“Tenemos que aprender a ponernos más en el lugar del otro”
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Hace cinco años se recibió de profesora. Desde entonces da clases en quinto y sexto grado. No se considera ejemplo de nadie, aunque lo es. Transmite los valores en lo que fue criada por sus padres, el respeto, la igualdad y el amor. "A esta ciudad hay que educarla", dispara.Luciano Peralta Nació hombre. Pero desde siempre se sintió mujer. Hija de un albañil y una ama de casa. La menor de dos hermanos que se criaron en la zona sureste de la ciudad. Segura de lo que es y de lo que siente y piensa, aunque da clases hace cinco años siempre eligió el perfil bajo. Hoy, Manuela González cree que es un buen momento para hablar de su vida, el camino recorrido y los escollos sorteados. "Creo que los gurises se crían entre tanta mentira, en un mundo tan inventado, que sentía que tenía que contribuir a formar personas más tolerantes, más inclusivas", contó sobre su decisión de educar.- ¿Cómo fue descubrir que eras Manuela?- Creo que el ser humano se va construyendo. Las personas trans son el vivo ejemplo de eso, porque se van construyendo a lo largo del tiempo, a lo largo de toda una vida. Para algunas es más difícil, en mi caso yo siempre lo supe, desde los cinco años.- ¿Fue conflictivo descubrirlo?- No. Por ahí, sí sufrí los miedos lógicos de enfrentarte a una sociedad que te juzga permanentemente por los prejuicios con los que carga. Pero nunca me interesó demasiado lo que diga la gente. En su momento, hablé con mis papás y listo. El conflicto existe siempre, pero también es cierto que las personas pueden elegir entre quedarse en un lugar de comodidad -lo socialmente aceptado- o salir y pelearla, poniéndole la cara. Lo que hice siempre.- No fue fácil, imagino.- No. Por el miedo justamente. Porque te da miedo decirle a tu papá lo que te pasa, miedo a lo diferente. Porque lo diferente siempre está mal. Y sobre todo cuando se trata de la sexualidad, el mundo homosexual, de las travestis, de las lesbianas. Ese mundo está lleno de tabúes y mucha gente habla desde el desconocimiento de ese mundo.Yo pasé por todas las etapas, la de la negación fue una. ¿Y por qué lo negás? Por el miedo. Desde chiquito escuchás que la homosexualidad está mal y no se cuántas barbaridades más, que el homosexual se prostituye o que consume drogas ¿qué pensás en ese momento? 'Llego a decir lo que siento, me prenden fuego', eso pensás. ¡Te generan un conflicto innecesario!- Hablás de tu padres ¿Qué lugar tuvieron en tu vida?-Yo no sería lo que soy si no hubiese tenido el apoyo de mis papás. Son el factor fundamental en mi historia. Te estoy hablando de un tipo que es albañil, que hizo hasta séptimo grado y de una mamá que viene del campo y que tiene segundo grado. Pero yo en mi casa siempre respiré amor. Creo que es la base de todo. Ellos me dejaron ser y creo que fue fundamental para crecer como persona. Hasta el día de hoy, que vivo con ellos por elección y no por necesidad, con mi papá hablo de todo. Y de alguna manera trato de transmitirles eso a mis alumnos, esto de que no tienen que tener secretos con sus papás.-Contame sobre eso ¿por qué elegiste ser docente?-Yo hice la carrera sin Ley de Identidad de Género. Y no fue fácil, te tratan con otro nombre, parece que sos otra persona, es una incomodidad terrible. Obviamente, no critico a la gente, porque la gente actuaba por lo que veía (en el DNI), pero para mí era bastante feo. ¿Por qué maestra? Porque, desde más chica, pensaba en cómo hacer para contribuir a la causa de la homosexualidad, de la igualdad. Creo que los gurises se crian entre tanta mentira, en un mundo tan inventado, que sentía que tenía que aportarme granito de arena para formar personas más tolerantes, más inclusivas. -¿Cómo fue el primer día de clases?-Me recibí en marzo de 2011. Ese día empecé a llorar desconsoladamente... tenía un miedo bárbaro. Gualeguaychú es pueblo chico y yo sé lo destructiva que puede ser la gente. Pero vino mi papá con una liviandad terrible y me dijo: 'no llores por eso, vos sos una persona muy inteligente, y si yo te mantuve 22 años te puedo mantener un tiempo más, pero vos probá'. Eso fue suficiente para encarar todo lo que se me venía encima. Mi papá, que toda la vida fue albañil, que trabajó en negro siempre y que a pesar de que está grande, tiene miles de problemas y, por ejemplo, no se puede jubilar todavía porque le faltan años, me dio ese respaldo y para mí bastó.Aunque en la intimidad se reconoce frágil y sensible, su personalidad muestra seguridad, tiene claro lo que es y lo que quiere. El qué dirán dejó de ser motivo de angustia hace tiempo. Hoy, con la naturalidad de quien superó uno y mil prejuicios, relata ese primer día de clases. En el que, con solo 22 años, cruzó la plaza Urquiza con paso seguro y sostenido, y sintió en la nuca las miradas penetrantes de esos padres que formaban un nutrido grupo frente a la Escuela Gervasio Méndez. "Se iban dando vuelta de a uno", recuerda.-¿Y con los chicos cómo fue?-Tomé un sexto grado medio complicado. Me acuerdo que entré, pegué un portazo y empecé: 'vos te bajás del banco, vos sentate bien y hacen silencio'. A los pocos meses, en medio de un acto, el curso estaba calladito y ordenado, eran unos señoritos ingleses (recuerda y se ríe). Entonces vino una maestra y me preguntó cómo había hecho. Hablo con ellos, le contesté.-¿Y con los papás? ¿Cómo fue la relación después de ese primer día de miradas penetrantes?