Terapias intensivas: un trabajo entre la vida, la muerte y un debate moral y ético
Un médico y un enfermero de la ciudad, relatan sus historias y experiencias sobre un trabajo arduo y que pocas veces sale a la luz. Aseguran que Gualeguaychú "cuenta con buenas terapias intensivas" y que la "presión psicológica es profunda".Mónica Farabello y Carlos Riera El jefe de Terapia Intensiva del Sanatorio Agos, doctor Luis Castillo, trabaja hace más de 20 años en terapias intensivas. En ese período, asegura "haber visto muchos cambios a nivel del trabajo y tecnología dentro de las terapias, desde que comienzan hasta ahora. Son muchos cambios tecnológicos, que nos permiten hacer diferentes diagnósticos del paciente".Además, resaltó que "ha cambiado mucho el conocimiento científico, justamente por los adelantos como pueden ser diferentes técnicas e innovaciones, como la resonancia magnética o la tomografía computada que han provocado revoluciones en los diagnósticos".Pero Castillo asegura que no es sólo lo médico lo que se debe tener en cuenta a la hora de evaluar el trabajo en una terapia intensiva. También confluyen otros factores relacionados a los valores éticos y morales de los profesionales.En este sentido, Luis Castillo, expresó a elDía que "como en todas las cosas, siempre están los extremos y a partir del surgimiento de todas estas innovaciones surgen algunas figuras bastante discutidas como es el 'encarnizamiento terapéutico', que viene de la mano de la otra discusión ética y filosófica que es el del derecho al buen morir". "Un debate para profundizar"Respecto al planteo del denominado "encarnizamiento terapéutico", el especialista en Terapias Intensivas, expresó que "se ha generado un debate que nos falta seguir profundizando. Nosotros lo hemos discutido muchas veces y creo que estamos de acuerdo en que tenemos la obligación de ofrecer las mejores alternativas terapéuticas, pero también debemos evitar ese encarnizamiento terapéutico".Por otra parte, Castillo manifestó que "entendemos que los recursos son escasos a nivel mundial porque tenemos un número reducido de camas y sabemos que se debe hacer una selección del paciente, no solamente desde lo médico, sino desde lo ético y lo moral para ver en quién se debe hacer esta inversión, porque hay pacientes que lamentablemente no tienen alternativas"."Creo que debe haber un respeto hacia la vida, que empieza por tenerle respeto a la muerte", opinó Castillo, quien además aseguró que "hay tiempos biológicos con los que no debemos jugar a ser dioses tratando de extender agonías innecesariamente".Asimismo, comentó que muchas veces trabajan con "pacientes añosos o con enfermedades incurables, donde nosotros sabemos que el pronóstico a corto o mediano plazo es irreversible; entonces muchas veces lo charlamos con la familia sobre la necesidad o no de un trasladarlo de una sala a terapia".En este sentido, el médico expresó que conversan con la familia y les explican si el paciente "tiene una posibilidad de recuperación cierta, porque ponerle el respirador para extenderle la agonía cuatro días o una semana no tiene sentido ni para el paciente ni para la familia"."Afortunadamente, en un porcentaje muy alto la familia lo entiende, porque nosotros les explicamos que parte del buen morir, es no morirse solo, y en una terapia más allá de los médicos o los enfermeros, el paciente está solo", opinó Castillo y aseguró: "pienso que ningún aparato o tecnología va a reemplazar a un apretón de manos a la hora de morir". "Contamos con buenas terapias intensivas"El doctor Luis Castillo, aseguró que la ciudad "cuenta con buenas terapias. Hay que analizar dos cosas: primero, la capacidad tecnológica, y otra es la formación del profesional".Por otra parte, informó que "los aparatos que tenemos en la ciudad son los mismos que hay en las terapias de cualquier parte del mundo, porque los fabricantes son los mismos, son marcas internacionales por lo que los respiradores que tenemos en Agos, o en el Hospital Centenario, son los mismos que se pueden encontrar en Chile o en Alemania"."Nosotros creemos que la actuación básicamente de las terapias intensivas es durante el período crítico de reanimación de un paciente cuando ingresa. Después, viene la evaluación de lo que se hizo, donde el paciente se estabiliza o muere y esa es la segunda etapa de la terapia", contó Castillo, y expresó que "es importante que la familia entienda que nosotros podemos garantizarle lo que sabemos hacer, pero no podemos garantizar resultados y muchas veces nos piden eso". Internet vs. medicinaLa relación entre el médico y sus pacientes debe basarse en la confianza, según cuenta Luis Castillo. En este sentido, expresó que se observa "una sobreinformación en internet que muchas veces genera una pérdida de confianza en el médico porque la gente se mal informa y se genera esa mala relación por la falta de confianza".Por otra parte, resaltó que "lamentablemente hay un déficit muy grande de terapistas porque es un área de mucha exposición médica y legal que no se condice con la remuneración económica, entonces es mucho más