Tienen más peso las encuestas que las verdades
El obispo diocesano advirtió sobre los riesgos de que el proceso electoral sea una pura disputa por candidaturas, en desmedro de la dimensión ideológica de la política. En diálogo con Radio Cero, monseñor Jorge Lozano habló sobre temas de actualidad.
Por Gustavo Carbone, Gustavo Rivas y Marcelo Lorenzo
- Seguramente habrá leído la encuesta que marca que más de la mitad de la población no sabe qué se vota el 28 de junio. ¿Qué pensó cuando leyó eso?
Lozano:- Pues que nos falta mucha información. Es razonable que la gente muestre no saber sobre lo que se vota, si el centro de la información se centra en los candidatos, si corresponde o no que lo sean algunos, en lugar del significado de la elección. Todo esto confunde. Y nos muestra la necesidad importante que tenemos de formación cívica y ciudadana. Para que la gente se pueda orientar ante las elecciones (...) Me parece que no hay una campaña suficiente de información y formación hacia el electorado en torno a lo que se vota (...) También es razonable el desconocimiento sobre estas cosas si se piensa el deterioro institucional que aqueja a los partidos políticos, algo que se ve en otros países. En este contexto, es difícil identificar corrientes ideológicas, a partir de las cuales establecer algún criterio frente a las elecciones.
- Quizá ese deterioro de los partidos se pueda atribuir a los políticos, que suelen tornar la puerta de esas estructuras para la participación y el debate de ideas...
- Hay un doble proceso que ha impactado en los partidos políticos. Por un lado, está el proceso por el cual lo institucional ha ido perdiendo espacio en lo social. Desde el Mayo Francés en Occidente se ha iniciado una corriente de desprestigio de lo institucional. Y eso ha afectado a partidos políticos, sindicatos, iglesias, organizaciones de diverso tipo. Pero además en los partidos políticos en particular, en la década de los noventa, se ha verificado una fragmentación de las propuestas partidarias. Así, algunos dirigentes que formaban parte de una identidad partidaria, por diferencias internas, han formado su propia corriente desvinculándose de su anterior partido. Esto no lo digo como juicio de valor, sino como algo que se percibe. Por ejemplo, hoy se ven candidatos que habitualmente eran del radicalismo, y hay otros candidatos que tienen su origen en el peronismo. Todos ellos se presentan bajo otro aspecto. Esto revela una pérdida de organicidad.
- Algunos atribuyen este fenómeno al desprestigio de la política. Después del 2002, se creyó en la llamada reforma política, algo que finalmente no se verificó. Al punto que hoy se vuelven a escuchar voces que rozan el que “se vayan todos”. ¿Cuál es su percepción?
- Lamentablemente pasa esto. Pero el “que se vayan todos” no es la solución. Antes hablamos de gente que está desinformada. A ese sector hay que sumarle a los que están descreídos. Entre estos están los que si bien saben lo que se vota en junio, no les importa.
La Iglesia frente al descrédito institucional y la in-creencia
- ¿No cree que también le ha llegado a la Iglesia ese proceso de desgaste institucional? ¿Sobre todo a partir de la ventilación pública de algunos casos, como el del padre Grassi, que rozan su prestigio?
- A mí me parece que eso nos llega desde ese clima general de desprestigio de lo institucional. O de no ponderación adecuada, para decirlo en términos más equilibrados. Por ejemplo: se pondera la tarea que hace una docente, pero no la escuela; se pondera la tarea de un enfermero, pero no el hospital o la institución de salud; se pondera la tarea que hace un sacerdote en tal lugar, pero no la Iglesia; o se pondera a esta mamá que es capaz de dar la vida, pero no la familia. En esto me parece que todos estamos en un clima de época. Y a la Iglesia, como toda institución, nos abarca este fenómeno. No obstante, me parece que tenemos una cohesión por dedicarnos a lo espiritual, que hace que ese clima que nos salpica, sin embargo no nos disgrega. De hecho esto lo percibí hace poco, en una reunión que tuvimos con todos los sacerdotes de la diócesis. Allí primó un espíritu de comunión, a pesar de que todos nos sabemos distintos. Ese mismo espíritu lo veo en los encuentros que tengo con las catequistas de nuestra zona, o con los que trabajan en Cáritas, o con los que trabajan con jóvenes. Todo esto hace que nos mantengamos unidos, y no seamos afectados por las posturas internas.
- También da la impresión que cada vez menos gente se acerca a la Iglesia. Desde el punto de vista sociológico, parece no convocar como antes. ¿Usted percibe esto?
- A nivel universal hay un avance de lo que se llama la ‘in-creencia’. En Europa esto es notable. Hay gente que directamente no cree en Dios. No es gente que no cree en el Dios de la iglesia católica, poro sí cree en Dios dentro del judaísmo, o en alguna otra expresión religiosa. Es un fenómeno contemporáneo que algunos sociólogos de la religión lo asocian a las decepciones que la humanidad ha venido cosechando en el siglo XX. Decepciones marcadas fundamentalmente por las guerras mundiales, por el fracaso del progresismo, por el fracaso de algunos ideales tras la caída del Muro de Berlín, entre otros fenómenos. Entonces esto ha hecho más difícil que el hombre y la mujer contemporáneos pongan expectativas en Dios o esperanzas en algo trascendente.
