Trabajos no convencionales, contados por dos personas con más de 40 años de oficio
Destapar cloacas y fundar una empresa funeraria son dos cosas que a muy poca gente se le ocurriría, pero alguien debe de hacerlo. Roberto Borro y Hugo Heidenreich contaron a elDía sus historias de vida.Por Carlos Riera y Mónica Farabello Hay personas que podría decirse que nacen con algo especial en su personalidad. A base de un gran sacrificio, tuercen su propio destino y logran cosas que el común de la gente no lo hace por miedo o por no creerse capaz.Tienen virtudes y defectos comunes, no hacen caso a los consejos de amigos o familiares, sólo escuchan los impulsos de su interior. Son temperamentales, innovadores, soñadores, y por ello logran lo que se proponen.Hugo Heidenreich es una clase de este tipo de personas. Nunca concluyó sus estudios primarios pero eso no le impidió fundar una de las empresas más importantes de Gualeguaychú desde la nada. De ser un empleado en la Mutual del Frigorífico pasó a ser dueño de la Previsora Gualeguaychú en 10 años.Desde su infancia en la colonia El Potrero, este hombre de 62 años, debió afrontar labores agrestes. Esta experiencia lo marcó para el resto de su vida porque a medida que fue creciendo, incursionó en distintas profesiones, fue mecánico y trabajó en una fábrica de colchones en Buenos Aires. Una jugada del destinoA los 20 años regresó a Gualeguaychú e ingresó como soldador de los ataúdes en la Mutual del Frigorífico. "Antes tercerizaban ese trabajo, entonces yo, como me daba maña para todo lo agarre", comentó Hugo.Los años se fueron corriendo y las ganas de crecer en Heidenreich seguían intactas. Fue así que en el año 80 decidió comprarle la ambulancia a la Mutual para realizar viajes y atender las necesidades de quien se lo solicitara.Este primer emprendimiento propio lo llevó a ofrecerse en la ex Casa Boero, comercio ubicado en donde ahora se encuentra la Previsora Gualeguaychú, que también realizaba servicios fúnebres.Cuando se presentó ante los propietarios de este lugar, le ofrecieron sino quería comprar la empresa. La respuesta de Heidenreich fue inmediata, "¡¡con qué!!". Este hombre volvió resignado a su casa con la idea ya fija en su cabeza.Pasó un tiempo. Heidenreich continuó trabajando con su ambulancia, pero una noche fría de invierno fue la determinante. "Yo estaba con una gripe que me caía y me salió un viaje a Buenos Aires, llevar un paciente en plena madrugada, entonces dije: 'yo no me puedo morir arriba de una ambulancia', hice el viaje y cuando regresé les dije a los de casa Boero si seguían con la intención de venderme la empresa, me contestaron que sí y ahí comenzamos con el negocio".Igualmente no le sería nada fácil, "nunca nadie me regaló nada", aclaró. Heidenreich tenía una casa en calle Paraguay entre 2 de Abril y Rodó, que fue construida con 1.800 bloques que él mismo elaboró para la edificación.Vendió esa casa y salió a pedir un préstamo. La verdad es que nadie le daba dos pesos a Heidenreich cuando les contaba si idea, incluso el gerente del Banco Nación en aquella época le dijo: "¿usted se va a tirar en contra de la Mutual?", a lo que le respondió: "mire, señor gerente, el sol salió para todos".A pesar de su esfuerzo no le dieron un centavo. "El único que me dio un crédito fue el Banco Entre Ríos para comprar la sala velatorio en Andrade y Lavalle", recordó. Fue de esta manera que nació la empresa y a medida de los años fue creciendo hasta el día de hoy que cuenta con cuatro salas velatorias."A medida que pasaba el tiempo uno iba agrandándose, comprando unidades, fúnebres nuevos, todo para la atención del cliente, porque esto es muy delicado, acá la gente observa todo punto por punto y en el momento del dolor hay que atenderlo bien", explicó.El Crematorio Privado
Como el trabajo marchaba bien, Heidenreich creyó conveniente continuar ampliando los servicios y a mediados de los 90 surgió la idea de un crematorio. "Ofrecieron venderme el cementerio Parque y Jardines, entonces hice realizar un estudio de mercado sobre lo que más convenía y el resultado fue el crematorio".Pero como ya era costumbre, nada le sería fácil. Un colega suyo le contó que en Gualeguay ya se había adquirido un horno para esta actividad y eso tiró para atrás el proyecto porque no servía dos crematorios en menos de 80 kilómetros.Tiempo después se enteró que en la vecina ciudad estaba todo paralizado, entonces decidió continuar con su idea pero desde la Municipalidad lo obligaron a paralizar las obras de construcción que se habían iniciado en un inmueble del