Un prócer civil: el Perito Moreno
Nuestra nacionalidad se cimenta, entre otros aspectos, en la veneración a los grandes prohombres, con preponderancia de generales y doctores. Nadie discute sus méritos pero resulta incomprensible que la memoria colectiva de los argentinos de hoy, haya dejado en el olvido a otros grandes héroes civiles, cuyo recuerdo, por el ejemplo que dejaron, debiera constituirlos en faros orientadores. (Primera parte)
Por Gustavo RivasNo tan olvidado como Luís Piedrabuena -a quien conoció y admiró- Francisco Pascasio Moreno fue un científico respetado desde muy joven por los maestros mundiales de su especialidad -arqueología, antropología, paleontología- fundador de un reconocido museo de ciencias naturales, paciente explorador de una buena parte de nuestro territorio, férreo defensor de los aborígenes, escritor, educador, filántropo y visionario. Pero además, poniendo su ciencia al servicio de la patria, desde ese parapeto defendió con admirable tesón nuestra soberanía y logró preservar para Argentina, 42.000 km. cuadrados de territorio. Fue además, el pionero de nuestros parques nacionales, el primer hombre blanco que -a riesgo de su vida- llegó desde el Atlántico al lago Nahuel Huapi, inspirador en Mendoza del Monumento en el Cerro de la Gloria, pionero del scoutismo en el país, entusiasta de nuestra naciente aviación, creador de admirables emprendimientos educativos y sociales para los pobres. Él también murió muy pobre, porque todo lo dio con inmensa generosidad. En su memoria, invitamos a nuestros lectores a seguir el resto de esta nota y la segunda parte, que continuaremos el próximo domingo.Nació en Bs. Aires el 31 de Mayo de 1852, hijo de Francisco Facundo y de Juana Thwaites (hija de un oficial inglés que se quedó aquí desde la segunda invasión, en 1807). Al igual que Piedrabuena, desde niño manifestó su vocación. Según cuenta su nieta, Adela Moreno Terrero -Recuerdos de mi abuelo Francisco Pascasio Moreno- no tenía buenas notas en la escuela, pero su padre descubrió que se debía a que en ella no se enseñaban Ciencias Naturales. Entonces lo llevaba a la orilla del río, o a Palermo, a juntar cosas raras que luego organizaba para mostrarlas a sus amiguitos. En 1865 su padre le cede el mirador de la casona familiar para que instale allí su museo privado. En 1867 Germán Busmesteir, reconocido paleontólogo alemán traído al país por Sarmiento, oye hablar de este niño y lo visita. Quedó admirado con su colección y le llamó la atención especialmente, la mandíbula de un fósil desconocido al que denominó Dasypus Moreni. El científico así distinguido, tenía apenas 15 años. La colección se enriquecía además, con las donaciones que le acercaban personas amigas de la familia, como Mariquita Sánchez de Thompson, por entonces, Sra. de Mendeville. En Diciembre de ese año fallece su madre, víctima del cólera, (epidemia que llegó a Gualeguaychú al año siguiente), aunque algunos autores se la atribuyen a la fiebre amarilla de 1871. Ese año su familia se traslada a Chascomús. En la cercana Laguna Vitel, realizó interesantes excavaciones y entre otras piezas, halló un caparazón de gliptodonte que hoy se conserva en el Museo de La Plata. Al regresar a Buenos Aires, con 19 años, Moreno ya había constituido una valiosa colección paleontológica.En 1872 a los veinte años, realiza la primera publicación de carácter científico, de una larga serie que continuó toda su vida.Por escribir esto en Gualeguaychú, no podemos obviar un dato interesante de esta etapa de su vida: integró una comparsa, Los Habitantes de la Luna, que invitó a sumarse en el papel de Emperador de las Máscaras a un conocido personaje público, quien "aceptó el cargo": Domingo Faustino Sarmiento.Dado que desde Carmen de Patagones -pueblo natal de Piedrabuena- le enviaban valiosas piezas, en 1873 viaja al lugar y ahí encuentra un verdadero filón paleontológico- 60 cráneos indígenas- y también arqueológico: 1.000 flechas, puntas de lanza, sílices tallados, con todo lo cual profundiza sus estudios que vuelca después en un minucioso informe. Alentado por sus amigos, lo envió al célebre médico y antropólogo francés Paul Broca, quien no sólo aprobó el trabajo, sino que lo hizo publicar por la Revue d´Antropologie de París en 1874. Por su importancia, el prestigioso científico comparaba al Museo Moreno, con el Morton, que receptara las piezas arqueológicas de América del Norte y Central.Moreno tenía 22 años y sus trabajos ya interesaban a otros científicos franceses, como Jean Louis de Quatrefages y Paul Topinard.El primero de los muchos viajes importantes que realizó a la Patagonia, lo hizo en 1874 por designación del Gobierno Nacional, como acompañante del prestigioso naturalista Carlos Berg, Director del Museo Nacional de