- Se podría decir que han declinado las ‘verdades absolutas’...
- Bueno, el avance del relativismo es importante y acelera este proceso.
- ¿Esto también se refleja en una merma de las vocaciones sacerdotales?
- Me parece que sí, pero de modo diverso. En esto hay respuestas cíclicas, que cada tanto se repiten. Pese a haber un clima cultural de in-creencia o de relativismo, sin embargo este clima no hace que la gente sea más feliz. Y esto los jóvenes lo perciben. Ellos necesitan –así lo manifiestan- respuestas más absolutas, en medio del relativismo de época. Y esas respuestas sí se encuentran en la fe. Y por tanto, están dadas las condiciones para un florecer espiritual.
- Usted ha estado en la Pastoral de la Juventud. Incluso es conocida su intervención en el doloroso caso de Cromañón...
- En este caso observé con mucha fuerza y dramatismo la necesidad de respuestas absolutas. Y se dio un diálogo pastoral con padres y jóvenes. Muchos de ellos me decían que nunca habían creído en Dios, pero que ahora necesitaban otro tipo de respuestas para sus vidas, o fincar las esperanzas en algo firme que los sostenga.
El papel de los medios
- ¿Cuál es su opinión sobre la conducta de los medios de comunicación? ¿Cómo creen que tratan temas como el del padre Grassi o relativos a la actividad pastoral de la Iglesia?
- Yo los pondero y valoro mucho. En cuanto los medios nos pueden poner en contacto con distintas realidades locales, provinciales, nacionales e internacionales. Es decir, cumplen un papel importante de traer a nuestra atención realidades que de otro modo pasarían inadvertidas. Aunque este acercamiento a las realidades no siempre se hace de manera responsable. Y a veces nos acercan a ilusiones o a situaciones que no corresponden con la realidad. Algunos disfrazan las cosas de modo que parezca, por ejemplo, que el dolor y el sufrimiento no tienen cabida en la condición humana. Así, algunos proyectan una imagen de la realidad donde pareciera que todo el mundo trabaja, o que todo el mundo tiene para comer. En otros casos, omiten la crítica hacia posturas superficiales. En contrapartida, los medios nos colocan ante al drama de un chico que se droga. O ante la situación de esa joven que es robada de su familia para ser prostituida. Nos muestras cosas que nos despabilan (...) Yo no acostumbro a acentuar lo negativo, aunque sé que existe. En general tiendo a considerar muy positivo el papel de los medios. Y en este sentido, me cuesta percibir (como algunos creen) una campaña de desprestigio lanzada contra la Iglesia, o algo que se le parezca. Sí creo que a veces hacen leña del árbol caído o se ensañan con algunas realidades. O tratan algunas situaciones pervirtiéndolas o tomándolas a la chacota.
- Usted forma parte del equipo de Pastoral Social del Episcopado Argentino. Desde este lugar, ¿qué cosas ve que le preocupan?
- Nosotros nos hemos propuesto como Conferencia Episcopal, a partir de una iniciativa que se elaboró en el seno de la comisión de la Pastoral Social, trabajar hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad. Y mirar el bicentenario como un camino entre el 2010 y el 2016. Es decir, no ceñirse al 2010 y allí gastar todos los fuegos artificiales. Ver, por tanto, que hay un camino por transitar en todos estos años. Y proponernos algunas metas. Nosotros insistimos mucho en la pobreza y la exclusión. Queremos una celebración donde haya un espacio para todos. La idea es convertir la pobreza en inclusión social. Sea a través de planes sociales, la promoción de puestos de trabajo, el esquema participativo de los recursos, y demás modalidades. Sobre todo insistiendo mucho en una mirada de la historia no como un hecho fatalista, sino como un hecho querido por Dios. Por eso formamos una Nación. No es que estamos juntos porque no tenemos más remedio. El hecho de estar juntos, en realidad, es porque Dios lo ha querido. En este sentido, se abre un tiempo en el que tenemos que valorar mucho la fraternidad, la amistad social, para poder construir juntos.
“Valoro la actividad política”
- Volviendo al campo político, ¿cómo ve a quienes se desempeñan en este ámbito?