boulevard Daneri.Tras meses de negociaciones, y ya con el horno comprado, le salió la oportunidad de realizar su proyecto de varios miles de pesos en una chacra ubicada en el Acceso Sur. Esto fue avalado por el intendente Emilio Martínez Garbino y el Concejo Deliberante que aprobó una ordenanza para que el Crematorio Privado pudiera abrir sus puertas en julio de 2002."La primera cremación que hice fueron mis padres que estaban en el Cementerio Norte. Ahora los tengo en una urna de vidrio en mi oficina", contó Heidenreich. Fue una obra que demandó mucho dinero y que su responsable reconoció que en la actualidad sería imposible de realizar y "no me animaría hacerlo tampoco"."Se están haciendo más o menos un promedio de 20 cremaciones mensuales. Vienen de Uruguay, de Colón, de Concepción del Uruguay y de Gualeguay, prácticamente todos los días hay una cremación", señaló.Destacó que la relación entre la Previsora y la Mutual es muy buena, "hay mucha cortesía, uno se siente muy agradecido porque fue el lugar donde me inicié, me permitieron hacerme de lo que soy". Tracción a sangreHeidenreich confesó que trabajar con cuerpos de personas nunca fue un impedimento para él, "yo me crié en el campo y siempre fui para adelante en lo que sea, y este trabajo siempre me gustó, aunque conlleva mucha dedicación porque está abierto los 365 días del año y las 24 horas del día".Obviamente que los trabajos que realiza este hombre en la actualidad no son los mismos que a los 30 años cuando comenzó con su emprendimiento. "Trabajar 24 horas era común para mí. Hacía guardia desde las 5 de la mañana a la 13, estaba en los servicios de la mañana, en los de la tarde y de noche, como nadie conocía lo que era el servicio, venía hasta dos o tres veces por noche para armarlo", recordó.En el inicio, Heidenreich comentó que nadie de sus amigos y familiares le daba crédito a su emprendimiento pero él desoyó todas las opiniones y le dio para adelante. "Iba a mi casa, almorzaba y para no perder tiempo y dormir hasta el último minuto, me acostaba vestido hasta con la corbata puesta. Mi mujer me estiraba el pantalón para que no se arrugara y así quedaba", relató entre risas.Está casado desde hace más de 30 años y manifestó que nada de lo que tiene lo hubiera podido hacer si no fuera por el acompañamiento de su familia. "Capaz faltaba dos o tres días porque me iba a un viaje largo, una cosa es contarla y otra es vivirla", recordó.Se reconoce como una persona muy temperamental, que los años han ido controlando porque "era muy de ir al frente", pero también advierte que ese mismo temperamento le dio los frutos que hoy recoge. "Soy una persona de palabra, para mi es blanco o negro y si te digo tal cosa siempre lo voy a respetar". La historia de Alfredo YabránLa Previsora Gualeguaychú cuenta con una historia muy particular e interesante. Entre las personas más reconocidas que pasaron por los servicios funerarios de la empresa, se encuentra el cuerpo de Alfredo Yabrán.El empresario murió un 22 de mayo de 1998 y por pedido expreso de sus familiares, la Previsora Gualeguaychú se hizo cargo del traslado del cuerpo a Escobar. El propio Heidenreich fue el responsable de llevar el cadáver al Cementerio Privado."Nosotros fuimos a buscarlo a la Morgue Judicial en medio de 150 periodistas de todo el país que habían llegado a Gualeguaychú a cubrir la noticia", recordó Heidenreich y continuó: "estaban todos metidos dentro de la Previsora y no sabíamos cómo sacarlos".En un momento decidieron usar una carnada y fue el propio Heidenreich el que se encargó de salir en la ambulancia con dirección a Buenos Aires, todos los periodistas salieron del inmueble y comenzaron a seguir el vehículo, que a la altura del Hospital Centenario dobló y retornó a su punto de partida.De esta manera sacaron a los periodistas pero el otro tema fue cómo despistarlos al momento de llevar el cuerpo hasta Escobar. Nuevamente utilizaron la misma fórmula. A las 2 de la madrugada partió una ambulancia con un féretro falso y a las 5 salió el verdadero traslado."Cuando el otro chofer llegó a la altura de Escobar, los periodistas lo encerraron y les dijo que él no llevaba nada, para cuando se dieron cuenta ya era tarde porque cuando yo llegue al Cementerio Privado era un mundo de gente, la verdad, fue algo impresionante", rememoró Heidenreich sobre este acontecimiento que marcó un momento histórico dentro de la empresa. "El trabajo de destapar las cloacas no es agradable, pero alguien tiene que hacerlo"

