Un ecuatoriano en la ciudad: “Me encantan Gualeguaychú y la costumbre del mate”
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Vino a cursar un semestre en la regional local de la UCU, como alumno extranjero. Se trata del ecuatoriarno Mateo Salazar, quien contó su experiencia a EL DIA.
Marcelo Lorenzo
Mateo Salazar (24) llegó a Gualeguaychú en julio de este año para cursar algunas materias en la carrera de Comercio Internacional que se dicta en la sede local de la Universidad de Concepción del Uruguay (UCU).
Es el primer estudiante de intercambio que recibe la casa de estudios local, como parte de un convenio de colaboración mutua firmado con la Universidad de las Américas (Ecuador), donde Mateo cursa la Licenciatura en Negocios Internacionales.
Proveniente de Cumbayá, una zona suburbana del Distrito Metropolitano de Quito, ubicada al oriente de la capital ecuatoriana en el valle de Tumbaco, Mateo cumplirá cinco meses y medio de estadía académica aquí.
Según comentó a este diario, una vez que termine los exámenes pasará las fiestas de fin de año en Argentina y partirá para su país el 3 de enero próximo. Redondeando, según confió, una experiencia enriquecedora desde el punto de vista humano y académico.
Dice que se lleva el mate como costumbre entrañable de esta tierra, los conocimientos adquiridos para su profesión de la UCU y sobre todo la calidez humana de compañeros, profesores y directivos de esa casa de estudios, y además el recuerdo de una ciudad tranquila y un paisaje encantador.
- ¿Qué te inspiró a cursar un semestre en el extranjero?
Mateo Salazar:- Siempre para mí fue un sueño poder cursar estudios en el extranjero. Básicamente por las posibilidades que abren los acuerdos que tiene la Universidad de las Américas con otras casas de estudios en distintos países. Yo estudio Negocios Internacionales, es una profesión muy interdependiente con el mundo. Se trata de estar negociando constantemente con clientes extranjeros. Y eso implica también conocer la cultura de otros países. Por tanto, me parece interesante viajar y meterme dentro de una cultura extranjera para conocerla. Y en este caso fue Argentina.
- ¿Por qué elegiste este lugar del mundo y específicamente la facultad de Gualeguaychú?
- Siempre quise venir a la Argentina. Pero este viaje es producto de una casualidad. Aunque de una casualidad con bastante suerte, porque caí en un buen lugar. Primeramente apunté ir a México con dos amigas. Ellas venían conversando para hacer un intercambio y yo quería sumarme. Era noviembre de 2017. Finalmente los tres iríamos a México y planeamos el viaja hasta principios de junio. Pero a una semana de partir nos enteramos que nuestra universidad y el centro académico al que iríamos habían roto relaciones. Mis amigas se desanimaron, pero yo decidí redireccionar el destino. Me enteré que existía la posibilidad de venir a Gualeguaychú y entonces me lancé solo. Tomé una decisión contracorriente porque todos me decían que estaba loco. Y esto porque planeé mucho tiempo lo de México y en apenas una semana decidí viajar a la Argentina, faltando poco tiempo para el inicio del semestre académico. Mi madre trató de disuadirme de no viajar, pero ella siempre me apoya en lo que yo haga. Y ahora está contenta porque ve que estoy feliz acá.
- ¿Es la primera vez que salís de tu país?
- No. De hecho he estado en varios países. Estuve en Perú, en la capital Lima, donde vive mi papá. Visité Colombia, República Dominicana, Panamá, Las Bahamas. Y fui varias veces a Estados Unidos, donde la última vez trabajé dos meses en un programa junto a tailandeses y dominicanos, circunstancia que me abrió la cabeza sobre la importancia de viajar y de conocer otra gente, para consolidar mi perfil profesional. Además, planeo viajar en febrero a Alemania, aunque en este caso es para disfrutar de unas vacaciones.
- ¿Cómo ha sido el proceso de adaptación a Gualeguaychú, es decir al nuevo entorno cultural?
- Siempre cuesta un poco adaptarse; cada viaje es distinto. Por ejemplo, a Estados Unidos me fui a trabajar, pero con 15 amigos. Nunca estuve solo. No fue el caso de Gualeguaychú, donde tuve que valerme por mi mismo en todo en una ciudad que no conocía. Arrendé una casa y tuve que aprender a cocinar. En este contexto, la soledad se siente. Al principio fue un poco complicado, pero la verdad es que la gente de aquí me hizo más llevadera la cosa. Porque desde el primer día me trataron muy bien. Es decir me hicieron sentir como en casa.
- ¿Qué costumbre nuestra, argentina, te sorprendió más?
- Sin lugar a dudas el mate. Yo sabía algo de esta costumbre, pero aquí la vivencié y comprendí su verdadero significado. De hecho ya incorporé el hábito: tomo mate amargo todos los días. Yo pensaba erróneamente que se tomaba como un té, en un horario del día. Pero me encuentro con que es parte de la vida cotidiana. Resulta que el mate circula en todos lados y a toda hora. Aquí me lo encontré en la clase entre los compañeros y los profesores, donde hay un cebador que distribuye la infusión. Lo mismo en otros ámbitos, por ejemplo cuando se viaja en auto. Es decir, está presente todo el tiempo. Es algo que me parece interesante como vehículo para socializar. Ningún país tiene algo parecido, salvo Argentina y los que conforman la región del río de la Plata.
- Con respecto al comercio internacional, que es tu campo de conocimiento, ¿qué exporta e importa Ecuador?
- Somos un país petrolero. Es decir Ecuador exporta mucho combustible. En segundo lugar vendemos bananas, que son de gran calidad y que aquí en Argentina se conocen bien. Luego exportamos rosas, que son muy variadas y bellas. Otros productos de exportación son el cacao y los camarones. Con respecto a las importaciones, sobresalen las manufacturas. Por ejemplo, adquirimos repuestos de autos y algunas maquinarias desde Argentina, además de soja.
- Ecuador tiene la característica de tener una economía dolarizada. ¿Qué significa en esencia?
- Pues que el país adoptó la moneda de origen estadounidense, como la de curso legal exclusivo o predominante. Hay cierta analogía con la Argentina, un país donde su población está mentalmente dolarizada. En Ecuador, tras un proceso de fuerte inflación y devaluación, se decretó la dolarización en 1999, abandonándose la moneda local que era el sucre. De esta manera, para todas las transacciones el ecuatoriano utiliza el dólar norteamericano, aunque la excepción son las monedas de centavos de dólar, que son fabricadas en Ecuador.
- A punto de terminar el intercambio como alumno extranjero, ¿qué balance hacés de esta experiencia?
- Si bien el argentino es muy cálido debo decir que es bravo estar solo fuera de tu país. Una experiencia que no había vivido antes. Pero de esto se aprende, por ejemplo a valorar las personas de tu entorno, tus familiares y amigos. También te ayuda a independizarte. Y a aprender que estar solo no es sinónimo de soledad. Porque he sentido el apoyo de mi familia y mis amigos a lo lejos, quienes están siempre pendiente de uno. En cuanto a Gualeguaychú, ha sido una experiencia muy rica. He hecho amigos. Y está el valor agregado del conocimiento en clases. Hay profesores que son muy buenos, tienen mucho nivel. La ciudad es hermosa; me encantó Gualeguaychú. Sobre todo la tranquilidad con que se vive y su paisaje, la zona de la ribera, la zona de la costanera y el puente. Asocio a Gualeguaychú con una ciudad ecuatoriana que se llama Baños, donde viven muchos extranjeros y está muy ordenada.
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