Un hogar para la niñez vulnerable
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La Casa del Niño "San Martín de Porres" ofrece alimento y cobijo a niños y familias necesitadas. Mabel Benítez, que dirige al grupo de voluntarios, explicó a EL DIA cómo se pueden canalizar las donaciones. Marcelo Lorenzo Se ocupan de ayudar a los más chicos y sus padres, con la idea de que la familia siga unida. Ahí reside la mística del grupo de mujeres voluntarias que animan la Casa del Niño en Gualeguaychú, que es una réplica de otras tantas que existen en el país.En efecto, aunque el emprendimiento filantrópico es local y tiene autonomía de gestión, forma parte de una red conformada por la Federación Argentina de Apoyo a la Familia (FAAF), una sociedad fundada por la Dra. Ana Mon, una platense mentora de la idea."Ana, que buscaba una misión para su vida, observó a unos chicos revolviendo un basural en la ciudad de La Plata. Fue el puntapié que dio inicio a la inmensa labor que lleva a cabo para prevenir los males que asechan a la niñez, pero sin cortar el vínculo con la familia, y tendiendo a su promoción", contó a este diario Mabel Benítez, una de las fundadoras de la organización a nivel local.En 1985 nace la primera casa del niño "Esperanza" en la ciudad de la Plata. Un experimento apolítico y ecuménico que no hizo más que multiplicarse en todo el país, donde actualmente hay alrededor de 170 hogares repartidos en las distintas provincias.Pero además la FAAF ha devenido en una multinacional del voluntariado argentino, porque tiene presencia en 3 continentes, siendo Ana Mon nominada varias veces, incluso desde el exterior, para el Premio Nobel de la Paz.En Gualeguaychú, la Casa del Niño y la Familia "San Martín de Porres", ubicada en calle Córdoba 749, nació el 3 de noviembre de 2000. Una de sus principales impulsoras fue Mabel Benítez, quien hoy cuenta que la obra ha estado estrechamente vinculada a su propia vida."Yo estaba muy mal por la muerte trágica de mi hija y mi yerno, que llevaban solo un año de casados. Fue en un accidente en 1997. Necesitaba transformar ese dolor en algo positivo", confió a este diario.Hoy sus otras dos hijas -una docente y otra obstetra- trabajan también para la obra, al igual que su esposo Miguel Ángel Geromel. En realidad la Casa del Niño congrega a alrededor de 50 voluntarios, algunos de los cuales son profesionales (médicos, psicólogos y demás) que ofrecen sus servicios ad honorem.El hogar está abierto de lunes a viernes, y en él se da un almuerzo todos los días a niños pequeños y sus madres, muchas de las cuales están son jefas de hogar. Pero además hay una biblioteca, servicio de Internet, se ofrece apoyo educativo y se dan talleres de todo tipo orientados a la promoción humana, desde clases de tejido hasta charlas para embarazadas.Una de las características de la asociación es la feria de ropa, a través de la cual por una módica suma se puede adquirir ropa usada, que ha sido donada por los vecinos de Gualeguaychú.En la casa "Martín de Porres" se receptan todo tipo de prendas, se las pone en condiciones a través del lavado y la costura, y se las clasifica, para después ofrecerla en una feria, adonde suele concurrir mucho público.Como la obra depende de las donaciones de la sociedad, Mabel Benítez dice que en la Casa del Niño son bienvenidos los alimentos perecederos, material didáctico e informático, juguetes, ropa que no se utilice, insumos para la panadería, y los recursos que podrían mejorar la vida de otras personas necesitadas."Pero también aceptamos la colaboración para todos aquellos que quieran compartir sus conocimientos y su tiempo. La Casa del Niño no hace distinción de credo, ideología o sector social. Tienen las puertas abiertas a todas las personas de buena voluntad", señalo Mabel, quien agregó que los voluntarios activos de la obra firman un contrato especial, al tiempo que en el lugar rige un código de convivencia.La Casa "San Martín de Porres" está situado en la zona comprendida entre la planta de Obras Sanitarias y el barrio Plan Alborada. Quienes deseen pueden comunicarse a los teléfonos 433603 o 15580752, o por e-mail a casita_[email protected] Escuela de valoresAdemás de las cosas materiales, de los servicios de promoción social, la Casa del Niño pretende ser una "escuela de valores", destacó Mabel. Es decir, un lugar donde no sólo se enseñan principios elementales que hacen a la higiene y a la conducta en sociedad, sino "el respeto hacia el otro", "el amor familiar", "la cultura del trabajo", entre otros."Pretendemos devolver a los padres, la esperanza, e inducirlos a reencontrarse con objetivos de vida, volver a la idea del trabajo", son metas de la organización.Según la entrevistada, es importante crear un clima de "armonía y confraternidad", que es lo que debe haber en un hogar para que los niños crezcan seguros y sanos. "Por nuestro trabajo sabemos que la violencia es un drama social y familiar. Y tenemos que generar los anticuerpos contra este flagelo", señaló.La Casa "San Martín de Porres" expresa, además, la fuerza del voluntariado social, que ayuda sin pedir nada a cambio. Es un trabajo que no recibe recompensa monetaria, y se hace en algunos casos por caridad cristiana o por filantropía.Gracias a la existencia de este tipo de organizaciones de la sociedad civil, los vecinos de buena voluntad (particulares y empresas) pueden canalizar sus donaciones materiales o espirituales, en este caso en favor de la infancia necesitada de la ciudad.
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