Un juicio ficticio con jueces reales
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Silvia Adriana Veiga es abogada y profesora de la Universidad de Buenos Aires (UBA) de Práctica Profesional. Llevó a cabo con sus alumnos y ayudantes "juicios ficticios", pero con jueces reales. Una experiencia inédita en el mundo. Estela Gigena Silvia Veiga tiene su estudio particular, pero cuando habla de su profesión como penalista, es más fuerte la pasión por su tarea en la UBA, donde está a cargo de la cátedra de Práctica Profesional, la previa que tienen los futuros abogados antes de salir al ruedo, en la Comisión 1175, a nombre de Silvia Veiga.Pero además trabaja allí en el patrocinio gratuito de miles de ciudadanos que no tienen recursos económicos para afrontar el pago a un abogado, tanto en el caso de defensa como de querella, servicio que únicamente brinda la UBA en el país.Hace 23 años que ejerce la abogacía y el mismo tiempo lleva en la Universidad de Buenos Aires como profesora.En una entrevista exclusiva con ElDía, la abogada contó la experiencia vivida en los dos juicios ficticios que ideó, junto a sus colaboradores, para facilitar a los alumnos - futuros abogados -, vivir la profesión que eligieron.Así, se realizó el primer juicio virtual que puso en práctica el nuevo código procesal penal con la participación de jueces y peritos.- ¿Cómo se organizan los juicios ficticios?- Los preparamos mis ayudantes y yo; los alumnos no. Uno se hizo en julio y el otro fue en diciembre del año pasado. Con el proyecto comenzamos en marzo. Uno aprende de los alumnos. Viene una alumna brillante y me dice, 'doctora, nadie está dando el nuevo Código - que se iba a poner en vigencia en marzo del 2016 (en Buenos Aires) y ahora está parado-; nadie está dando en el Código nuevo litigación y demás, ¿podemos los miércoles dar clases de eso?'. Bueno, ahí va surgiendo la idea con los ayudantes. Entonces empezamos a dar clases de litigación. Separamos a los grupos en 'fiscalía' y 'defensa' y empezamos a trabajar. Dos ayudantes míos, Rubén de León y Valeria Gutiérrez, uno en defensa y otro en fiscalía y yo estaba en las dos partes. Los alumnos de cada parte, defensa y fiscalía, mantenían absoluta reserva y silencio sobre sus estrategias. Al juicio lo íbamos a hacer en el Tribunal Oral N° 19, y un día hablando con el subdirector de Práctica Profesional, Emilio Corsiglia me dice, '¿por qué no llamas a jueces de verdad para que participen?'. Y así fue como se hizo con jueces de verdad. Estaba como presidente Javier de La Fuente, que es juez del Tribunal Oral 27; como vocales, Diego Leif Guardia, que es juez del Tribunal Oral N° 13 y Horacio Días, que en ese momento era juez de Casación y este año es el presidente de la Cámara de Casación.- ¿Qué opinaban los jueces de esta experiencia?- Fue una experiencia única, contada por los propios jueces. Estaban más nerviosos que en un juicio de verdad. Aparte, para ellos también era nuevo poner en práctica el Código.- ¿Esta modalidad se realizó sólo en su cátedra?- Solo mi comisión. Este proyecto es mío, de mis ayudantes y de los jueces. Fue mi cátedra que así fue creciendo, por una alumna que me dijo 'vamos a hacerlo real'. Llevarlo a la práctica nos ha emocionado tanto a todos, generó mucho entusiasmo. Es más, la imputada era una actriz. ¡Hasta una actriz consiguieron!- ¿Qué caso fue juzgado?- Era un homicidio agravado por el vínculo. La chica había matado a su marido, y encima con alevosía, porque lo mató durmiendo. Pusimos perito de parte, vino perito psicólogo de parte de la defensa. Tratamos de compensar nosotros, de equilibrar, porque sino era una guerra. Porque no había que contar nada a nadie. Llegó un momento en que la defensa no quería que el ayudante se enterara. - ¿Usted participó?- Sí, pero estaba con defensa y con fiscalía. Estaba enseñando. Uno de mis ayudantes ayudaba a la fiscalía y el otro ayudaba a la defensa. En el juicio siguiente tuve que poner una defensora de verdad, Virginia Sansone, que es defensora de oficio; y un fiscal de verdad para que colaborara con parte de los demás ayudantes.- ¿Cómo fue el desarrollo?- Los que hablaban eran los alumnos. Lo que hacíamos Rubén de León, Valeria Gutiérrez y yo era enseñarles cómo preguntar, cómo llevar esto. Mi rol fue el de secretaria del tribunal. En ese caso a la imputada se la declara culpable. Los jueces se pusieron más nerviosos, porque ahí tienen que resolver en el mismo día, en el momento. No tienen diez días para escribir; tienen que oralizar, igual que nosotros, y fundamentar el porqué. Entonces, hay distintas etapas. Antes que empiecen los alegatos, ya el juez mesura. Por ejemplo, fiscalía pide perpetua y defensa pide absolución. Ya dejó de ser homicidio calificado por el vínculo. Por todo lo que se vio en el juicio, por todas las pruebas y a quién le creyó más. Después de eso, se toman cuarto intermedio los alumnos, tienen que alegar porque se les cambió todo. Luego, los jueces, que no tienen los 15 días para sentarse a escribir por qué motivo llegan a la resolución, deben fundamentarla oralmente. Y acá fueron tres años, pero en suspenso. ¿Por qué? Debieron mesurar agravantes y atenuantes. Había sido una mujer golpeada. Ella en realidad lo hizo en legítima defensa porque él la había amenazado con matar a ella y a los chicos y la había golpeado una cantidad de veces. El segundo juicio, en el que los jueces fueron Guillermo Friele, Diego Leif Guardia y Horacio Días, fue por trata de personas. Es decir, historias que inventamos nosotros, basadas en la realidad.