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Un mafioso italiano confesó cómo mataron al Papa Juan Pablo I

Siempre se sospechó que fue un magnicidio. Ahora, un gangster dio detalles.

Las cosas fueron más o menos así: al Papa Juan Pablo I (nacido como Albino Luciani) lo mataron entre dos. El primero fue un asistente que le puso una buena dosis de Valium en el tecito, de manera tal que el segundo, nada menos que el mismísimo cardenal Paul Marcinkus, le tiró unas gotas de cianuro entre los labios. El autor de la confesión fue nada menos que el propio Raimondi, un mafioso italiano miembro de la mafia italiana en Nueva York y sobrino nada menos que del célebre gangster Lucky Luciano. Raimondi acaba de publicar un libro llamado "When The Bullet Hits The Bone" (cuando la bala golpea al hueso) , donde describe con lujo de detalles la historia.

Juan Pablo I duró 33 días como Papa De su brevísimo papado, que comenzó el 26 de agosto de 1978 y concluyó con su muerte el 28 de septiembre del mismo año, todavía se habla. Nadie creyó en la versión oficial: un infarto, cosas que pasan, mala suerte. Hasta una de las películas más famosas de la historia del cine -la que completa la saga de El Padrino- trabajó sobre la hipótesis más popular: que el pontífice fue asesinado por encargo de la logia P2, porque atentaba contra negociados nada santos del Banco Ambrosiano, que manejaba las finanzas del Vaticano. De hecho, el periodista David Yallop enjuició al director Francis Ford Coppola, asegurando que la película se había basado en su libro ¿Por voluntad de Dios?

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El mafioso Anthony S. Luciano Raimondi contó que el cardenal Paul Marcinkus -a la sazón, su primo- y director del banco Ambrosiano, lo llamó para ofrecerle un trabajo: memorizar las costumbres del Papa, de manera tal que pudiera encontrar el momento apropiado para el fatal 1-2 Valium-Cianuro. Raimondi dice que tiene cáncer, que está muy grave, y que ha llegado la hora de decir la verdad.

"Estaba parado en el pasillo afuera de las habitaciones del Papa cuando se sirvió el té (en el que estaba el Valium)", dijo Raimondi, quien aseguró que Juan Pablo no se hubiera despertado "incluso si hubiera habido un terremoto", y que luego Marcinkus "colocó el gotero en la boca del Papa y lo apretó".

Fue entonces cuando un asistente vio al Papa agonizante y pidió ayuda. Los primeros en llegar fueron Marcinkus y dos de sus cómplices, que hicieron el teatro de estar muy sorprendidos por la situación.

"Hice muchas cosas en mi vida, pero no quería estar allí en la habitación cuando mataron al Papa. Sabía que me compraría un viaje de ida al infierno”, explicó Raimondi, con una escala de valores bastante lábil.

La historia oficial determinó que Juan Pablo I había sufrido un ataque fulminante al corazón, lo que, por otra parte, no dejaba de ser cierto. El motivo por el que atentaron contra él se relaciona con un fraude multimillonario en el que Marcinkus estaba implicado como director del Banco Vaticano. Según Raimondi, el banco estaba implicado en la venta de certificados falsos de acciones de grandes compañías estadounidenses como IMB, Coca Cola e IBM a compradores ingenuos por valor de USD 1.000 millones.

Juan Pablo I había prometido acabar con la corrupción en el Vaticano. Paul Marcinkus no tenía mucho interés en que cumpliera su promesa.

"Nos quedamos y festejamos durante una semana con cardenales vestidos de gala y muchas chicas. Si tuviera que vivir el resto de mi vida en la Ciudad del Vaticano, hubiera estado bien conmigo. Fue una instalación. Todos mis primos condujeron Cadillacs. Estaba equivocado, pensé. Debería haberme convertido en cardenal”, dijo Raimondi, para quien el crimen de Luciani fue suficiente advertencia para su sucesor, Juan Pablo II, a quien jamás se le cruzó por la cabeza investigar las finanzas del poderoso banco.

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