Uno de los oficios que la mayoría de la gente no elegiría, es el que realizan las personas dedicadas a destapar las cloacas. Los malos olores "son costumbre" para uno de ellos, quien además, le ha dedicado más de cuarenta años al oficio.Roberto Borro tiene 65 años y desde los 22 que le dedica sus días a la tarea de la plomería. No sólo instalaciones de agua, sino también la complicada tarea de destapar las cloacas de cada casa que lo requiera.Con más de cuarenta años de trabajo "Cacho", como lo conoce toda la ciudad, relató cómo comenzó con este oficio que hoy en día, no cambiaría por ningún otro."Mi papá hacía lo mismo en Buenos Aires, entonces él me enseñó todo", contó Cacho con una sonrisa llena de melancolía. "Además de dejarme el oficio, me dejó muchas enseñanzas", aseguró.El padre de Borro también trabajó durante cuarenta años destapando cloacas y colocando cañerías. Cacho relata que "él una semana tenía que prender la caldera del guinche grande que está en el puerto, y de tarde se ponía a trabajar de plomero".Desde muy joven, Cacho sabía por enseñanza de su familia "que había que trabajar", por eso comenzó a ayudar "en un taller pero después me puse a trabajar en la plomería, y ahora hace más de 40 años que trabajo en esto, al igual que mi padre que murió a los 64 años con este oficio y también le dedicó más de 40 año a esto". "Conozco muchas cosas por este trabajo"Contrariamente a lo que muchas personas pueden llegar a pensar, para Cacho Borro, su oficio "tiene muchas cosas lindas", entre ellas, la posibilidad de conocer mucha gente y poder hablar de diferentes temas.Al respecto, Cacho cuenta que "es un trabajo que tiene cosas muy lindas porque conocemos muchas cosas que tal vez con otros trabajos no conoceríamos, por ejemplo conozco la isla Libertad, la Colonia "El Potrero"."Creo que conozco todo el Departamento y todas las casas de familia y si yo tuviera otro trabajo no conocería tantos lugares", expresó Borro.Por otra parte, el hombre que ha dedicado más de 40 años a los caños y las cloacas de la ciudad, contó que su tarea diaria es cambiante por lo que, entre risas, la califica como "nómade o linyera".Cacho cuenta que "otra cosa que me gusta de este trabajo, es que una vez que uno termina su tarea en un lado, ya se va para otro. Somos medio nómades, linyeras y no nos quedamos en ningún lugar, por eso vemos todos los días una pared distinta, una casa y una cara diferente".Pareciera ser que la rutina es algo de lo que Borro quiere escapar, y su oficio le da el permiso para hacerlo. "Alguien tiene que hacerlo"Aunque cada vez son menos las personas que se dedican al oficio, según contó Borro, alguien debe cumplir con ciertas tareas. "El trabajo de destapar cloacas no es un trabajo agradable, pero alguien tiene que hacerlo y después te acostumbrás a los malos olores y a hacerlo sin siquiera chistar, uno se acostumbra a todo", aseguró.Asimismo, dijo: "no me imagino haciendo otra cosa, porque mi oficio es muy lindo" y aseguró que "cada vez hay menos chicos que se capaciten para hacer el trabajo de plomería. Antes nuestros padres nos decían: 'hay que trabajar' y nosotros trabajábamos, ahora da lo mismo todo".Además, opinó que la mayoría de los jóvenes "se tira más para el lado de la computación pero falta gente de trabajo de obra".Con vistas a un futuro no muy lejano, Cacho expresó: "no sé qué es lo que va a pasar dentro de unos años, porque ahora ya se empieza a notar la falta de gente, porque no hay muchachos de oficio".Al respecto opinó que "la mayoría empiezan a preguntar cuánto van a cobrar por día, antes de saber qué es lo que van a aprender; empiezan a trabajar y a los dos meses quieren cobrar lo que uno no puede pagarles, pero cuando le enseñas algo, no les interesa tanto". No a las oficinasEntre risas, Cacho asegura "no entender" porqué la gente no haría la tarea de destapar una cloaca. "Yo nunca trabajaría en una oficia; para mi sería terrible porque a mi me gusta el trabajo de andar y de estar con la gente", aseguró."A mi me encanta el contacto con las personas y charlar, pero a veces, uno se siente incómodo en casa ajena porque hay personas que están con caras largas", contó Borro, quien además aseguró que él prefiere "estar siempre bien, a pesar de algún problema que pueda tener".Con más de 40 años en uno de los oficios, que la mayoría no preferiría hacer, Cacho se muestra feliz, y habla de sus cuatro hijos. Dos varones y dos mujeres, dice con orgullo. "Ninguno siguió mis pasos porque los varones están en Prefectura, aunque saben trabajar de plomeros", aseguró con una sonrisa.
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