Trastornos de ansiedad: ¿cómo detectarlos?

La ansiedad es una emoción que prepara al ser humano para luchar o huir ante una amenaza, es necesaria e importante si la amenaza es real. En cambio, si la ansiedad, se presenta de manera descontrolada con preocupaciones, y miedos intensos, excesivos y persistentes sobre situaciones diarias, deja de ser necesaria y se convierte en un trastorno.

Saber reconocer si la ansiedad está dominando nuestros pensamientos es imprescindible para poder buscar ayuda. La ansiedad interfiere en el día a día de las personas que la padecen y puede provocar sufrimiento no visible, como pensamientos intrusivos, angustia y soledad.

Asimismo, las crisis de ansiedad suelen provocar una serie de síntomas, que en general se manifiestan con un cuadro de palpitaciones, mareos, náuseas, sensación de asfixia o dificultad para respirar. También, suelen generar dolor en el pecho, escalofríos o sudoración intensa, adormecimiento de las manos u hormigueos, temblores, sensación de irrealidad (miedo a perder la cordura) e incluso miedo intenso a morir de manera inminente.

Estas crisis varían según la persona y pueden aparecer sin ningún motivo. Existen diferentes tipos de trastorno de ansiedad; entre ellos: el Trastorno de ansiedad generalizada, Trastorno de ansiedad social (Fobia social), Fobias específicas y Trastorno de ansiedad por separación.

Ante la primera crisis de ansiedad es importante consultar al médico, ya que inicialmente debe descartarse otra patología. La ansiedad puede estar relacionada con un problema de salud oculto. En algunos casos, los signos y síntomas de ansiedad son los primeros indicadores de una enfermedad. Si el médico sospecha que la ansiedad puede tener una causa médica, indicará análisis para buscar los signos del problema.

Algunas patologías que pueden estar relacionadas con la ansiedad son, por ejemplo: Enfermedad cardíaca; Diabetes; Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o el asma, problemas de tiroides, entre tantas.

Descartadas estas patologías y si la ansiedad persiste, es necesario una derivación a salud mental. Los servicios de Psicología y Psiquiatría evaluarán cada caso en particular, para acompañar, diagnosticar e indicar el tratamiento adecuado. Contar con el pertinente asesoramiento médico merma la angustia y el temor a sufrir una nueva crisis.

Como sociedad debemos recordar que padecer un problema psicológico no es una elección personal y mucho menos un fracaso o debilidad personal. Es un sufrimiento que muchas personas ocultan y evitan buscar ayuda, por temor a ser juzgadas. Debemos acompañar, comprender y empatizar con todas aquellas personas que luchan a diario contra este padecimiento.

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