Ciencias Naturales. En esa oportunidad se embarcó en el Bergantín Rosales, al mando de Martín Guerrico, cuya tripulación integraron también Carlos María Moyano y el futuro Comodoro Martín Rivadavia, por entonces, subteniente. En ese viaje recalaron en Patagones y siguieron hasta Santa Cruz, donde Moreno se proponía explorar el río del mismo nombre. Allí convivió varios meses con los indios del lugar, con quienes trabó amistad y pudo recoger valiosos datos sobre su idioma y costumbres. Pero la revolución de Septiembre los obligó a retornar. No obstante, volvió con un riquísimo material para sus investigaciones y la firme idea de regresar para explorar aquel río. A su regreso, emprendió un viaje por Entre Ríos, donde recorrió la zona que va desde Victoria a Paraná, para comparar esa formación, con la terciaria de la Patagonia.En 1875, realiza un nuevo viaje al Sur; esta vez, con el apoyo de la Sociedad Científica Argentina, de la que era vocal; también era amigo de un joven estudiante de abogacía que actuaba como Secretario: Estanislao Zeballos. El objetivo final no era desdeñable: llegar hasta el lago Nahuel Huapí desde el Este y finalmente cruzar a Chile. Llevaba una carta de Bartolomé Mitre para Diego Barros Arana, diplomático e historiador chileno, con quien habría de sostener veinte años después, la memorable puja por la cuestión limítrofe.Hizo escala en Bahía Blanca, donde se detuvo a estudiar los yacimientos fósiles de Punta Alta, que antes había estudiado Charles Darwin. Pasó por Patagones y ya en el Río Colorado visitó a los caciques picunches, con los que trabó amistad. Tanto el paso secreto hacia la cordillera, como el gran lago que quería conocer, estaban bajo el dominio del famoso cacique Valentín Saihueque, quien mucho tuvo que ver luego en su vida. Con gran habilidad, Moreno le mandó primero un chasqui para solicitarle una audiencia, que El Rey de la Manzana le concedió. Finalmente llega al gran campamento de Caleufú a orillas del río Collon Curá (máscara de piedra) y con la mediación del cacique Chinchahuala, consigue el ansiado permiso para visitar el Nahuel Huapí (isla del tigre) aunque no la autorización para cruzar a Chile. Fue el primer hombre blanco en llegar allí desde el lado del Atlántico; antes (1782), lo había intentado Basilio Villarino. Guillermo Cox y el Padre Juan José Guillelmo lo habían hecho, pero desde Chile. Moreno quedó extasiado con tanta belleza; en un gesto simbólico, preanunciador de su destino, sacó de entre sus ropas una Bandera Argentina y la hizo reflejar en esas maravillosas aguas. (Continuará...)
Por Gustavo RivasNo tan olvidado como Luís Piedrabuena -a quien conoció y admiró- Francisco Pascasio Moreno fue un científico respetado desde muy joven por los maestros mundiales de su especialidad -arqueología, antropología, paleontología- fundador de un reconocido museo de ciencias naturales, paciente explorador de una buena parte de nuestro territorio, férreo defensor de los aborígenes, escritor, educador, filántropo y visionario. Pero además, poniendo su ciencia al servicio de la patria, desde ese parapeto defendió con admirable tesón nuestra soberanía y logró preservar para Argentina, 42.000 km. cuadrados de territorio. Fue además, el pionero de nuestros parques nacionales, el primer hombre blanco que -a riesgo de su vida- llegó desde el Atlántico al lago Nahuel Huapi, inspirador en Mendoza del Monumento en el Cerro de la Gloria, pionero del scoutismo en el país, entusiasta de nuestra naciente aviación, creador de admirables emprendimientos educativos y sociales para los pobres. Él también murió muy pobre, porque todo lo dio con inmensa generosidad. En su memoria, invitamos a nuestros lectores a seguir el resto de esta nota y la segunda parte, que continuaremos el próximo domingo.Nació en Bs. Aires el 31 de Mayo de 1852, hijo de Francisco Facundo y de Juana Thwaites (hija de un oficial inglés que se quedó aquí desde la segunda invasión, en 1807). Al igual que Piedrabuena, desde niño manifestó su vocación. Según cuenta su nieta, Adela Moreno Terrero -Recuerdos de mi abuelo Francisco Pascasio Moreno- no tenía buenas notas en la escuela, pero su padre descubrió que se debía a que en ella no se enseñaban Ciencias Naturales. Entonces lo llevaba a la orilla del río, o a Palermo, a juntar cosas raras que luego organizaba para mostrarlas a sus amiguitos. En 1865 su padre le cede el mirador de la casona familiar para que instale allí su museo privado. En 1867 Germán Busmesteir, reconocido paleontólogo alemán traído al país por Sarmiento, oye hablar de este niño y lo visita. Quedó admirado con su colección y le llamó la atención especialmente, la mandíbula de un fósil desconocido al que denominó Dasypus Moreni. El científico así distinguido, tenía apenas 15 