- ¿Se entusiasmaron los jueces con esta experiencia?- Son todos profesores de la Facultad. Por eso también se prestaron a esto ¿Y por qué lo hacen? Por la misma pasión que tengo yo. Para ellos también fueron muchas horas. El juicio inició a la una y hasta las diez de la noche no salimos. Han estado fascinadísimos. Los jueces después dieron un discurso cuando cerraban. Coincidieron en que lo vivieron con más presión que en un juicio real.- ¿Piensan seguir realizando estos juicios ficticios?- Ahora estamos pensando con Guillermo Friele en volver a hacer esto, porque muchos alumnos se han anotado en mi comisión para hacerlo. Ocurre que luego no se pudo hacer porque estuve de práctica profesional desde el patrocinio jurídico gratuito con cuatro juicios en paralelo que duraron entre cuatro y tres meses cada uno, todos de la UBA. PATROCINIO GRATUITOSilvia Veiga es profesora titular de la última materia Práctica Profesional en la Universidad de Buenos Aires y es especialista en derecho penal.Explicó que "la práctica profesional es similar a lo que conocemos en la carrera de medicina como 'la residencia'. Los alumnos practican a través de los profesores, que son los que operan y demás. En el mundo del derecho no hay ninguna universidad, salvo la UBA, que tenga esta materia como obligatoria en derecho. ¿Por qué digo esta? En algunas universidades privadas existe la práctica profesional, pero no llevan adelante los casos, lo que hacen es asesoramiento. Pero la persona sin recursos económicos, con el asesoramiento ¿qué hace? Cuando tiene que ir a pagar un abogado, al dinero no lo tiene. En cambio, nosotros en la UBA por eso damos Congresos en las demás provincias, porque si en Capital se puede, se puede en las demás provincias.- ¿Cuál es el criterio para aceptar los casos?- Hay coordinadores de toma de casos. Ellos verifican que la persona realmente no tenga recursos económicos. Es ahí cuando a mí o a la comisión que le haya tocado el turno, le llega la planilla. Y allí están los alumnos. En mi aula hay dos grupos. Tengo seis ayudantes nombrados, abogados recibidos que han sido exalumnos míos, tienen matrícula, firman y junto a mí van a los juicios.- ¿Y los alumnos?- Los alumnos también participan de todo. De las apelaciones, porque las hacen ellos, pasan por los ayudantes, después pasa por mí, es decir, por todos los filtros. Y cuando hay juicios orales nos tenemos que reunir porque ellos tienen que preparar las preguntas, pero nosotros les tenemos que enseñar. Ellos participan pero no pueden hablar porque no tienen matrícula. Lo que sí hacen es venir a los juicios, porque los juicios son orales y públicos, salvo en casos de menores. O sea, los alumnos participan y toman nota. Ejercen sin firmar la matrícula, practican. Vendría a ser una clínica jurídica, forman parte y se forman como abogados. Porque ellos discuten con nosotros las estrategias. Bajan todo lo que han visto durante seis años en la facultad a la práctica. Tienen la causa, la leen, la puntean, la estudian.- ¿Cuánto hace que los alumnos pueden hacer esto?- Existe práctica profesional hace más de 40 años en la UBA. Pero la única Universidad en el mundo que la tiene es la UBA. Por eso damos cursos por todos lados.- ¿Qué diferencia tiene con el defensor oficial?- Que el defensor oficial está abarrotado de causas. Derivan causas y nosotros tenemos un contacto mucho más directo porque hay muchos alumnos participando. Otra de la grandes diferencias es que el defensor de oficio, que es estatal - lo pagamos todos nosotros -, a lo que se dedica es a defensas, no puede querellar. Nosotros sí. Por ejemplo, en un caso de abuso sexual ¿Quién lleva la causa adelante: el fiscal. La querella va al lado del fiscal. Si tenés dinero, contratás a un abogado y van a ser querellantes. Si no tenés dinero, tenés el patrocinio jurídico gratuito, que incluye un gabinete psicológico. A mí me parece injusto que si una persona tiene dinero y puede pagar, tiene acceso a ser querellante, pero si no tiene dinero, no tiene acceso. Porque el abogado de oficio no puede ser querellante.- ¿Cuántos casos tienen habitualmente?- Entre 60 y 80- ¿Cuántos alumnos participan?-Hay entre 20 y 30 en general. Por eso divido el aula en dos grupos. Pero en los casos muy importantes o juicios que duran tres o cuatro meses, como el caso que se ha hecho públicos en todos los diarios, de la Banda de los Gomeros, participa toda el aula.
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