
Foto: Joaquín García
El descenso de Juventud Unida es un golpe duro de asimilar, pero del que habrá que salir con claridad a la hora de tomar decisiones. Aprender de los errores y fortalecer un proyecto propio será fundamental para pensar en el regreso.Daniel SerorenaJuventud Unida perdió la categoría y el golpe que significa desde lo anímico, lo deportivo y lo emocional, debe ser correctamente colocado en el contexto justo, fundamentalmente entendiendo que, si bien es un tropezón doloroso, no debe ser el final de algo, sino el comienzo de muchas cosas.Analizando desde lo deportivo, se sabía de antemano que Juventud tendría que hacer una campaña muy buena para poder escapar del descenso. Luego de haber salvado la categoría con angustia en la temporada anterior, el desafío era grande y en todo momento se supo que el Decano necesitaba estar siempre en la primera mitad de la tabla para no descender.La temporada debe dividirse claramente en dos partes. Un primer tramo notable de Juventud, protagonista, peleando siempre arriba, ganando en casa y sumando algunos puntos valiosos de visitante y llegando al receso de fin de año metido entre los primeros cinco.A la vuelta del receso la cosa fue cambiando, el equipo no fue el mismo, los resultados tampoco y el rendimiento de algunos jugadores fue mermando. Lo que pasó es que, apoyado en el gran primer tramo de torneo, el bajón se fue disimulando y, pese a que se miraba de reojo la permanencia, siempre se pensó en que se podía asegurar la categoría antes de cerrar el campeonato.Hubo avisos, advertencias. El equipo de visitante mostró una peligrosa tendencia a salir a aguantar los partidos, casi siempre con resultados adversos y sin poder anotar goles, al punto que solo marcó dos goles de visitante en todo el campeonato, paradójicamente en partidos en los cuales ganó uno ante Ferro y empató frente a Nueva Chicago.Y el cierre del campeonato, con cuatro derrotas al hilo, desencadenó este descenso doloroso. Es cierto que hubo otros condimentos, partidos sospechados en otras canchas, arbitrajes que perjudicaron a Juventud y favorecieron a otros equipos. Hubo de todo, como suele haber en el nebuloso fútbol argentino.Pero la realidad indica que Juventud perdió los últimos cuatro partidos y, con una combinación de resultados en contra que era posible que se dieran, terminó cayendo en zona de descenso por única vez en el torneo justo en la última fecha, sin chance de recuperación.Cada uno desde su lugar deberá asumir su responsabilidad. El entrenador Javier Osella se hizo cargo del descenso en un breve contacto con los medios presentes en Carlos Casares. "Hicimos todo lo que pudimos, lamentablemente tuvimos un mal cierre de torneo, los resultados no se dieron a nuestro favor, ni los que teníamos que sacar nosotros ni los otros resultados que nos hubieran permitido salvarnos", se lamentó el técnico santafesino.El mea culpa de Osella debe ser tomado en cuenta pero no solamente el entrenador es responsable de la caída, hubo jugadores que bajaron considerablemente el rendimiento en el segundo tramo del torneo y otros que estuvieron pocas veces a la altura de lo esperado.También desde la dirigencia se tendrá que hacer un balance puertas adentro de lo que se hizo bien y de lo que se hizo mal, fundamentalmente para no repetir errores y para encontrar un camino claro por donde transitar el próximo Federal A.Desde los medios de comunicación se deberá ser críticos de la forma de comunicar y de la manera en que se trató el paso de Juventud por la B Nacional. Un detalle que no se puede soslayar es que la gente no acompañó de forma masiva al equipo en las cuatro temporadas, es cierto que hubo partidos de muy buenas concurrencias, pero en la gran mayoría de los casos, la presencia de público en los partidos de Juventud fue apenas discreta. Y quizá ahí radique un error en la forma de comunicar de parte de los medios, el no haber podido contagiar al espectador común, no al hincha del Juve, que siempre estuvo.Y también merece un párrafo aparte en el análisis el ambiente del fútbol de la ciudad. Un ambiente mezquino, que muchas veces puso obstáculos en el camino de Juventud. Resulta difícil de entender que gente que se considere amante del fútbol, no haya concurrido siquiera a presenciar un partido de Juventud, solo por el hecho de no tratarse del club con el que simpatiza. Ese razonamiento, que se ha escuchado en diferentes ámbitos relacionados al fútbol, es de una mediocridad alarmante, porque refleja claramente que la gente que se hace llamar "del fútbol" nunca se identificó con Juventud como un cabal representante del deporte de la ciudad.Asimismo, merece un llamado de atención el empresariado de la ciudad, que apoyó en cuentagotas la propuesta de Juventud. Si bien no sorprende, es cuanto menos llamativo que solamente dos empresas de la ciudad hayan sido sponsors de Juventud jugando en el segundo torneo de importancia en el fútbol nacional.Mirando el medio vaso lleno, Juventud pese a perder la categoría cuenta con un proyecto de inferiores en pleno desarrollo y con la continuidad asegurada a nivel nacional. Esa cantera será el nutriente del futuro de Juventud, no solamente en el próximo Federal A, donde seguramente muchos de los juveniles que han sido promovidos desde las inferiores deberán tener protagonismo. Las inferiores son el futuro del club pensando en el largo plazo, sea en la categoría que sea.Hoy duele el descenso. Cuando el panorama se aclare y los nubarrones se disipen, se tomará real valor del lugar que ocupó durante cuatro temporadas Juventud Unida en el fútbol nacional. Con escaso apoyo oficial, con pocos sponsors en relación a otros clubes y con una estructura que fue creciendo pero que en algunos casos no resultó suficiente, el Decano dio un paso atrás. Sin embargo, si se saben tomar las decisiones correctas, se podrá pensar en regresar.