Un rey en el monte…
Hoy, martes 26 de julio, se cumple un aniversario más de la muerte de don Manuel Almeida. Pasa el tiempo pero su legado queda.Por Paulina LemesColaboración Don Manuel tenía una terrible dicotomía entre su mente y su cuerpo. Mientras la primera se agigantaba, la "carcaza" de su alma inquieta y terriblemente terca se obstinaba en no envejecer. La terrible injusticia de la vida... a más experiencia, menos medios... Parecía un súper-hombre pero era sólo lo segundo, y lo sabía con exactitud.De todos modos nos hizo parir su vejez a todos los que lo queríamos, como para hacer su cruz más liviana, supongo...Se perdía sigilosamente en el monte, solo, con sus zapatos de siete leguas especialmente hechos a medida, y sus bastones que reemplazaban, a gatas, a sus dos interminables piernas.Sostenía su humanidad imponente en esas dos columnas de tala... Ya se iba volviendo árbol, monte, flores silvestres... La tierra lo llamaba y él desoía caminando orgulloso como un rey antiguo.Tardaba horas en regresar de esas caminatas.Nunca sabíamos si habían sido tales, ya que sus piernas flaqueaban y a veces pasaba eternidades tratando de incorporar su descomunal presencia desde el piso, adonde la falta de circulación lo había hecho caer.¡Cómo nos alegrábamos cuando volvía! (ya que era un insulto a su grandeza ofrecerse de gentil paje siquiera).De a poco nos acostumbramos a esas "escapadas"...Un día supe que ya nada lo podía tocar, ni la muerte...Vi salir entre el senderito de hojas y silencios a dos abuelos indios, tan destartalados y viejitos como don Manuel. Tomaron los brazos de su defensor como comadres en desgracia y apoyaron sus cabezas doloridas en aquellos hombros de algarrobo noble. Mientras, los gurises, disfrazados de tacuaritas, les cantaban rondas...Se llevaron a don Manuel y a sus dolores allá donde están enterradas las llagas de la América libre...Tanto olvido compartido, tanta desilusión, tanto apretar los dientes...Y allá se fueron despacito, custodiando al paladín de esa justicia que nunca llega, la de los pobres...Don Manuel se estaba despidiendo.En cada senderito vuelvo a verlo.En cada tacuarita recuerdo que está con ellos...
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