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Tierra de poetas, tierra de escritores

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Rincón de los poetas

La afición de los gualeguaychuenses por las letras es atestiguada por una larga lista de autores y obras que permiten concluir que aquí la escritura es una seña de identidad.

 

Marcelo Lorenzo

 

Literatura, periodismo, historia, ciencia. Gualeguaychú puede mostrar en estas expresiones del espíritu a plumas de fuste. De suerte que esta tierra se distingue por producir cultores que plasman hábilmente pensamientos en un papel.

Por lo pronto aquello de “ciudad de los poetas” no es mero estereotipo, ya que aquí se ha cultivado en alto grado la Literatura, es decir las bellas figuras implícitas en un poema o en un cuento.

Pero los nativos también sobresalen en aquellas actividades intelectuales donde la palabra escrita ocupa un papel central, como es el caso del periodismo, la historia o la ciencia.

Se dice habitualmente que sólo conociendo el pasado podremos comprender adecuadamente el presente. Pero cabe postular también que sólo conociendo lo que pensaron y escribieron los copoblanos -los de antaño y los más próximos en el tiempo- se puede comprender la esencia íntima de un pueblo.

En este sentido, Gualeguaychú puede ser abordada en el rico tesoro cultural de la obra producida por sus escritores, los cuales inspiraron sus ideas y su fantasía artística a partir del terruño, de la patria chica.

Esos buenos poetas, magníficos ensayistas o excepcionales narradores han dado a esta ciudad un capital literario que está ahí como patrimonio preciado, llamado a actualizarse y acrecentarse con al aporte de los nuevos escritores.

No es el propósito de esta nota trazar un panorama de los hombres de letras locales, ni siquiera esbozar una apretada síntesis de su influencia intelectual -una empresa que supera largamente a quien esto escribe y que en todo caso es una tarea que cabe encomendarle a la Academia-.

Apenas se pretende enfatizar esta afición local por la escritura que persiste como rasgo de la “gualeguaychuidad”, como solía expresar el Padre Luis Jeannot Sueyro, él mismo un poeta que se servía magníficamente de los versos para hablar de Dios y su creación.

¿Por qué han surgido aquí Olegario Víctor Andrade, Fray Mocho, Luis N. Palma, Eleuterio Felipe Tiscornia, Julio Irazusta, Gervasio Méndez, Claudio Martínez Paiva, Ana Etchegoyen, Luis Doello Jurado, Mateo Dumón Quesada, Natividad Sarrot García, Luis Pedro Barcia, Enrique Ángel Piaggio, entre otros muchos cultores de las letras?

 

TRADICIÓN LITERARIA

 

¿De dónde les viene esta vena literaria a los nativos? ¿Cuál es el origen socio-histórico de esta práctica cultural, que se ve reflejada hoy en la presencia de dos diarios, en la actividad de grupos literarios, en el florecer de publicaciones y de sitios web donde la palabra es cultivada?

¿Es acaso por el influjo perdurable de una generación de intelectuales del pasado que, a través de distintas disciplinas y áreas de intereses, desde la docencia o fuera de ella, supieron trasmitir este ADN de la palabra?

Al respecto no es un dato menor el hecho de que esta ciudad haya liderado, en la segunda mitad del siglo XIX, la creación de las bibliotecas populares gracias al voluntariado social.

La creación de la “Educacionista Argentino” (1869), que luego adoptó el nombre de “Biblioteca Sarmiento”, es un hito trascendente en la historia cultural local. Es la más antigua de Entre Ríos y una de las primeras del país.

A este notable antecedente histórico se suma otra excepcionalidad local: en esta ciudad, en 1900, se creó la primera biblioteca popular del país fundada por mujeres y que lleva el nombre “Olegario Víctor Andrade”.

En una sociedad de analfabetos -como lo era la del siglo XIX- las “populares” fueron un símbolo de modernidad y de acceso igualitario al saber. ¿Acaso fueron estos emprendimientos, junto con otros dispositivos culturales, como la escuela, los diarios, los ateneos y demás, los que lograron crear una cultura literaria local?

Cabe consignar que Gualeguaychú sobresale por haber desarrollado una expresión cultural moderna de primer orden: el periodismo gráfico. En el otoño de 1849 aparece el primer órgano de prensa, “El Progreso de Entre Ríos”, siendo su fundador y director el escritor oriental Isidoro de María.

El periodismo escrito ha sido un factor innegable de formación, de difusión y de acceso al conocimiento en la sociedad nativa, a cuya ilustración contribuyeron las excelentes plumas de vecinos que abrazaron ese oficio.

