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Un periodista, una fiscala y la necesidad de hallar justicia entre tanta oscuridad   

Por primera vez, después de 38 años de democracia, el Poder Judicial avanza con la casusa que investiga la eliminación de personas arrojadas desde el aire en el delta entrerriano, durante la dictadura genocida. "Los papás contaban que habían encontrado cadáveres flotando y los enterraban como NN", recordó una docente.

Luciano Peralta

(IG: @luchoperalta6)

“Se naturalizó entre los pobladores del lugar, se mantuvo el miedo durante muchos años, hasta que un policía contó lo que le había contado su novia: habían encontrado un tacho con cemento, con un cuerpo adentro y la cabeza afuera, y le habían dado cristiana sepultura”. El relato, tan terrorífico como real, pertenece al periodista de Gualeguaychú Fabián Magnotta. Y es, apenas, el comienzo de una historia que se empezó a contar y a documentar más de 25 años después de sucedidos los hechos, y que el comunicador volcó en el libro El lugar perfecto, primer registro documental de los llamados vuelos de la muerte en el delta entrerriano.

Hace un par de semana, en el marco del Mes de la Memoria, Magnotta protagonizó una muy interesante charla virtual, promovida por la Dirección de Derechos Humanos de la ciudad, de la que fue parte, también, la fiscala federal María Josefina Minatta.

Ante todo, es importante entender el rol clave que tuvo el periodista en este proceso de búsqueda de verdad. Hasta hace muy pocos años no se hablaba de los vuelos de la muerte en el delta entrerriano, esa parte oscura de la historia argentina permanecía sólo en la memoria de los pobladores del lugar que tuvieron que convivir con tamaña atrocidad. Hoy, y después de mucho trabajo, y muchas idas y vueltas, es el Estado, a través del Poder Judicial, el que encabeza la búsqueda de la verdad histórica.

La fiscala del Juzgado Federal de Concepción del Uruguay, María Josefina Minatta, quien tiene un rol clave en esta investigación, así explicó cómo se llegó a la etapa actual: “La causa tuvo dos tramos. El primero se inicia a partir de una denuncia de un policía en Gualeguaychú, ante el juez (Eduardo) García Jurado. El caso no avanzó, porque cuando fue llamada a declarar la mujer que había sido su novia, ella negó haber visto todo eso”.

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A la derecha de la imagen, la fiscala Minatta, en uno de los recorridos por el delta
A la derecha de la imagen, la fiscala Minatta, en uno de los recorridos por el delta

“Después, la segunda etapa, se inicia con la denuncia de Magnotta. La Justicia cita a las personas que aparecen en el libro y les toma declaración testimonial. Pero la causa queda nuevamente estancada porque había unos informes geográficos que decían que la zona era muy inundable, muy anegadiza, y que era muy poco probable que esos restos puedan ser encontrados. Cosa que, en un punto, es verdad”, explicó la funcionaria, en la charla virtual denominada “Los vuelos de la muerte en el delta entrerriano”.

El policía al que refiere Minatta es el mismo del que habla Magnotta. El uniformado habría convivido con esa verdad durante un tiempo, hasta que decidió acudir a la Justicia. Pero, lamentablemente, quien había sido su novia y quien le habría contado esta macabra historia dijo, luego, desconocerla. “La mujer, con el tiempo, se había casado con un funcionario de la Prefectura”, explican quienes intentan darle sentido a la actitud de la mujer.

Ahora bien, cuando Minatta tomó al caso, el Ministerio Público Fiscal ya contaba con la Procuraduría de Lesa Humanidad, que investiga casos de genocidio en todo el país, una herramienta inexistente hasta el momento. Además, “el Equipo de Antropología Forense fue creciendo e implementando nueva tecnología”, contó la fiscala. Y aseguró que “han desarrollado métodos de investigación que son sensacionales”. Uno de ellos se está tratando de implementar en esta investigación: a partir de fotos aéreas del territorio, se pueden analizar los distintos estratos de la tierra y, de esa manera, saber si hubo alteraciones, como, por ejemplo, enterramientos.