sencillo optar por otras especialidades menos problemáticas que terminan siendo más rentables".La presión psicológica del trabajo en las terapias intensivas, suele ser "desgastante", según explica Castilo. "Sabemos que estamos trabajando sobre situaciones muy críticas. En el momento no se piensa porque tenemos un entrenamiento básico, que es un protocolo que también utilizan quienes trabajan en ambulancias o en catástrofes y no hay que pensar, hay que hacerlo".Al respecto, explicó que "está todo protocolizado: ante tal alternativa, tal respuesta, y es esto lo que hay que hacer. De esta manera se intenta que todos hagamos lo mismo y de una manera sistematizada para que nadie improvise"."Cuando se trabaja con jóvenes o niños, creo que uno no se olvida de las caras o situaciones, ni de los casos que se resolvieron favorablemente, o de los que han muerto, y a uno le queda un sabor muy feo y muy amargo, aunque sentimos la tranquilidad de saber que uno hizo todo lo que se pudo. Entonces no tenemos que pensar nunca que somos dioses, sino saber que somos humanos y somos falibles", relató Castillo. La muerte como una cuestión epistemológica
Intentar definir el concepto de muerte es una tarea tan ardua como probablemente ímproba. La muerte, como parte del ciclo vital (nacer, crecer, reproducirse y morir) termina siendo, paradójicamente, parte de la vida. Parte insoslayable del ciclo de la vida. El temor a la muerte, a la finitud, tiene su origen casi paralelamente al origen del homo sapiens, el animal que logra crear e interpretar los símbolos, capaz de un razonamiento abstracto, el hombre posibilitado de una introspección. Cuando nace la conciencia de muerte nacen los dioses.La intervención de la medicina intenta, desde sus orígenes, inclinar la balanza en la lucha entre los míticos dioses Eros (vida) y tanatos (muerte) debiendo, no en pocos casos, apelar tan sólo a la resignación como único recurso.La aparición en el siglo pasado de nuevas herramientas terapéuticas tales como el respirador artificial, los equipos de diálisis, las cirugías de alta complejidad, los transplantes de órganos y otros muchos, provocaron un profundo cambio en ese ya de por sí inestable paradigma de la muerte. Nace, como concepto, la muerte cerebral. Ni el corazón detenido es sinónimo de muerte ni un corazón batiente es sinónimo de vida. El soporte brindado en las Terapias Intensivas genera nuevos problemas éticos que oscilan entre los extremos del encarnizamiento terapéutico y el retiro del soporte vital.Ya en 1952, durante la apertura de un congreso de neurología, el Papa Pío XII advertía "El médico mira, pues, el aspecto médico del caso; el moralista, las normas morales. Ordinariamente, explicándose y completándose mutuamente estos datos, será posible un juicio seguro sobre la licitud moral de cada caso en su situación absolutamente concreta." El debate estaba planteado. Opiniones convergentes y divergentes surgen casi a diario; el Dr. Camilo Talé, reconocido profesor titular de Filosofía del derecho afirma: " El hombre tiene el deber moral de preservar la salud, y por ende está obligado a aplicarse los medios terapéuticos que no sean desproporcionados; pero no debe ser coaccionado para ello.(...) Por los fundamentos expuestos ( y no por una 'autonomía' moral del paciente ), hay que afirmar que, en general, ni los médicos ni la sociedad tienen la facultad de constreñir al enfermo para el beneficio de éste".En una sociedad en donde los recursos no son de ningún modo ilimitados y mucho menos universales en cuanto a salud se refiere, también se suma al debate el hecho de que mantener artificialmente con vida a ciertos pacientes - que sin el soporte mencionado estarían indefectiblemente condenados a la muerte- conlleva el acaparamiento a todas luces inconducente de recursos económicos, así como de infraestructura hospitalaria, impidiendo una distribución más ecuánime de dichos recursos.Como si fuera escaso el cono de sombras que se yergue sobre estas decisiones controversiales, no es menor la opinión de familiares y allegados que aportan su cuota de confusión ante una ya de por sí difícil situación. Prolongar innecesariamente la vida no sólo perjudica a quienes se esta privando del derecho a una muerte digna sino que, indirectamente, priva a muchos otros de dichos recursos que, como se dijo antes, son no sólo finitos sino generalmente escasos o insuficientes.Escribe Carlos Gherardi en su libro "Vida y muerte en Terapia Intensiva": "que estas salas (de Terapia Intensiva) habiendo nacido para la restauración de la vida casi perdida, no se transformen en una obligada estadía previa a la muerte".No deben, las instituciones de salud en general y las terapias intensivas en particular, convertirse obligatoriamente en la antesala obligada de la muerte. "La agonía injustificadamente prolongada, el sufrimiento extremo, la desfiguración y el aislamiento del paciente, cualquiera de ellas puede ser la consecuencia del encarnizamiento terapéutico que conlleva formas de morir que resultan una caricatura de la dignidad personal"[1]Decíamos al inicio, qué