Se diría que la actividad literaria en general a través de diversas hojas y formatos -semanarios, revistas, periódicos- ha sido siempre prolífica en la ciudad a lo largo de su historia, como da cuenta Miguel Ángel Andreetto, en su libro “El Periodismo de Entre Ríos”.

Por otro lado, la intensa actividad intelectual que han venido desarrollando distintas asociaciones -como el grupo literario Gente de Letras o el grupo Itén-, o la tarea que despliegan diversas instituciones a favor de la cultura -como el Instituto Magnasco-, han contribuido, cado uno desde su lugar, a fomentar el amor por las letras en la patria chica.

Esa afición por las palabras ha sido además reforzada por el movimiento intelectual orientado al redescubrimiento de la historia local, en el que sobresalen eruditas y destacadas plumas, como las de Natividad Sarrot y Andrea Sameghini (María de la Mercedes Chaparro).

 

PESOS PESADOS DEL PENSAMIENTO Y LAS LETRAS

Probablemente sea Olegario Víctor Andrade uno de los hombre de letras más relevantes de Gualeguaychú, sobre todo por la fama nacional que conoció al final de su vida.

Andrade ha pasado a la posteridad como el poeta inspirado, como el cantor de las empresas de la comunidad, aunque es innegable el trasfondo patriótico y cívico de esas creaciones artísticas, como se echa de ver en “El Nido de Cóndores” (canto en honor de San Martín)-

Por otra parte, está el Andrade político y periodista que tomó partido por la causa del federalismo del interior y que desde esta condición produjo su célebre ensayo de “Las dos políticas” (1866).

José S. Álvarez es otro de los nativos que lograron trascendencia nacional, situándose así entre los nombres que han dado fama a la ciudad, consolidando su prestigio como cuna de escritores.

El director de la mítica revista Caras y Caretas, el escritor que se hizo famoso por sus retratos costumbristas y de época de fines del siglo XIX, y que la posteridad conoce como Fray Mocho, es considerado un referente de las letras argentinas.

Otro gualeguaychuense relevante es Julio Irazusta, quien fuera uno de los fundadores del movimiento historiográfico denominado “revisionismo”, y un intelectual de gran erudición que incluso incursionó en temas universales.

Entre las obras de Irazusta pueden mencionarse: “Vida Política de Juan Manuel de Rosas”, “Estudios Históricos Políticos” y “La Argentina y el imperialismo británico”. También escribió una Historia de Gualeguaychú.

La ciudad produjo además científicos en distintas ramas del saber. Destacan aquí Juan José Nágera y Martín Doello Jurado, dos copoblanos que formaron parte de la notable generación de naturalistas argentinos, de fines del siglo XIX y principios del XX.

Nágera trascendió por una de sus obras científicas, “Mar libre. Doctrina”, en la cual realizó una revolucionaria innovación en el derecho internacional, al justificar la soberanía de los Estados sobre el mar epicontinental.

 

AL RESCATE DE LOS AUTORES

 

Otro gualeguaychuense de reconocidas cualidades intelectuales, considerado como uno de los humanistas actuales más destacados del país, Pedro Luis Barcia, es de la opinión de que urge guardar el legado de los autores de cada ciudad.

En diálogo con este diario, en 2015, Barcia comentó que si fuera ministro de Educación se dedicaría a promocionar que en cada territorio se hicieran antologías para rescatar las voces de sus escritores, y evitar así que queden en el olvido.

Esto “para que los chicos tengan el orgullo de saber qué autores han tenido en su lugar. Es parte de la rubricación de la identidad el saber que uno cuenta con autores notables como los que hemos tenido en Gualeguaychú”, refirió.

Y añadió: “Se puede hacer una buena antología con selección famosa de páginas de Fray Mocho por un lado, textos de Andrade, Portela. En fin, todos los autores que hemos tenido acá, todo lo que hace un poco al conjunto de estatuas que está en la Plaza San Martín, agregando aquellos autores nuevos”.

Sugirió además la creación de cuadernillo con ese material literario, adaptado para los establecimientos educativos, y para que los docentes de los distintos niveles (inicial, primario, secundario, superior) los puedan utilizar de acuerdo a los objetivos que tengan en clase.

Según Barcia, el conocimiento por parte de las nuevas generaciones de los escritores de su ciudad, a través de este tipo de trabajos, contribuiría a consolidar lo que él llama una “pedagogía de la identidad”, de la enseñanza de la personalidad cultural nativa a través de los distintos canales de la educación formal.

 

 

 

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