- Valoro mucho la actividad política. Sé de algunos amigos, de políticos cercanos, lo que les cuesta la militancia. Como esfuerzo, como sacrificio. Sé en algunos casos de la decepción que les provoca la energía que tienen que poner para seguir y no dejar espacios libres para que después los ocupen los corruptos o los mentirosos. Tengo un gran respeto por esta gente para la cual la política suele ser un gran sacrificio en términos personales y familiares. Por otro lado, me parece que éstos son tiempos en los que necesitamos claridad y profundidad de pensamiento. Estamos corriendo el riesgo de quedarnos en una política dedicada más a los resultados eficientistas, que movida por los principios. O para decirlo de otro modo: tienen más peso las encuestas que la verdades. Y en este sentido me parece que es más importante fomentar lo ideológico, en el buen sentido de la palabra. Es decir, debemos discutir sobre la ideología que está de base en las propuestas políticas. No todo debe ser una propuesta efectista. Hay que saber decirle a la ciudadanía desde dónde uno quiere realizar un servicio. Pongámoslo en el plano religioso. Con el rabino (Sergio) Bergman nos llevamos muy bien. Pero sabemos muy bien que él es judío y yo católico. Y para dialogar no diluimos nuestras respectivas identidades. No es que yo soy un poco menos católico y él un poco menos judío. Al contrario, cuanto más católico sea yo, y más judío sea él, mejor será el diálogo entre nosotros. Es desde la propia identidad que actuamos.
- Lo que ustedes hacen prueba que se puede dialogar en la diversidad...
- Bueno, la sociedad reclama de su clase dirigente más disponibilidad al diálogo (...) En este sentido, esta es una deuda que tenemos que cubrir quienes estamos en alguna instancia de organización sin pertenencia política. En Gualeguay, por ejemplo, en la Parroquia San Antonio, hay un debate con algunos candidatos. La experiencia que he tenido en estos años, indica que los políticos locales se han prestado con mucha generosidad a este tipo de encuentros cívicos.
Qué hacer frente al flagelo de la droga
- La droga está haciendo estragos. Algunos curas de las villas, en Buenos Aires, han sido amenazados por el tema. Y hace poco, en la homilía del 25 de mayo, en Paraná, el padre Camino fue muy fuerte, señalando la inoperancia de los poderes públicos ante el fenómeno...
Lozano:- Las expresiones del padre Camino –que he leído por la prensa- en realidad son tomadas de documentos de la Conferencia Episcopal. No veo que se las pueda catalogar de petardistas o algo que se le parezca. En el fondo han recogido una problemática muy dura. En la Argentina hay zonas liberadas para la droga. Allí todo el mundo sabe lo que sucede, pero nadie hace nada. Este es un fenómeno serio. Por un lado vinculado a la pobreza. Es factible ver en Buenos Aires o en ciudades grandes a chicos inhalando pegamento o presa del paco. En el caso del paco, es una adicción que quita el hambre, el frío, que remueve temporalmente las sensaciones más molestas de la pobreza. Pero a la vez quita la vida. Paralelamente, la droga golpea en jóvenes que objetivamente no están en una situación económica desesperante. Son jóvenes que pertenecen a sectores medios o más acomodados socialmente. Sin embargo, la diversión de los fines de semana pasa por alcoholizarse, que es la antesala para la droga. Un sacerdote amigo de Florencio Varela me dice siempre que la cuestión de la droga se solucionaría mucho si logramos que los chicos a los 14 años no prueben cerveza. Los adultos, en este sentido, estamos fallando seriamente respecto del modo en que estamos tratando a nuestros niños y adolescentes. Y el modo en que les planteamos una vida que merezca vivirse.
- Paralelamente se da el fenómeno de que los vecinos de nuestras comunidades dicen saber sobre quiénes hacen correr la droga...
- Justamente hace poco el párroco de San Benito (en Paraná) contó en un reportaje que él veía esto en la calle. Es decir, no es algo oculto. Los mismos chicos tienen información concreta de dónde se consigue la droga. Me parece que frente a esto los adultos debemos organizarnos y ver qué podemos hacer en las diversas instancias, en clubes, parroquias, distintas organizaciones barriales. Hay una tarea aquí de los padres. Las familias deben retomar el diálogo con sus hijos. Los domingos, por ejemplo, la televisión preside la reunión familiar. O los jóvenes durmiendo hasta tarde. Esto quiere decir que no se habla, se comparte poco. Esto hace que los chicos se sientan solos (..) En Basabilvaso se hizo una movida importante promovida por los padres. Alertados sobre el crecimiento de la droga, demandaron a la justicia para que intervenga. Esto es importante porque así se exige que se cumpla con la ley. Al mismo tiempo me parece importante abrir espacios de diálogos, para que los padres puedan decir qué les preocupa sobre cómo se divierten sus hijos. Nosotros estamos haciendo encuentros de papás en distintas escuelas de la ciudad (...) Me consta, además, que algunos padres han estado en contacto con el municipio para averiguar sobre las ordenanzas (...) Yo veo padres movilizados también en Gualeguaychú, en Urdinarrain o en Concepción del Uruguay. Todos ellos no buscan reprimir a sus hijos sino que tratan de que sean felices. De todos modos esto todavía es algo incipiente frente al problema. Debería haber gestos mucho más firmes de parte de las familias y el resto de la sociedad civil.
Este contenido no está abierto a comentarios