años. La colección se enriquecía además, con las donaciones que le acercaban personas amigas de la familia, como Mariquita Sánchez de Thompson, por entonces, Sra. de Mendeville. En Diciembre de ese año fallece su madre, víctima del cólera, (epidemia que llegó a Gualeguaychú al año siguiente), aunque algunos autores se la atribuyen a la fiebre amarilla de 1871. Ese año su familia se traslada a Chascomús. En la cercana Laguna Vitel, realizó interesantes excavaciones y entre otras piezas, halló un caparazón de gliptodonte que hoy se conserva en el Museo de La Plata. Al regresar a Buenos Aires, con 19 años, Moreno ya había constituido una valiosa colección paleontológica.En 1872 a los veinte años, realiza la primera publicación de carácter científico, de una larga serie que continuó toda su vida.Por escribir esto en Gualeguaychú, no podemos obviar un dato interesante de esta etapa de su vida: integró una comparsa, Los Habitantes de la Luna, que invitó a sumarse en el papel de Emperador de las Máscaras a un conocido personaje público, quien "aceptó el cargo": Domingo Faustino Sarmiento.Dado que desde Carmen de Patagones -pueblo natal de Piedrabuena- le enviaban valiosas piezas, en 1873 viaja al lugar y ahí encuentra un verdadero filón paleontológico- 60 cráneos indígenas- y también arqueológico: 1.000 flechas, puntas de lanza, sílices tallados, con todo lo cual profundiza sus estudios que vuelca después en un minucioso informe. Alentado por sus amigos, lo envió al célebre médico y antropólogo francés Paul Broca, quien no sólo aprobó el trabajo, sino que lo hizo publicar por la Revue d´Antropologie de París en 1874. Por su importancia, el prestigioso científico comparaba al Museo Moreno, con el Morton, que receptara las piezas arqueológicas de América del Norte y Central.Moreno tenía 22 años y sus trabajos ya interesaban a otros científicos franceses, como Jean Louis de Quatrefages y Paul Topinard.El primero de los muchos viajes importantes que realizó a la Patagonia, lo hizo en 1874 por designación del Gobierno Nacional, como acompañante del prestigioso naturalista Carlos Berg, Director del Museo Nacional de Ciencias Naturales. En esa oportunidad se embarcó en el Bergantín Rosales, al mando de Martín Guerrico, cuya tripulación integraron también Carlos María Moyano y el futuro Comodoro Martín Rivadavia, por entonces, subteniente. En ese viaje recalaron en Patagones y siguieron hasta Santa Cruz, donde Moreno se proponía explorar el río del mismo nombre. Allí convivió varios meses con los indios del lugar, con quienes trabó amistad y pudo recoger valiosos datos sobre su idioma y costumbres. Pero la revolución de Septiembre los obligó a retornar. No obstante, volvió con un riquísimo material para sus investigaciones y la firme idea de regresar para explorar aquel río. A su regreso, emprendió un viaje por Entre Ríos, donde recorrió la zona que va desde Victoria a Paraná, para comparar esa formación, con la terciaria de la Patagonia.En 1875, realiza un nuevo viaje al Sur; esta vez, con el apoyo de la Sociedad Científica Argentina, de la que era vocal; también era amigo de un joven estudiante de abogacía que actuaba como Secretario: Estanislao Zeballos. El objetivo final no era desdeñable: llegar hasta el lago Nahuel Huapí desde el Este y finalmente cruzar a Chile. Llevaba una carta de Bartolomé Mitre para Diego Barros Arana, diplomático e historiador chileno, con quien habría de sostener veinte años después, la memorable puja por la cuestión limítrofe.Hizo escala en Bahía Blanca, donde se detuvo a estudiar los yacimientos fósiles de Punta Alta, que antes había estudiado Charles Darwin. Pasó por Patagones y ya en el Río Colorado visitó a los caciques picunches, con los que trabó amistad. Tanto el paso secreto hacia la cordillera, como el gran lago que quería conocer, estaban bajo el dominio del famoso cacique Valentín Saihueque, quien mucho tuvo que ver luego en su vida. Con gran habilidad, Moreno le mandó primero un chasqui para solicitarle una audiencia, que El Rey de la Manzana le concedió. Finalmente llega al gran campamento de Caleufú a orillas del río Collon Curá (máscara de piedra) y con la mediación del cacique Chinchahuala, consigue el ansiado permiso para visitar el Nahuel Huapí (isla del tigre) aunque no la autorización para cruzar a Chile. Fue el primer hombre blanco en llegar allí desde el lado del Atlántico; antes (1782), lo había intentado Basilio Villarino. Guillermo Cox y el Padre Juan José Guillelmo lo habían hecho, pero desde Chile. Moreno quedó extasiado con tanta belleza; en un gesto simbólico, preanunciador de su destino, sacó de entre sus ropas una Bandera Argentina y la hizo reflejar en esas maravillosas aguas. (Continuará...)
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