"La casusa es muy difícil. Hoy estamos apelando al sentido cristiano o al sentido creyente de algún vecino que pudiera haber encontrado restos humanos y haberlos enterrado en su casa"

“La casusa es muy difícil. Hoy estamos apelando al sentido cristiano o al sentido creyente de algún vecino que pudiera haber encontrado restos humanos y haberlos enterrado en su casa. En Paranacito se estilaba mucho eso, en el Municipio nos contaban que todavía hay personas que entierran a sus familiares en el fondo de sus casas. El centro de Paranacito es lejano para mucha gente que vive en las islas, entonces, esa costumbre se mantiene”, relató Minatta, y se refirió, también, a la existencia de cementerios clandestinos, creados por los dueños de la vida durante aquellos años.

“Vamos cruzando datos con otras causas que se van desarrollando a lo largo de todo el país. Y vamos comprobando que los vuelos fueron un medio de exterminio de la dictadura, organizado de modo sistemático para tratar de encubrir los crímenes que estaban cometiendo”, sintetizó.

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"Hay muchas cruces sin números, sin nombres, los registros del cementerio, más o menos, en la misma línea; todo conspira para que no se encuentre nada", expresó la fiscala Minatta

Los testigos, la clave

Lo que sigue es apenas una partecita de uno de los reveladores testimonios que conforman el libro de Fabián Magnotta. Elena Gómez era muy joven en aquellos años, pero recuerda lo sucedido con la claridad que imprimen en la memoria los hechos extraordinarios.

- ¿Qué recuerdos tiene?

-Yo viví en la Isla, también, y recuerdo cuando pasaban helicópteros con bultos. Iban colgados de una soga y pasaban en diferentes horarios y diferentes días. Por ahí en algunas semanas no, no se veían. Pasaban así para el lado, ubicándonos en la zona del delta, para el lado del puente Zárate-Brazo Largo. Nosotros los veíamos pasar, eran bultos.

- ¿Pasaban seguido?

-Había días que, de repente pasaban dos. Y por ahí paraban un tiempo y volvían a pasar. Y después, sé que en el río Paraná Bravo se encontraban cuerpos en los albardones. Incluso iban a denunciar y no eran tomadas las denuncias, les decían que no dijeran nada, que no habían visto nada, que no se comentara nada…Es todo cierto lo que se dice.

Lamentablemente, la edición impresa de El lugar perfecto está agotada. Aunque la investigación periodística sigue viva, “se está trabajando en la versión digital”, confió Magnotta a ElDía, y dejó entrever que habrá una segunda parte, con información actualizada.

Por otro lado, ya en el marco de la charla, valoró el rol asumido en la investigación por la Municipalidad de Gualeguaychú y el Poder Judicial, al tiempo que cuestionó la “ausencia” del Municipio de Villa Paranacito.

“Sigue ausente, hasta ahora, la Municipalidad de Villa Paranacito, que me hubiese gustado que tenga un protagonismo más comprometido, más activo. Pero, bueno, estos temas dividen a las personas entre quienes tienen compromiso y las que no lo tienen”, apuntó, sin medias tintas.

“A diferencia de los vuelos de la muerte que se llevaron a cabo en otros lugares, estos son los primeros con testigos, tanto de los vuelos como de los lanzamientos"

“A diferencia de los vuelos de la muerte que se llevaron a cabo en otros lugares, estos son los primeros con testigos, tanto de los vuelos como de los lanzamientos. A diferencia de la Costa Atlántica o del Uruguay, donde la gente encontraba los cuerpos, pero no veía ni los vuelos, si los lanzamientos”, destacó el comunicador.

El delta entrerriano es muy cercano a los principales centros clandestinos de detención que implementó la dictadura cívico-militar-eclesiástica: la ESMA y Campo de Mayo. “Ambos tenía estructura para eliminar personas, de manera sistemática, en un volumen muy importante y mediante la utilización de vuelos”, aportó Magnotta.

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Uno de los tachos de 200 litros donde la dictadura hacía desaparecer personas
Uno de los tachos de 200 litros donde la dictadura hacía desaparecer personas

“Algo estaba pasando”

Durante el último gobierno de facto, la zona de Islas tenía una población cercana a las 15 mil personas. La explotación forestal, del álamo y el sauce americano, entre otras especias, era muy importante, y muchas familias vivían de eso. Hoy, la población es apenas un poco más de un tercio de la de aquel entonces.

