad que sustenta la Subsecretaría de Cultura de la Provincia, como rescate cultural y costumbrista. En él hay como un juego de épocas, porque transcurre en mi infancia, pero mi padre cuenta cosas que pasaron en la suya.- Y la infancia de tus alumnos a los cuales se los dedicás y se lo contás hoy.- Sí. Además, hay un relato dentro del relato. Porque están los cuentos que nos hace alrededor del brasero, que están sustentados en vivencias de él y de sus hermanos, pero todas relacionadas con esta cuestión de la imaginación popular que es lo que a mí me interesa rescatar. Porque ustedes saben muy bien que la imaginación es lo más humano que tenemos. Desde allí nace la creatividad, las expresiones del arte, la facultad de resolver otras cuestiones.- ¿Cuándo lo escuchabas contar a tu padre? Pintanos cómo era la escena... - Creaba el clima, por supuesto. Pero aparte, el clima estaba dado, porque ustedes háganse esta composición de lugar: una cocina comedor con piso de tierra, paredes sin revocar, sin luz eléctrica. ¿Entonces qué había ahí? Una lamparita de kerosén que estaba donde mi madre cocinaba; nosotros estábamos en el cono de sombra, en unas sillitas de madera que papi construía con sus propias manos -porque él era carpintero, albañil, tenía todos los oficios juntos, era una persona muy creativa-; entonces, nos sentábamos alrededor del brasero, donde se colocaba un tachito con kerosene y el hisopo de algodón para curarnos los sabañones, y para que no lloráramos, nos contaba cuentos. Pero los cuentos que a nosotros nos gustaban no eran las anécdotas comunes y corrientes: nos gustaban los cuentos de miedo. Esos eran los que preferíamos por sobre todas las cosas.- ¿Cuál era el cuento que ustedes más pedían?¿Cómo me acuerdo yo de estos cuentos a lo largo de los años? Porque él los repetía una y otra vez a pedido nuestro. Después, empecé a grabarlo. De la desgrabación surge "Con la Boca al Rojo Vivo". Este libro tiene un agradecimiento a Gustavo Carbone, porque él, junto con mi marido, me animan a presentarlo al CFI. Me enteré de que se había abierto la convocatoria porque una amiga de Chajarí, que es periodista -Ángela Martínez- me pasó el dato. Mandé el proyecto y tuve la suerte de ser seleccionada; así que estoy muy feliz de que sea con este presupuesto de poder tener un margen pedagógico.El anterior libro que publiqué era autogestión: "La Telaraña", en el 2001.- Pese a no haber publicado tanto, has escrito toda tu vida. Como Presidenta de la filial local de la SADE, organizaste el Encuentro Internacional de Escritores. Vamos a leer un párrafo del libro."Si un día al atravesar una puerta una mano invisible les tocara el cabello. O si al arrellanarse en el sofá preferido súbitamente bajara la temperatura del ambiente hasta provocarles intenso frío, ¿qué pensarían ustedes? Y si un golpe en el pecho los sorprendiera en medio del descanso ¿darían crédito a sus sentimientos o preferirían negarlo como quien apaga un fuego que pudiera consumirlos? Las historias que dan cuenta de sensaciones táctiles, frío, calor, caricias, empujones son comunes. A uno mismo le podría pasar que en determinado momento algo nos roce la piel y nos deje la sensación de haber sido tocados por un elemento invisible, o haber sido sutilmente conmovidas las zonas expuestas de la piel, sucesos que después nos dejan dudando de su existencia. Algo así también pasó en la familia de Papi. Cierta tarde estábamos comiendo pan con manteca y miel, riendo y conversando. En verano la manteca se guardaba en un tazón con agua y sal para que no se derritiera a falta de heladera. En invierno no teníamos ese problema y entonces mami dejaba que nos sirviéramos solos. Sin peligro de enchastre. De pronto un golpe azotó la puerta". Y sigue la historia. "Alguien tuvo una caricia inesperada". - Según lo que vemos en este historia, alguien de la familia de tu papá le pasó que lo tocaba un fantasma.- Exactamente. Mi tía "Licha"; ella de noche sentía una mano fría que la tocaba y...hay que leer el libro.- ¿Ella se levantaba, miraba? - Ella gritaba, porque era nena. Entonces venía mi abuela, con una vela...y en el cuarto no había nadie más...- En su imaginación le ponía hasta cuerpo y cara a esa mano que la tocaba.- Hay una escena de niños muy linda ahí, en ese cuento, que me gusta particularmente, a la orilla de un arroyo. Mis abuelos vivieron en Larroque de donde mi papá es oriundo. Después, en la época de Perón, se repartieron tierras en Colonia Elía y mis abuelos empezaron a trabajar ahí. Compraron un campo donde pasaba un arroyo, que es donde transcurre esta escena.- En cada familia siempre hay una persona que conserva los objetos familiares, entones nos damos cuenta de que en los Lizzi, es Susana.- Darío Lizzi me ha propuesto que escribamos la historia de los Lizzi. Hace poco hubo una reunión de la familia en Larroque a la que fueron cerca de mil parientes. Esto es algo importante que se está dando y es otra cosa que aparece en el libro: el tema de los inmigrantes.- Volvamos al barrio. Vos fuiste a la escuela Rosendo Fraga. ¿Ahí hiciste toda la escuela primaria?.