Testimonios de una fe que mueve montañas
Creer en alguien o en algo superior es natural en la mayoría de las personas. La virgen de Lourdes, el Gauchito Gil, Jesucristo y cientos de representaciones son motivo de esperanza.Mónica Farabello y Carlos Riera Cuando las cosas escapan de la razón y de la ciencia, la fe es uno de los pilares fundamentales que sostienen y dan sentido.Marita Alfaro tiene 46 años y es docente en sexto grado. Actualmente vive con su marido y su hija de trece años de edad, María Belén.Pero la llegada de la niña no fue nada sencilla y tuvieron que pasar varios años hasta que Marita pudo convertirse en mamá. "Mi hija es un milagro de la virgen de Lourdes" La historia de la Marita Alfaro es la de muchas mujeres que intentan desesperadamente quedar embarazadas y no lo consiguen, pero el final de su lucha, no es para nada tradicional.Ella contó a elDía que "por problemas de prolactina alta, no podía quedar embarazada aunque lo estábamos buscando con mi marido desde hacía tres años aproximadamente. El médico me dio para tomar unas pastillas que se conseguían en Chile, así que mi hermano que estaba en el Sur, me las mandaba".Sentada en la cocina de su casa, contó que su médico "decía que la prolactina no bajaba porque yo estaba muy nerviosa, entonces él me retaba: 'querida con este nerviosismo nunca vas a quedar embarazada, tenés que estar más tranquila'.La búsqueda del embarazo continuaba y los resultados nunca llegaban. "Lloré un montón, estaba muy angustiada y veía embarazadas por todos lados, creo que es algo que les pasa a todas las mujeres que están buscando", expresó Marita, quien luego de un tiempo habló con sus compañeras de trabajo de la escuela, para contarles de la situación."Un día fui a la misa de la parroquia Cristo Rey, y no recuerdo qué fiesta había ese día, pero era en agosto, y el sacerdote nos dice que le pidamos a la Virgen de Lourdes lo que nosotros más deseamos", relató emocionada.Luego expresó: "yo le tenía mucha fe a esa virgen y por eso se lo pedí yo sola, mi marido no le pidió nada".En esa oportunidad y en la capilla, Marita se acercó a la imagen de la Virgen de Lourdes. "Le pedí con tanta fe; le dije que yo quería un hijo, pero fui tan atrevida que le dije que quería un hijo pero que quería que sea una hija mujer". El momento de la confirmaciónEn agosto, Marita le pidió con devoción a la virgen de Lourdes quedar embarazada de una hija mujer. "A fines de septiembre o principios de octubre ya tuve el retraso y el médico me dijo que teníamos que esperar unos cinco días porque yo estaba muy nerviosa", contó.Luego aseguró que "hasta ese momento no se lo dije a nadie pero yo siempre supe que la virgen es intercesora. Cuando pasaron esos días, el médico me dijo que íbamos a hacer un análisis de sangre".Una mañana, a Marita de 33 años de edad en ese momento, le hicieron un análisis de sangre y a la tarde la llamaron por teléfono para darle los resultados. "Yo no quería atender, estaba muy nerviosa, así que atendió mi marido y le dijeron: 'pónganse contentos porque van a ser papás", contó Marita con la voz entrecortada y aseguró "mi hija es un milagro de la virgen de Lourdes"."Para mi fue una alegría total", aseguró entre lágrimas. Además, expresó que tuvo "algunas complicaciones, yo primero me atendí con un médico y luego me pasé a otro porque justo el día de la madre, estaba tomando sol y tuve una pérdida y me tuvieron que poner una inyección y tuve que hacer reposo, pero estuve bien y trabajé hasta lo último". Nació ellaSi era nene, el nombre lo elegiría Marita, pero si era nena sería el padre quien se encargaría de bautizarla. Finalmente, la niña fue inscripta como María Belén. "Eso me quedó en el tintero, porque lo eligió mi marido y le puso María Belén y ella me dice: porqué no me pusiste Lourdes