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Un gualeguaychuense, en medio de los rescates: su historia en primera persona

César Gómez es uno de los Bomberos de Gualeguaychú más reconocidos por su trabajo. En 2005 se retiró en Capital Federal, continuando como Voluntario en nuestra ciudad. Desde el 2017 a la fecha es Supervisor de servicio de bomberos en la planta Toyota (Zárate).

Por Mónica Farabello

Aquel 18 de julio de 1994, César Gómez se encontraba trabajando en Buenos Aires como Bombero y debió ser uno de los rescatistas del horror.

En primera persona, relató su vivencia, las secuelas y el dolor vigente: “Hoy perduran en mi memoria y seguramente en la de muchos compañeros que por desgracia nos tocó estar allí ese día. Yo tenía 29 años en aquel entonces.

Aquel día había tomado la guardia a las 8:00 de la mañana, a las 9:53 oímos un estruendo muy lejano, jamás imaginamos que se repetía lo acontecido hacía 2 años atrás (Embajada de Israel). Pero si, lamentablemente habían volado la AMIA.

Los 18 de julio vuelven a mi memoria y recuerdo detalles como los pedidos de silencio cuando se oía algún ruido bajo los escombros, donde inmediatamente el Oficial Superior a cargo impartía la orden de suspender e interrumpir todas las actividades, detención total de los ruidos, eso incluía cesar el funcionamiento de los grupos electrógenos (quedaba todo a oscuras), herramientas de corte, expansión.

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El ruido detectado hacía presumir que había alguien bajo de los escombros con vida. Y lo complejo en este escenario derrumbado es que se debía actuar paso a paso, con cuidado extremo porque debajo de las ruinas existía esa posibilidad de que hubiera gente con vida.

En un derrumbe el trabajo a realizar es paso a paso: es un trabajo muy fino y delicado. En principio netamente manual retirando piedra por piedra, obstáculos por obstáculos lo más que se pueda de forma manual. El ingreso de maquinaria pesada es lo último. A las vigas o restos de mampostería pesada se la retiraba para ir ganando terreno… Todas eran decisiones que iba tomando el Comando, evaluando paso a paso.

Lo que más me quedó en mi memoria de ese trabajo de hormigas que realizamos, fue el pasamanos de baldes que subían vacíos y bajaban repletos de escombros. Recuerdo haber estado arrodillado en ese momento colaborando, llenando un balde para pasárselo a mi compañero Luis Álvarez, que estaba detrás de mí. Él hacía lo mismo hasta que ese balde llegaba abajo donde se lo descargaba y volvía vacío hacia arriba para repetir nuevamente esa operación.

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Fue en esa circunstancia que estando arrodillado sobre escombros, cargando un balde, cuando noté que la superficie era un poco frágil. Retiré esos escombros, escarbé y resultó que estaba sobre el torso de una persona fallecida. Es traumático.

También recuerdo cómo ayudábamos a todos los que deambulaban en la calle con lesiones de todo tipo. Luego subimos los escombros y la misma operación de sacar escombros en la que también participaban médicos, enfermeros, policías, obreros y gente común.

Recuerdo que todas las dependencias y áreas de bomberos trabajaron incansablemente aquel día, destacable los rescates del grupo G.E.R. (Grupo especial de rescate). Ellos realizaron varios rescates de personas atrapadas con vida bajo los escombros.

En mi caso estuve muchas horas ese 18 de julio y regresé al lugar el 22 con otro escenario muy diferente".

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César Gómez resaltó que antes no se trabajaba sobre la psiquis de los rescatistas. No existía la psicología de la Emergencia. Cuando tenían una intervención de esta envergadura, al otro día entraban a la guardia como si nada hubiera ocurrido. Es por eso que las secuelas se acentuaron aún más… inclusive, 27 años después.

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