Un permanente ir a las urnas
El ciudadano común se topará este año con la obligación de tener que concurrir varias veces a votar. ¿Los políticos pensaron en el hartazgo electoral?
Marcelo Lorenzo
El año 2019 se presenta como una larga discusión electoral, entre las primarias obligatorias, las elecciones desdobladas por los distintos distritos, y las elecciones presidenciales, que pueden incluir ballotage.
Los entrerrianos votaremos hasta 5 veces, en actos comiciales que pudieron ser dos menos si quienes tienen el poder de manipular el calendario electoral no hubieran decidido, según conveniencias políticas, fragmentarlo deliberadamente.
En Entre Ríos, por ejemplo, se hubiera podido hacer coincidir en un domingo la elección de intendentes, gobernador de la provincia y presidente del país. Idéntico procedimiento se podría haber dispuesto para las PASO juntando las provinciales con las nacionales.
Pero no, se ha decidido desdoblar las votaciones comarcales de las presidenciales
En los pagos de Urquiza la vorágine electoral ya se lanzó, a través de la movilización de aparatos y consignas, una gimnasia retórica "en continuado" que mantendrá entretenidos a los políticos probablemente hasta fines de noviembre.
Porque de lo que se trata es de sortear una seguidilla de comicios. De acuerdo al cronograma bajado por el oficialismo entrerriano, ya que hay que concurrir a las urnas cada dos meses: en abril-junio-agosto- octubre y noviembre.
La primera paradoja es que esto ocurre en medio de, según verbalizan políticos y analistas, la "peor crisis económica de los últimos tiempos". ¿Se piensa, acaso, que la puesta electoral no cuesta dinero, y mucho?
Hay que decirlo: dineros públicos que se podrían destinar a fines asociados a necesidades sociales perentorias, se aplicarán a las PASO (primarias) y a la General provincial (donde se elegirán gobernador, legisladores, intendentes, concejales).
El periodista Adrián Pino observa que si hubiera elecciones conjuntas de Entre Ríos con la nacional, para las arcas provinciales el costo comicial sería cero, ya que en este caso los fondos serían aportados por la Nación.
En tanto, el columnista de este diario, Jorge Barroetaveña, en un artículo de enero pasado reflexionó: "Entre Ríos gastará 600 millones en el desdoblamiento electoral. Las boletas, la apertura de las escuelas, la movilización de efectivos, el pago a las autoridades de mesa, etc, etc y etc. ¿Cuántas cosas podrían haberse hecho con ese dinero? Muchas, importantes, aunque eso no forma parte del debate ni del interés del grueso de la dirigencia".
Por otro lado el kirchnerismo provincial, que ahora va en alianza electoral con el gobernador Gustavo Bordet (PJ), le cuestionó a éste en noviembre de 2018, a través de un documento público, la decisión de desdoblar elecciones, alegando costos y fatiga electoral.
"No estamos de acuerdo en someter a la ciudadanía a un año completo de campañas electorales desdoblando elecciones que se pueden realizar en un solo acto. Y también exhortamos a evitar gastar más de 600 millones de pesos en una elección provincial que si se realiza junto con las nacionales sale gratis", reza un párrafo del escrito titulado "Los entrerrianos queremos elecciones unificadas", firmado por Partido Justicialista-Unidad Ciudadana.
Pero la política tiene razones que la economía no entiende, parecen decir los que avalan el desdoblamiento, argumentando que esta separación comicial permite "escapar a la polarización y consolidar a los candidatos locales".
EL FACTOR FATIGA
El año electoral estará seguramente signado por la lucha entre la coalición Cambiemos por un lado, y el peronismo-kirchnerismo por otro, dos fuerzas políticas que expresarían modelos antagónicos.
En Entre Ríos las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) - internas partidarias que determinan los candidatos que se presentarán en la General- serán el 14 de abril, en tanto que el 9 de junio en la General provincial se elegirán gobernador, diputados y senadores provinciales, intendentes y concejales.
Luego, el 11 de agosto serán las PASO nacionales, y el 27 de octubre se llevará a cabo la elección General nacional (donde se definen el presidente y vice, y los diputados y senadores nacionales).
Si ninguno de los candidatos a presidente alcanza los votos necesarios para ser electo en primera vuelta (más del 45% de los votos o más del 40% y 10 puntos de diferencia con el segundo) habrá Ballotage el 24 de noviembre.
Semejante calendario puede resultar engorroso para el ciudadana de a pie, aquel que está lejos de la rosca política y al que le resulta muchas veces inasible la ingeniería electoral, al parecer diseñada para resolver las luchas de poder de la clase política, que en la Argentina peca de endogámica (se considera un grupo aparte, casi intocable, inclinado a mirarse todo el tiempo el ombligo).
Al respecto, quienes están detrás de la lógica electoral quizá no alcancen a dimensionar las consecuencias negativas que ese armado puede tener para el propio sistema democrático, cuya legitimidad viene siendo vapuleada por otras razones (desde el vamos nunca cubre todas las expectativas que despierta).
Algunos teóricos hablan del "cansancio de las urnas", sugiriendo que puede producirse en el elector un hastío, cuando no indignación, si se lo obliga a votar varias veces (especialmente teniendo en cuenta que en Argentina votar es obligatorio).
En este sentido, la hipertrofia comicial podría tener un efecto búmeran sobre la salud del sistema, que necesita per se de un ciudadano que básicamente crea en el beneficio del juego democrático.
A todo esto, hay que sumar el hecho de que las alianzas electorales (que reúnen diversidad de expresiones partidarias) ya de por sí agrega estrés cognitivo al votante, quien no alcanza a descifrar totalmente el universo de actores políticos detrás de cada lista de candidatos. (En la provincia, por ejemplo, Creer Entre Ríos está conformada por 10 partidos políticos y Cambiemos, por 6).
Además en teoría las fuerzas políticas expresan concepciones ideológicas sobre la sociedad y el Estado (en un plano ideal). Resulta que en Entre Ríos, según la justicia electoral, existen 97 partidos reconocidos. Esto lleva a la pregunta: ¿Acaso hay 97 visiones distintas sobre lo que hay que hacer?
En suma, el abuso partidocrático del sistema electoral -que en teoría es una herramienta para mejorar la representatividad política de la sociedad- es un arma de doble filo.
Desmoralizar al ciudadano común, que puede sentirse usado o manipulado por los miembros de la superestructura política, no ayuda a fortalecer a la democracia.
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