Graciela Calzada es docente, y vivió en el delta entrerriano casi tres años. Allí dio clases en la Escuela N°25 “General Manuel Savio” (con la Ley de Transferencia, pasó de ser nacional a ser escuela provincial N°140), en Arroyo Perdido de Islas del Ibicuy.

“En 1977 me recibí, y mi idea era poder trabajar en escuelas rurales. Como mi familia es de allá, opté por buscar trabajo en Entre Ríos”, contó la educadora, hija de los gualeguaychuenses Elvio Calzada y Nilda Antonia González. Su abuelo paterno, también maestro rural, se jubiló como director de la Escuela Matteu. Sus abuelos maternos, en tanto, tenían un almacén de ramos generales en Bolivar y Lavalle.

“Las escuelas, en esa zona, son como el centro de la comunidad. Los fines de semana las familias venían a la escuela, porque tenían una cancha de fútbol y era un lugar para compartir. Ahí, empecé a escuchar los primeros comentarios de lo que estaba pasando. Por lo bajo, bajito, se decía que habían pasado aviones, o papás contaban que habían encontrado cadáveres flotando y los enterraban como NN. No se sabía nada, sí que era algo oscuro, oculto, de lo que no se podía hablar”, relató Calzada en diálogo con ElDía.

"Por lo bajo, bajito, se decía que habían pasado aviones, o papás contaban que habían encontrado cadáveres flotando y los enterraban como NN"

“El segundo año que estuve, me compré un bote inflable para poder salir de la escuela, para llegar a la casa de las familias de mis alumnos o ir al almacén de ramos generales. Cada tanto pasaba el barco de Prefectura, saludaban y seguían. Pero en dos o tres oportunidades llegaron a la escuela, me preguntaron cómo estaba y me recomendaron que durante todo ese día no saliera de la escuela. No me daban ningún tipo de explicaciones, por supuesto. Yo era consciente de que estábamos bajo un gobierno militar y, como en todo gobierno militar, pasan cosas y nunca nos iban a decir por qué pasan. Eso lo tenía claro, algo estaba pasando”, contó. Y, al respecto, recordó: “Una de esas noches sentí un ruido de avión muy fuerte y, al otro día, los vecinos me contaron que había pasado un avión de los grandes”.

“Cuando sucedió lo de Malvinas se cayó un velo y pudimos ver esa historia tan oscura que habíamos atravesado sin darnos cuenta”, sintetizó, haciendo suyo el sentimiento de miles de lugareños.

Tras dejar la escuela, Graciela volvió a su Rosario natal y, luego, decidió instalarse en San Salvador de Jujuy, donde vive hace 30 años. Declaró como testigo en la causa que impulsa Minatta y, sobre este proceso de revisión y reparación histórica, expresó: “El sentido de todo esto es que aprendamos, para que haya un análisis y una reflexión sobre la sociedad que fuimos y la que queremos ser. Aprender a perder el miedo, decir las cosas, con respeto, pero no callar. Y saber que lo que se dice es para construir y no para destruir. Creo que esta es una etapa en la que lo que se diga tiene que servir para que haya sanación”.

En este sentido, sus palabras apuntan al mismo lugar que el mensaje de la fiscala Minatta al cierra de la charla de hace un par de semanas: “Siempre que vamos a hablar con los isleños y a contarles de qué se trata nuestra investigación, les remarcamos que el tiempo en que vivimos actualmente cambió muchísimo al tiempo en que pasaron los hechos. Sabemos que en ese momento Prefectura les decía que se queden en el molde, que no digan nada, que les podía pasar lo mismo. Y hoy por hoy nosotros vamos a investigar con Prefectura, y Prefectura los va a proteger, lo mismo que nosotros, en el caso que tengan algún dato para aportar. Estamos en un Estado constitucional, en un Estado de Derecho, un Estado que tiene la firma decisión de poder investigar todo lo que pasó”, sintetizó la funcionaria.

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