mamá"."Yo a ella siempre le conté la verdad y soy una gran agradecida a la virgen de Lourdes; por eso quiero contárselo a todo el mundo porque para mi es un testimonio".Con mucha emoción y orgullo, cuenta que su hija "es una gran estudiante, una buena amiga y una gran persona"."Ahora se vienen los 15 de Belén y la misa se la voy a hacer en la capilla. Ella cree en la virgen y le rezamos todas las noches; le agradecemos siempre y yo se la entrego todos los días a la virgen porque sé que la protege".María Belén es la única hija de la pareja, y según su mamá, ella es un milagro de la Virgen de Lourdes. "Nunca más quedé embarazada, pero la virgen me concedió lo que yo quería: ser madre de una niña". "El Gauchito Gil es mi amigo"
Mucho se habla pero poco se conoce acerca de las raíces de la historia que rodea a Antonio Cruz Gil, más conocido como el Gauchito Gil. Por ello, una correntina es la mejor persona que puede sintetizar lo que significa este personaje popular para las tierras guaraníes.Gilda Bilinski de Veronesi es una mujer muy conocida por su ferviente lucha contra la pastera Botnia pero los que la conocen saben que arrastra de su tierra natal su devoción por el Gauchito Gil."Fue un correntino como yo", así lo definió Gilda, pero aclaró que la sangre del Gauchito "era la más pura de los aborígenes". Gilda nació en el pequeño pueblo de Santa Ana, muy cerca de donde era originario el personaje más popular de Corrientes.Su madre se casó con un polaco y de ese matrimonio nacieron ocho hijos. Gilda fue la penúltima en la lista de Bilinski y según ella dice de si misma: "tengo sangre europea en mis venas pero hago orgullo de haber nacido en tierras correntinas".Desde muy temprana edad fue conociendo el caso de Antonio Cruz Gil, incluso llegó a conocer a sus familiares y por ello habla con conocimiento de causa. "No es como lo quieren hacer dejar, no era un ladrón", advirtió esta mujer y por ello explicó cómo se originó la leyenda del Gauchito Gil."Yo me crié en un mundo de magia y solidaridad, donde todos éramos hermanos, sobrinos, parientes, donde había un nacimiento ahí estábamos todos, si había un casamiento allá íbamos, se compartía todo, lo bueno y lo malo", contó Gilda acerca de su niñez en Santa Ana.Antonio Cruz Gil vivió en la zona de Mercedes. "Antonio era un bohemio y tenía un hermano que estaba en el ejercito de los azules, cuando él se enteró que debía enfrentar a su hermano para salvar a Corrientes escapó. Ahí comenzaron a buscarlo pero como la gente sabía la excusa que tenía, lo escondían para que no lo atraparan", explicó la correntina."Él se escondió en la selva correntina, en los departamentos de Goya, Santa Lucía, Santa Rosa, Mercedes, toda la zona de los esteros del Iberá", contó la mujer y agregó que los militares de la época se dieron cuenta que no era un improvisado, "era un hombre muy pensante y autónomo en sus decisiones"."Era muy leal a su pueblo de Corrientes y por ello la gente lo apoyo, él no tenía paradero fijo pero los soldados del ejercito de los pañuelos azules se dieron cuenta que estaba escondido en el monte de Mercedes y una noche una persona les dijo donde estaba, fueron hasta allí y lo atraparon", relató Gilda sobre la forma de cómo lo detuvieron.Según relató esta mujer, Antonio Cruz Gil fue asesinado en el monte con su propio cuchillo. A partir de ese momento nace la leyenda del Gauchito Gil porque el policía que lo mata, luego le pide perdón y le solicita un milagro para su hijo y mujer enfermos.Tiempo después, la mujer e hijo del policía se curan de su enfermedad y en honor a ello su asesino coloca la primera cruz debajo del espinillo donde lo degolló."La gente comenzó a rendirle homenaje a partir de ello y todos los 8 de enero una gran multitud de personas se convocan en su santuario", indicó Gilda y agregó que en ese lugar "todo se vive con mucha alegría, ahí todos comparten la vida, la sencillez, el bailar el chamamé, nadie va con vestidos modernos, siempre hay festejos, sapucai, ahí es donde está la fe, es donde se pide la grandeza para ser humano y por eso el Gaucho Gil es mi amigo", sintetizó.También aclaró que cuando lo necesita le pide por una ayuda pero no todo cae en su responsabilidad, sólo algunas cosas, "hay cosas que entre gauchos nos entendemos". La fe que nace en la naturaleza
