Todo pasa y las huellas quedan impresas
Hace 23 años nos insertamos en la comunidad como un nuevo sistema educativo, instruir a los niños menores de cinco años mientras sus madres salen a trabajar. Hoy ya cimentamos nuestras raíces en la ciudad. Por Leticia CordobaNuestra meta siempre fue la misma: educar a los más pequeños, hijos de madres que trabajan, y a niños con necesidades especiales. Hemos transformado con el correr del tiempo, y según el reglamento interno del Consejo de Educación, la forma de educar, la edad de los niños que ingresan y el cupo de niños que debemos aceptar.Un 4 de mayo de 1987, iniciamos las clases con 3 salas de 1 a 5 años; hoy tenemos 5 salitas de 1,2 y 3 años. Éramos cerca de 100 - no existía cupo máximo- hoy trabajamos a reglamento, cuanto más pequeños son los niños, menor es el grupo.
Estos últimos años ha surgido un inconveniente con la salita de tres años, sólo contamos con una sala a la mañana - horario donde más se necesita- y es por ello, que nos hemos visto en la dura tarea de decirle a madres que su hijo no puede ingresar. No es por capricho, no es por maldad, tenemos una casa que se va agrandando y no hay quien la atienda, no tenemos Directora y faltan cargos docentes.
"Gurisitos", se establece y permanece gracias al esfuerzo de padres y cooperadoras que han ido transitando en estos tiempos. Hoy estamos en una etapa que nos entusiasma a todos porque vemos surgir una nueva fachada -nuestro antiguo jardín verde sufre una metamorfosis - poco se ha podido hacer con fondos de cooperadora que ingresa de rifas, desfiles de moda, ferias americana, espectáculos, y fondos provenientes de Intercooperadora (fiesta del caballo, rifas), es por ello que estamos anhelando se nos otorgue el subsidio pedido al Gobierno para finalizar la construcción.
Como en todo los tiempos: educativos, sociales, políticos, nosotros hemos tenido que adaptarnos a las distintas situaciones, y lo que llamamos problemas en un momento fueron lecciones de vida que nos permitieron seguir transitando. Hoy esperamos que la balanza se incline con cosas buenas para el crecimiento del jardín, a través de un subsidio y cargos.
Gracias a los que estuvieron y están con nosotros, vuestro esfuerzo nos ha recompensado con estos 23 años de vida, en la que vaciamos la copa cada día, para que enanos verdes de 50 centímetros, con chupetes, almohadas, llantos, risas, que no saben de pesares ni de grandes sacrificios, la vuelvan a llenar al día siguiente con la frescura que los caracteriza.
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