-Ese primer año, en la colación los papás me regalaron un hermoso ramo de flores. Para el Día del Maestro, me trajeron otros tantos regalos. Ese año fue maravilloso. Y es el día de hoy que me encuentro con los papás o con los mismos alumnos y me saludan, me presentan a sus hijos, nos acordamos de lo vivido y nos reimos. Esa es la apertura que yo buscaba, que los gurises no se escandalicen por ver una travesti. Al menos en los cursos míos, logré eso que buscaba en un principio. Una vez más, digo que el prejuicio no lo tienen los chicos, sino los adultos que no tuvieron la posibilidad de conocer, de educarse en la igualdad. Nos criamos con ideas sobre las travestis o los homosexuales que son falsas, que son esto o que son esto otro. Creo que la mejor manera de seguir avanzando es hablar cada vez más, dejar los prejuicios y los miedos de lado. Una sociedad con miedo es una sociedad paralizada -¿Alguna vez un alumno te planteó el tema de tu sexualidad?-Una vez. Fue el tercer día de clases. Desde el fondo, uno de los chicos me pregunta '¿vos tenés novia?'. Entonces, me saco los anteojos y le digo: '¿A vos te parece que yo pueda tener novia?'. No, me dijo. Genial, me puse los anteojos y seguí. Esa fue la única vez que se me planteó el tema.-¿Y los padres te han hecho planteos sobre el tema?-No, jamás. Creo que no se los permitiría tampoco. Y acá hay que diferenciar lo que es mi trabajo como docente, como profesional, a lo que es mi vida privada. Yo tengo una vida, como cualquier persona, salgo, me divierto, tomo sol, vivo. No estoy atada a hacer lo que la sociedad se supone que espera que haga. No soy así y lo tengo bien claro. Sobre mi trabajo, sobre la ética profesional le podés preguntar a mis alumnos, a los padres, a mis colegas a los directivos, a quien quieras. Los planteos personales son otra cosa, no hay que confundirse, porque si no mezclamos todo y lo único que hacemos es confundir.-¿Crees que avanzamos como sociedad en este sentido?-Si, creo que se avanzó. Hoy tenemos una Ley de Identidad de Género que nos respalda. Pero las resistencias siguen extiendo. Por más que haya una ley, el cambio de mentalidad es mucho más lento y cuesta más. Mucha gente lo primero que te dice es 'yo no comparto', pero no yo te estoy preguntando si compartís o no, no hay nada que me importe menos, pero a mí me respetás como a cualquier persona.-¿Y como llevás al aula esas ideas?-Siempre les digo a los chicos, en mis cursos no tengo gordos, no tengo negros, no tengo "la mamá trabaja de", no tengo cristianos ni judíos. Yo trato de fortalecer otros valores: que sean compañeros, que se traten bien, que se respeten, que sean unidos y, en lo posible, que no se insulten. Me tomo ese tiempo para reforzar esos valores o para que los aprendan, porque hay muchos chicos que no los tienen incorporados siquiera.He cortado clases para hablar de temas que lo ameritan. Por ejemplo, temas de sexualidad, de drogas, que es la realidad en la que vivimos. La escuela tiene que estar preparada para eso. Y, sinceramente, son las mejores clases de todas. Los chicos hablan, sacan sus propias conclusiones sin que nadie les imponga nada. De eso se trata, me parece.-Es el trabajo del docente que no se ve...-Claro. Creo que no se valora lo suficiente eso. No somos sólo docentes. A veces somos papá, mamá, la que aconseja, la que abraza, la que contiene, la que pone límites, la que reta, la que se tiene que encargar de lo que hace el chico afuera del aula. Es muy desgastante el trabajo y, a veces, cuando de lo único de lo que se habla es de una medida como el paro somos crucificados, pero el resto no lo ve nadie más de los que nos dedicamos a enseñar.La seguridad que construyó dentro del aula, junto a sus alumnos, es su combustible para avanzar cada día en el camino de las reivindicaciones y el reconocimiento. Manu se reconoce una deconstructora de tabúes -no solo sobre la identidad de género, también sobre los que existen sobre el machismo, el rol de las mujeres, las religiones y tantos otras cuestiones de las que "no se hablan"-. Pero su rol docente parece trascender los límites del aula de la Escuela N° 44 "María Mercedes Balcarce y San Martín", donde da clases todos los días. Si bien reconoce que en una ciudad chica como Gualeguaychú los prejuicios son más difíciles de romper, es una convencida de su rol docente. A la pregunte de si alguna vez pensó en dejar la ciudad contestó: "Sí, lo he pensado, pero soy una convencida de que a esta ciudad hay que educarla"."Ojo que reconozco pequeños avances en este sentido. Creo que hoy por hoy, muchos de los que no comparten al menos respetan. Y mirá que me he cruzado con mucha gente de cabeza cerrada, pero que me termina respetando, porque quizá lo único que le faltó es una charla, que le cuenten de qué trata la cosa. A veces, romper con los prejuicios es más fácil de lo que parece, pero hay que animarse y hacerse cargo cada uno de lo que le toca".-¿Cómo se sigue avanzando en una sociedad más igualitaria?-Hablando, hablando y hablando. Nos criamos con ideas sobre las travestis o los homosexuales que son falsas, que son esto o que son esto otro. Creo que la mejor manera de seguir avanzando es hablar cada vez más, dejar los prejuicios y los miedos de lado. Una sociedad con miedo es una sociedad paralizada. Tenemos que aprender a ponernos en el lugar del otro, del distinto, del que la pasa mal o del que por algo está enojado con la vida. Tenemos mucho camino por recorrer todavía.
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