Turismo con luces y sombras
El turismo es un rubro de constante crecimiento desde tiempo atrás. Hasta los '60, Mar del Plata, Bariloche y Córdoba acaparaban casi toda la actividad, restringida a las clases alta y media alta. Por Mario Alarcón Muñiz* Algunos trabajadores lograban sumarse a través de sus obras sociales, pero sin modificar la tendencia de un ramo por entonces semiexcluyente.Las cosas cambiaron. El paso del tiempo, la creación y expansión de centros de turismo de similar atracción planteando ofertas más variadas y llamativas, el mayor interés del sector privado, la aparición de modernas campañas de promoción y de planes de financiación, la evolución del transporte y de manera primordial la mejora de las condiciones económicas en términos generales, han derivado en el crecimiento señalado. En ascensoLa mayor actividad es notable. Lo reflejan las constantes inversiones privadas, algunas políticas públicas -no siempre claras y a veces contradictorias-, la observación del movimiento turístico y las estadísticas. Estas indicaron tras la última temporada de verano, un aumento del 7% de la actividad en nuestro país con relación al verano 2010. Algo similar, aunque con índices superiores, había registrado el global del año pasado con relación a 2009. Es muy pronto pretender datos de las vacaciones de invierno que hoy terminan en Entre Ríos, pero probablemente los índices ronden en torno de lo indicado.En síntesis, crecemos. Y esto es bueno, porque el turismo es un fuerte generador económico y una fuente de trabajo de considerable importancia. Según sucede en otros rubros, el gobierno se adjudica estos buenos resultados como si se refiriera a una contienda deportiva. Pero si miramos por encima del tapial advertimos que el mismo fenómeno se registra en otros países hermanos. Nuestros centros turísticos se colman de brasileños en mayor proporción, uruguayos, paraguayos y chilenos. Todos los países productores de alimentos han experimentado en los últimos ocho años un repunte formidable a raíz de los mejores precios internacionales y la readaptación de los cuadros cambiarios. Varias veces lo hemos sostenido en esta columna. Una excepciónNo me agrada citar cuestiones personales en mis notas periodísticas, salvo que se refieran a un suceso importante del que haya sido testigo o al encuentro con alguna personalidad relevante. El resto concierne a mi vida privada y al contrario de lo que creen muchos colegas de grandes medios, no me parece que al lector o al oyente le interese saber si me gusta el pescado frito o si mi hijo cuando era bebé se despertaba de noche. De todos modos, desviándome de la línea y a riesgo de acercarme al criterio en boga entre los colegas porteños, le confieso que estos días estuve ausente porque me sumé a las caravanas que apuntaron al Norte.Tenía necesidad de retornar a Misiones después de algunos años, así fuere por escasos días. Allí he sido testigo del movimiento que ha convertido a esa provincia maravillosa en el centro de mayor atracción del invierno. Carezco de datos estadísticos actualizados que recibiré cuando finalice la temporada invernal. No obstante, lo observado es suficiente para destacar el crecimiento de la actividad en torno de las cataratas del Iguazú, extendida a las ruinas jesuíticas de San Ignacio y las minas de Wanda, entre otras atracciones. Las realidadesClaro que el turista también se encuentra -o tropieza- con ciertas facetas de la realidad nacional. Primero, la especulación. No entiendo la razón por la que se confunde al turista con una presa. Dura poco quien así procede porque el negocio se termina temprano. Pero la verdad es que eso es lo que está ocurriendo. El Estado (Parques Nacionales) da el ejemplo. Cobra una entrada a las cataratas de 100 pesos a los extranjeros, 70 a los hermanos del Mercosur y 40 a los argentinos. En estas semanas de temporada alta entran por día no menos de diez mil personas. La recaudación puede rondar así el millón de pesos diarios. Cabe suponer que hay registros oficiales de estos ingresos. Y de los gastos, claro.Tampoco promueven el turismo los precios de los comedores de Puerto Iguazú. Me dicen que en todos los centros turísticos sucede algo similar. Entonces, no hay control ni política de turismo. Las listas de precios se confeccionan pensando en los brasileños y norteamericanos, no en nosotros que somos los que siempre estamos. No sucede lo mismo en los supermercados, donde los precios son similares a los de Entre Ríos.Otra cara de la realidad es la precariedad en la que vive buena parte del pueblo misionero. Un solo dato. No bien uno llega a las ruinas de San Ignacio, lo rodea un enjambre de gurisitos descalzos y apenas vestidos que piden "una moneda". Sucede también en otros lugares de nuestro país. Pero en este caso es notable. Y resulta inevitable recordar que hace poco menos de un mes el gobernador Closs fue reelecto con más del 60 % de los votos. Cosas de nuestra Argentina entre luces y sombras. En el turismo también.Hay más, como la nafta, pero por ahora es suficiente. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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