- Empecé segundo grado; enseguida me tomaron un examen y me pasaron a tercero. Allí terminé 6to. -porque no había séptimo en aquella época-; luego pasé al Nacional, donde hice Perito Mercantil y me fui a Concordia a estudiar la carrera de Contador Público en la Facultad de Ciencias de la Administración.- ¡Pero qué cambio! de Perito a Contador Público a las letras. Y terminaste estudiando en el Sedes Sapientiae...- No se si "terminé", porque, como decía Platón (dicen que dijo), hay que estudiar toda la vida. Luego de terminar en el SEDES hice en la UCU la carrera docente, un postgrado que habilita para la enseñanza superior. Tengo 52 años, y acabo de obtener una Diplomatura en Ciencias Sociales con Mención en Lectura y Escritura en Educación, en la FLACSO. O sea que sigo estudiando todo el tiempo. Yo creo que los profesores que damos en escuelas con las particularidades que mencioné antes tenemos que tener mucho más preparación que para otras escuelas.- Has sido una estudiosa permanente...- Seguramente me lo inculcaron las maestras extraordinarias que tuve.- Una estuvo acá el año pasado...- Claro, Nati Sarrot, que es una gran mujer. Ella, Elsa Dumón, Dominga Echazarreta, Luisa Cigliutti, Susana Regales, Lela Bacigalupo me enseñaron a mí que en el aula hay que entregarlo todo. Y que ser profesor o maestro trasciende el mero hecho de enseñar. En lo referido al hecho de escribir, no puedo dejar de nombrar a Miguel Silvestrini. Yo le llevaba mis poemas -tenía 12 años e iba a segundo del secundario- y él, en vez de decirme "esto es una porquería, una cursilería" ¿qué hacía? me marcaba lo rescatable del poema. Me decía: "qué bien esto: la luna baña de plata/ mis esperanzas"...Y así me enseñaba la esencia de lo poético.- También hiciste teatro...- Hice teatro con Silvestrini, con Socorro Barcia, y con Elvira y Enrique Bugnone.- ¿Iniciaste la filial de la SADE acá en Gualeguaychú?.- Sí. En un encuentro de escritores en el que participé en el sur, estaba el Secretario General de la SADE central y me propuso crear una seccional en Gualeguaychú. De modo tal que hicimos la convocatoria de inmediato y afortunadamente los escritores concurrieron y se formó la SADE Seccional Gualeguaychú.- Acá hace unos años se hizo acá un congreso muy importante de escritores nacionales e internacionales...- En el 2001, al Primer Encuentro Internacional de Escritores vino gente de cinco países. Ahora, Zulma Nicolini, que está al frente de la Sade, donde integro la Comisión Directiva, está organizando el Segundo Encuentro Internacional de Escritores.- También estuviste en "Gente de Letras".- Así es, a raíz de que en el año 91 gané un premio en un concurso que organizaba el grupo Gente de Letras. Allí conocí a Luís Castillo y a Darío Carrazza, que son los que van a presentar mi libro; Conocí mucha gente importantísima para mi vida en "Gente de Letras". Integré el Consejo de Selección de la Revista Letras, fundada por el mismo Luís Castillo.- ¿Hiciste un viaje importante hace un tiempo?- Pertenezco a un movimiento mundial de poetas que cada tanto hace encuentros en distintos lugares del mundo. Estuve en Chile en el 2006. Participé de un encuentro de poetas en Paraíso de Cartago, Costa Rica. Hice unas jornadas de cultura helénica en Grecia. Decía Borges que todos somos griegos en exilio. A mí me enseñó Susana Bugnone a amar Grecia y la mitología. Y hablando de mitos y de leyendas, como es un tema que se enseña en primer año del Ciclo Básico, yo creo que mi libro podrá ser utilizado con esa finalidad.- ¿Cuál es la historia que más te llega de todas las que transcribiste en tu libro?
- "El Visitante". Habla de algo que le pasó a mi papá y a su hermano Benero, que era una persona muy particular y muy querible. Conocido en Gualeguaychú porque fue taxista durante muchísimos años. Me parece un cuento espeluznante, aunque yo lo escribo desde un lugar suave para que lo resistan las mentes infantiles o juveniles. Otro párrafo del libro dice:"El caballo relinchó espantosamente y yo me tapé hasta la cabeza. Lo único que deseé a partir de ese momento fuera que amaneciera. De día todo es distinto lo que uno escucha lo puede ver también. Pero en una noche tormentosa quien puede ver algo. Los nubarrones me perseguían hasta la frazada y se metían en mi cabeza. Lentas pasaron las horas. Fue un suplicio soportar el giro interminable de los ruidos intrusos. Al frente del rancho en el costado, en el otro lado. Al sur donde había un alambrado. Golpes sordos, ruídos oscuros, crepitar de pajas como arañadas por una garra gigantesca. Pisadas fuertes, chapaleos en el barro y en relincho del caballo acompañando el juego maligno de su jinete". Estás casada con Mario Bertuzzi, diseñador gráfico y asesor del El Día; escribís el suplemento "Enfoque Educativo" y tu hijo, Martín, es nuestro operador en Radio Cero...-Además de Martín, tengo otro hijo: Sergio Andrés. A ambos está dedicado el libro; también a mi esposo, a mis hermanos y sobrinos, a mami, y a mi nieta Zoe, que es la luz de mis días.- Está dedicado pensando que en los destinatarios de estos libros hay futuras vocaciones. Para nosotros ha sido una nota distinta, por que acá vienen muchos políticos.Pensé que me iban a preguntar de política. Venía preparada.
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