Un clima raro
Esta semana nos deja algunos elementos que contribuyen a aumentar el clima de rareza posterior al 28 de Junio. Seguramente muchos que ansiaban la derrota del oficialismo como un paso hacia la normalización institucional, ese día habrán tocado el cielo con las manos.[email protected] especial, los dirigentes del campo, talvez pensaron que ahora sería factible alcanzar en el Congreso las mayorías que les eran esquivas. Más de un candidato triunfador en su distrito, habrá visto cerca la ansiada banda. Pero no: la resistencia gubernamental a devolver poderes al Legislativo ha prevalecido y hasta con más holgura de votos que antes de Junio. La gente del campo se lame las heridas sin explicación a la vista y algunos ganadores del 28, lejos de capitalizar el triunfo, se han erosionado como si hubieran perdido. Francisco de Narváez, con la fortuna que puso en juego, parece haber hecho el peor negocio de su vida y de continuar estas vacaciones forzadas, posiblemente se le escape la anhelada gobernación de Bs. Aires. De ser así, será una ratificación de que el peronismo, a los rubios de ojos celestes los usa y después descarta, sin por esto -aclaremos- rebajarlos a un cometido de profilaxis. Carlos Reutemann, a quien todos miraban el 29 y no como ñoqui, tuvo esta semana dos serios traspiés que lo reposicionan varias casillas atrás. Mientras tanto Duhalde, que por el contrario, se había tomado vacaciones anticipadas, ahora hace horas extras para pescar, no ya tiburones, sino su nueva banda. En todo caso, contra los tiburones. Y Busti, en cuyos planes no figuraba perder, tampoco ve aparecer en el horizonte quien le haga sombra, con lo que renacen sus esperanzas. Bien por ellos; la suerte es un factor decisorio en la política. Pero a nosotros, Duhalde y Busti ¿son todo lo nuevo que el peronismo nos puede ofrecer? Después no se quejen si la gente sigue perdiendo el entusiasmo por la política.REBELDES CON CAUSAVolviendo al tema del campo, ellos tienen motivo para enojarse: no les conceden ni siquiera el diálogo, los hacen acudir al Congreso para plantear allí sus reclamos, luego disciplinan férreamente a sus legisladores, conquistan a los aliados para asegurarse la mayoría y finalmente, hasta impiden a sus dirigentes ingresar a los palcos. Así, mandarlos a peticionar al Congreso, es como mandarlos a otro ministerio. Los legisladores oficialistas se abrazaban y besaban con el triunfo, pero ¿lo es? Y aún cuando frente a esto, la oposición no logra articular una estrategia: ¿no está claro que una gran mayoría quiere volver a la normalidad institucional? En resumen, vemos que ese aparente triunfo comparable al ave fénix, no hace más que postergar la satisfacción de un profundo reclamo social. Eso es lo que también debiera atender la oposición en su conjunto, antes que perderse en sus propias candidaturas.INTELIGENCIA AL PODEREs interesante analizar a lo largo de la historia -y la geografía- las relaciones entre la intelectualidad y el poder. Sean los consejeros de los reyes, como Richellieu o Mazarino- los asesores de Pedro el Grande, los científicos de Napoleón; en tiempos más recientes, los universitarios cercanos a Kennedy o bien la influencia de André Malraux sobre De Gaulle. Sin eludir los casos en que el propio gobernante era un intelectual de fuste, como Winston Churchill (Nóbel de Literatura) Alcide De Gasperi o Conrad Adenauer. Para no irnos lejos en historia ni geografía, echemos un vistazo a los gobernantes actuales o recientes de los países vecinos. ¿Quién duda de la talla intelectual de Julio Ma. Sanguinetti, conferenciante y ensayista en temas de literatura, historia -incluida la nuestra- y pintura? Fernando Henrique Cardoso fue un brillante sociólogo, economista y autor de varios libros. Michelle Bachellet cursó Medicina en Alemania y Australia y postgrados en Estados Unidos; Ricardo Lagos se doctoró en Economía en la Universidad de Duke ; Álvaro Uribe cursó Administración en Harvard y fue profesor en Oxford; Tabaré Vázquez es un oncólogo de prestigio internacional. Alejandro Toledo, catedrático economista de relevancia internacional; Alan García, graduado en San Marcos, completó sus estudios en la Universidad Complutense de Madrid y en la Sorbona de Paris.En cambio, del lado nuestro y por contraste, damos bastante lástima. No sólo porque se dude si la Señora es realmente abogada y su marido un poquitín guarango, sino porque en general, nuestros Presidentes no se han caracterizado mucho por su cultura. P. ej: son casi los únicos que no hablan inglés, imagen que hace 40 años estereotipara el genial Alberto Olmedo en el papel de Yeneral González. Y si dentro de nuestra geografía, nos remontamos al pasado, nos encontraremos con Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento, Nicolás Avellaneda y Carlos Pellegrini. Presidentes cuyas obras llenarían bibliotecas. Si les sumamos colaboradores como Joaquín V. González, Juan Ma. Gutiérrez, Bernardo de Irigoyen, Estanislao Zeballos, Eduardo Wilde, Onésimo Leguizamón y Osvaldo Magnasco, tendremos algunas respuestas. Por ejemplo, por qué Argentina, cuando fue gobernada por su intelectualidad, estaba entre los países más exitosos del mundo y era líder en Sudamérica.LUMINARIAS KAlguno podrá decir que no es imprescindible que nuestros gobernantes sean Premios Nóbel y basta con que estén bien asesorados. Es que ahí está el problema. Porque los intelectuales que iluminan a la Señora y el marido, agrupados en una cofradía denominada Carta Abierta, acaban de hacer pública su solidaridad con Luis D´ Elía, a quien consideran un perseguido por la justicia, que ha cometido la tropelía judicial de citarlo a indagatoria sólo por haber tomado y destrozado una comisaría. Es más: reivindican su declarado odio a la oligarquía, a los blancos, los capitalistas y lo consideran un patriótico adalid que en defensa de su pueblo, lucha contra la infame derecha, la oligarquía vacuna y otros males que se ciernen sobre el país. También nos dan clases de historia, como la nota de Horacio González, Director de la Biblioteca Nacional -sin culpa de ella- publicada en La Nación, en la que resalta las virtudes de Simón Bolívar, sin una palabra para las de San Martín.¿Qué quieren que les diga? ¡Cuánto mejor nos iría! si nos decidiéramos a ser alguna vez, una República Sanmartiniana.Hasta el domingo. Si Dios quiere.
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