En 2007, frente a la laguna del parque Unzué, Susana Báez cuenta que "vio a Jesús salir del árbol". Un tronco de más de 150 años de antigüedad, se convirtió en la materia prima de una artista local que planea regalar su arte a "todas las personas del mundo que quieran venir a conocerlo y pedirle que nos ayude"."Era atardecer y venía por la arboleda que lleva a la laguna. A unos 50 metros, lo ví a Jesús saliendo del árbol. Estaba descalzo y vestido muy humildemente con una túnica de lienzo. Sus manos tenían el gesto de dar y recibir: con una mano hacia arriba y otra para abajo. Recuerdo que su mirada era muy tierna", relató Susana.Sentada en su banquito y vestida con su ropa de trabajo, la escultora confiesa que a pesar de haber pasado el tiempo se le eriza la piel cada vez que lo recuerda.Ante la visión de Susana, había sucedido algo "bendito" como ella misma lo califica: "Me aproximé y cuando me enfrenté al árbol, ya no estaba, pero me quedó en la retina la imagen de Jesús y esa sensación de paz y humildad".Cuando compró una motosierra, su familia le preguntó para qué era y ella respondió: "Voy a sacar al hijo de Dios de adentro de un árbol, aunque me duelan los huesos".Ese es el gran incentivo que tiene la artista para todos los días, y a pesar de algunos dolores en sus articulaciones, pasar horas de trabajo junto a su ayudante, Ezequiel.Es la segunda de trece hermanos y aunque recuerda que "su época era mejor y más sana", también reconoce que "no fue fácil siendo quince personas a la mesa para comer, pensar en el arte".La confianza de su madre fue trascendente en su niñez, ya que Susana pensaba que lo que hacía "eran adornitos para poner en la repisa". "Mi mamá me decía que eran cosas muy lindas las que yo hacía y que tenía que exponerlas, así que un día le di el gusto". "Es Jesús, no es Cristo"Con una personalidad fuerte, Susana se molesta cuando dicen que no es de Gualeguaychú porque ella "nació hace 69 años en esta ciudad" y cuando dicen "que está tallando un Cristo"."Es Jesús, no es Cristo. No es lo mismo ver a Cristo que está crucificado, que verlo a Jesús resucitado, vivo, para ayudarnos, para protegernos, para recibir a quien le quiera pedir algo y poder ayudarlo", reflexiona.Susana es madre de dos hijos: Roberto y Nancy y además es abuela de dos jóvenes. Confiesa que no es "fanática religiosa", y tampoco es de ir "muy seguido a misa porque cada lugarcito es especial si tiene que ver con contactarse con Dios, sobre todo la naturaleza".Con sus 69 años, la escultora de Gualeguaychú asegura que está "agradecida a Dios" y que todo lo que hace es "con todo el amor y con toda la fe" porque "este lugar fue elegido por Dios, por eso está bendito".Hasta el momento, la "escultora de las cuevas" como ella se califica, ha logrado tallar la cara de Jesús. Aunque le falten los brazos, la vestimenta y los pies, Susana cuenta que "va disfrutando el proceso con mucha calma"."En la cara tiene diez nudos y realmente fue difícil lograr una imagen tierna, pero siempre me guía él. Ahora estoy en unos días de receso porque quiero descansar un poco de tanta ansiedad. No sé cuándo voy a terminar porque eso depende mucho del clima, porque yo trabajo al aire libre y además, depende de mi salud", relató Susana. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

