Un Cuco para asustar a cualquiera
Al día siguiente de las elecciones, la Señora todavía no parecía enterada de la derrota. Mantenía su gabinete, ratificaba el modelo... no había nada que cambiar: el Indec no se toca, el Consejo de la Magistratura tampoco, los superpoderes menos aún y de retenciones, ni hablar.[email protected]
A los diez días, sorpresivamente convoca al diálogo, pero sólo para hablar de reformas a las elecciones internas. Finalmente el Indec se retoca, (muy por arribita) el diálogo se elastiza -admite ampliaciones- del C. de la Magistratura ya se conversa y ahora lanza una iniciativa propia para limitar los superpoderes. Con estos vaivenes gana tiempo, mantiene la iniciativa, disimula la derrota y en gran medida, descoloca a la oposición, que ya acusa algunas fisuras.Pero con todo este minué de golpes de efectos y cambios que no se concretan, perdemos de vista lo principal: el modelo. Si se denomina así al liso y llano mamarracho económico que no cierra por ningún lado y le hizo perder al país la mejor oportunidad en un siglo, para volver ahora hacia el pozo de 2001, hay que preocuparse. Si en cambio, se usa la palabra para designar a la mayor acumulación de poder político en 26 años, es doblemente grave. Porque ambas variantes fueron rechazadas primero en la opinión pública mayoritaria y luego en las urnas. Nuestra duda radica en saber si lo que quieren es castigarnos con el modelo por habernos portado mal, o bien, si el matrimonio (los demás no cuentan) sigue creyendo de buena fe que es una receta magistral para curarnos a todos. A esto último, que suena descabellado, no hay que descartarlo. Los intelectuales de alquiler de la Carta Abierta más algunos ministros y gobernadores -incluido el nuestro- siguen creyendo, no sólo que el modelo es un verdadero hallazgo, sino que además ¡hay que profundizarlo! con lo cual cabría esperar un aumento, tanto del 40% de pobreza, como del patrimonio del matrimonio. Y ponerle el moño. ¿Cómo explican los lenguaraces, el reciente waterloo electoral? Muy sencillo: lo único que le ha fallado a la Señora, es la comunicación.No resulta tan descabellada la hipótesis de que sea eso lo que realmente creen, si nos atenemos a algunos cambios -estos sí bien reales- que ella proyecta, e inexplicablemente, no han tenido mayor repercusión. Veamos: en los diarios de esta semana hemos leído por separado dos noticias que sin embargo, apuntan al mismo plan, que por nuestra cuenta denominamos CUCO. Es una sigla (están de moda) que sintetiza las palabras cultura y comunicaciones: empezaremos por ésta.
COMUNICÁNDONOS
Aún cuando desde hace varios meses, se debate la Ley de Medios, la Señora ha firmado el Decreto (común, no DNU) N° 943/09, en forma sorpresiva, sin anuncios previos, por el cual se autoriza al Sistema Nacional de Medios Públicos a montar y manejar una red de televisión satelital nacional para difundir contenidos culturales, educativos e informativos. La extemporánea iniciativa no proviene de lo más amplio y profundo de la comunidad: le fue solicitada por el titular del referido sistema, dependiente del propio Poder Ejecutivo. En los ampulosos fundamentos, se cita un dictamen de factibilidad de la Comisión Nacional de Comunicaciones -también dependiente- artículos de la Constitución Nacional y del Pacto de San José de Costa Rica, referidos a la libertad de expresión que tiene toda persona, lo que no resulta muy entendible. También alude al derecho a recibir toda la información, menos comprensible aún, y que el sistema está destinado a la porción más desprotegida de la población. Nada se dice sobre quién seleccionará los contenidos a difundirse y menos aún, del costo que alcanzará este vasto sistema de tv satelital. Pero es muy posible que la parte más vulnerable de la sociedad, reciba en sus hogares la bienechora señal. Seguramente contendrá maravillosos discursos -actuales y pasados- de la Señora que recibirán con gran alborozo. (Por las dudas, deberían prever la la distribución de televisores irrompibles). No se descarta la repetición de Telesur.
CULTURA CON MARCHITA, SE MARCHITA
La otra noticia se refiere al acto en la Secretaría de Cultura de la Nación, en el cual, su nuevo titular Jorge Coscia, presentó su gente. Se inició con la entonación de la marcha peronista y el funcionario agradeció a los presentes que la hayan cantado. Entre los hombres de la cultura invitados, además de los de la Carta Abierta (estampillados en todos los actos) estaba el intelectual Luis D´ Elía. Seguidamente, Coscia anunció que en su gestión piensa politizar la cultura y advirtió: "no se asusten cuando dé a conocer mis posturas". En resumen, informó que dentro del marco que le ha encomendado la Presidenta, de cara al Bicentenario, se piensa utilizar a la cultura como elemento clave en el armado del proyecto nacional.
POR ACÁ, MEJOR
Hasta ahora nos habíamos acostumbrado a que cuando se cometía un exceso rayano en el disparate, como el que acabamos de describir, ello ocurría en jurisdicciones aisladas, generalmente distantes. Pero ahora -tal es el deterioro- ocurre al revés: la confusion entre partido y gobierno ya anida en la órbita de Cultura de la Nación. Y por aquello de no hay mal que por bien no venga, nos sirve a los gualeguaychuenses para apreciar por contraste, cuánto mejor estamos acá. ¿Acaso cabría imaginarnos que en una reunión por el Bicentenario, Olguita Lonardi nos hiciera cantar la marchita? Ni siquiera a Bahillo (que la aprendió de grande) se le ocurriría semejante desatino. Menos aún, que las políticas culturales de nuestra Municipalidad se subordinaran a un proyecto políticamente sesgado.Pues bien: eso ocurre en Buenos Aires y a esta altura, nuestros lectores ya se podrán imaginar de qué fuente van a salir los contenidos de la generosa tv satelital con que van a atender nuestros sagrados derechos constitucionales y humanos.
A SALA SEIS
Nadie nos garantiza que dentro de un año hayamos superado la crisis, eso sí: para que no les ocurra otro revés electoral tan inoportuno, nos van a comunicar mejor. Aunque tiene sus riesgos: podríamos sufrir una sobredosis comunicacional por saturación y, contraviniendo los fines de la satelización, terminar todos repitiendo mecánicamente: comunicame, comunicate...Hasta el domingo. Si Dios quiere.
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