Un fotografo argentino a la caza de besos furtivos
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Cien besos en cada ciudad del mundo. Furtivos, amorosos, cariñosos, amistosos, todo vale. Ese es el reto, el proyecto, y casi el motivo por el que levantarse cada mañana de Ignacio Lehmann, "el cazador de besos".Poco sabemos en realidad de la vida de este fotógrafo argentino, salvo que un día decidió dejarlo todo y se escapó a la ciudad de Nueva York. Allí descubrió una nueva pasión. Fotografiar besos. Sin más. Tal y como él mismo nos cuenta, "todos los besos son callejeros, es decir, que no hay besos pactados. Son besos que se van cruzando en mi camino, mientras me pierdo en la ciudad". Así nació el proyecto "100 World Kisses".Lehmann ha preferido retratar el amor de los demás, haciendo de su cámara una especie de ventana indiscreta. Comenzó fotografiando 100 besos en la ciudad que nunca duerme, para después seguir robando besos furtivos bajo la Torre Eiffel de París, en el Big Ben de Londres, en el Park Güell de Barcelona, o en el Obelisco de Buenos Aires. "Tengo besos de todo tipo. De gente mayor, de amigos, de hermanos, de abuelos y nietos, de perros, ¡e incluso de dos caballos besándose muy cerca de la Puerta de Brandenburgo!, nos cuenta el fotógrafo.¿Y por qué cien besos? En realidad la cifra es totalmente aleatoria, simplemente se trataba de poner un desafío. Según el artista, captar besos es algo que le emociona, que le resulta del todo inspirador, y la idea de conseguir cien instantáneas en cada ciudad, le permite además disfrutar de cada viaje, de cada rincón, y tomarse su tiempo en la experiencia. Desde luego, promete ser una bonita forma de hacer turismo, y de conseguir captar el alma de cada ciudad.Su viaje todavía no ha terminado, y es que aún le quedan muchas ciudades y besos por descubrir. En su mente figuran como próximas paradas Cuba, Ecuador, Colombia y otras ciudades de Latinoamérica, para luego volver a Europa. Si bien ya estuvo en España, en Barcelona, dice guardar un cariño muy especial por Madrid y su gente, por lo que "creo que debería estar en mi álbum de besos", aunque no descarta que Sevilla y Zaragoza también acaben figurando en su lista. Su último gran reto ha estado en la ciudad de México DF, donde Ignacio Lehmann decidió ir más allá y conseguir un "beso masivo" en el Parque México, convocando a través de las redes sociales. Este fue el resultado.Entre sus proyectos también está el de editar un libro con "los mejores besos del mundo". Según Lehmann, "la figura del beso es universal, cualquier persona, en cualquier punto del planeta, va a comprender ese momento íntimo y de conexión que se cristaliza en la figura de un beso. Mi idea es poder lograr el álbum de besos más diverso y más grande del planeta." De momento, podemos seguir su trabajo a través de su web y de las redes sociales.En realidad no es la primera vez que conectamos la instantánea de un beso con una ciudad o con nuestra propia historia. ¿Qué hay del beso del Hôtel de Ville de Robert Doisneau, como icono de París? ¿O del beso de Alfred Eisenstaedt en Times Square, como símbolo de la euforia tras el final de la II Guerra Mundial? Incluso más recientemente, el "Beso de Vancouver" captado por Rich Lam, como resumen de la frase "haz el amor y no la guerra".Los besos ya no son sólo momentos íntimos y efímeros de felicidad, sino que han pasado a convertirse en historia y en arte, en un símbolo de nuestra propia humanidad.
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