difícil resulta definir el concepto de muerte considerando que este no es, sino, una construcción cultural y por lo tanto humana, de allí la alternativa de pensarla desde un punto de vista epistemológico. Y debatirlo en consecuencia. Ese quizás sea el desafío. Desde nuestra sociedad y con nuestra mirada, nuestros conceptos y nuestra visión, desde nuestros prejuicios y nuestros temores. Quizás, y paradójicamente, empezar a pensar en el significado de una muerte digna nos ayude a pensar el significado de una vida digna.Para concluir, me gusta citar una anécdota atribuida a Sigmund Freud por Peter Gay: "A la edad de 83 años, Sigmund Freud se había sometido a 33 operaciones. Sufría un cáncer de maxilar hacía más de 15 años. El 21 de Septiembre de 1939, estando el Dr. Shur sentando junto a su paciente, Freud le tomó la mano y le dijo si recordaba el "contrato" que ambos tenían, "prometió no dejarme en la estacada cuando llegara el momento. Ahora sólo queda la tortura y no tiene sentido, hable con Ana y si ella piensa que está bien, terminemos" Dr. Héctor Luis CastilloJefe Terapia Intensiva Sanatorio AGOS El duro trabajo de enfrentar a la muerte

Maximiliano Silva ejerce uno de los roles más importantes en la ciudad pero como tantas otras personas, su trabajo muchas veces no sale a la luz, ni tiene un reconocimiento mediático.Es Licenciado en Enfermería y desde el año 95 cumple funciones en el Hospital Centenario. Actualmente, y desde hace mucho tiempo, es jefe del servicio de guardia, tarea que según él cumple con mucho placer.Pero uno se puede preguntar, qué placer te puede dar trabajar en uno de los lugares más críticos de Gualeguaychú, donde a diario uno tiene roces con la vida y la muerte. Silva explicó que su satisfacción se encuentra en "el agradecimiento sincero de la gente".Por la Guardia del Hospital Centenario es cotidiano enfrentar casos complicados, donde la muerte se sienta en la sala de espera para cumplir con su trabajo, mientras médicos y enfermeros tratan de mantener en este mundo a cientos de personas con patologías complicadas.Silva ingresó en el 95 al hospital de Gualeguaychú y desde su llegada lo hizo en áreas críticas. Primero, en el servicio de Terapia Intensiva y luego a la Guardia. Dos puntos neurálgicos de todo nosocomio.El jefe del servicio de guardia da gracias a Dios todos los días por trabajar de lo que le gusta y de lo que eligió como profesión, pero aseguró que tratar con la vida y la muerte es algo a lo que uno "nunca se acostumbra"."Es un golpe que uno recibe a diario, trabajar con un paciente crítico, donde se hace todo lo posible y no lo podemos sacar adelante", contó resignado Maximiliano y ejemplificó que este tipo de situaciones les ocurrió mucho durante el invierno pasado con la cantidad de ingresos de recién nacidos que fallecieron en la Guardia."Más de una vez terminamos todos llorando, es la realidad, todos los enfermeros de Guardia somos padres y más de una vez terminamos todos llorando, por más que pase el tiempo es algo que no lo podés asimilar, por más que uno se haga el duro, que muestre indiferencia es algo que te supera", describió el entrevistado sobre uno de los momentos más complejos por los que le toca pasar a él y a sus colegas."Pero es en momentos duros como esos donde aparece la calidad y el profesionalismo de todas las personas que trabajan en el Hospital", aseguró Silva y agregó: "en el trabajo diario se ve el profesionalismo de ese pequeño motorcito que mueve el Hospital que es enfermería, la profesión te golpea pero el enfermero sigue".Por este tipo de acciones, donde hay un evidente esmero del personal del Hospital, es donde se nota el agradecimiento de la gente y eso es el motor que mueve a las personas como Maximiliano para continuar con su trabajo. "Estando en el servicio de Guardia nunca se sabe cuando te va a llegar un paciente crítico de cualquier edad que hay que sacarlo adelante, de salvar esa vida, pero hay satisfacciones diarias pequeñas como el hecho de complacer a los compañeros, ayudarlos en lo que sea sobre todo estando al frente de un grupo de personas que cumplen un rol importantísimo", indicó.La pregunta es obligada, qué pasa cuando hay un hecho negativo, "trato de no remarcármelos para no comerme un bajón, un hecho negativo es no poder salvar una vida de un recién nacido o adulto". Silva señaló que "hay gente que de repente está bien, se complica y no se le puede sacar y es algo que te deja mal, sobre todo cuando son familiares de compañeros, familiares de amigos, incluso amigos propios".Maximiliano silva lleva 10 años trabajando en la Guardia pero recuerda como si fuera hoy a la primera persona que murió en sus brazos, "es algo que te queda para toda la vida, recuerdo el caso puntual y no me lo voy a olvidar más".Pese a la complejidad de la tarea, Silva define a la Guardia como "un muy buen lugar de trabajo", donde "uno se mantiene activo, con las pilas puestas todo el tiempo y con todos los sentidos bien despiertos".
[1] Carlos Gherardi. "Cuestiones éticas al final de la vida"
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