Un temporal sin piedad
Bien sabido es que la naturaleza enfurecida arrasa sin mirar qué ni a quién. Sin embargo, éste pareciera ser un caso de excepción, por lo menos para quienes lo han sufrido, y cuando digo esto sé que el sector norte de Gualeguay entiende de lo que hablo.Por María Constanza Fernández LarraburuEn marzo de 2007, las intensas lluvias, que llegaron a más de 500 milímetros en pocos días, dejaron bajo agua las pertenencias de los pobladores de esa zona y junto a ellas también se hundieron el esfuerzo de años y miles de recuerdos. En aquel momento el agua no perdonó y mucho tuvo que desandarse el camino para recuperar parte de lo que el agua les robó, voluntad y trabajo se necesitaron para volver a ver un poco de lo que antes se tenía."En esos días -narraba por aquellas horas Luisa, vecina de Barrio Norte- pensaba en mis cosas que estaban boyando en casa. Me fui a lo de mi hija y ahí estuvimos una semana, no podía ni siquiera venir a ver porque había agua por todos lados. Del momento en que volví no me quiero ni acordar, había humedad, mucho barro y los pisos estaban negros; fue una desesperación muy grande".Hace pocas semanas, la lluvia volvió a caer copiosa sobre la cuidad: 120 milímetros en una hora. Desagües que resultaron insuficientes y obras hídricas fundamentales que aún no llegan hicieron el resto. Y otra vez, la zona norte fue castigada. La historia se repetía, aunque en menor escala, y la tarea de levantar los bienes más costosos para salvarlos se hacía nuevamente práctica. Tras algunas horas, el agua escurrió, aunque con cada nueva precipitación el temor reaparecía y con él la creencia de que la naturaleza está, en cierto modo, ensañada con el sector norte.12 de enero de 2010. Hora 3:15. Tornado azota la ciudad. Los mayores destrozos han sido, casi como una sentencia, en la zona constantemente castigada por cualquier inclemencia natural. El enorme gimnasio del club Barrio Norte destruido, el geriátrico del hospital San Antonio sin techo, el 50 por ciento de la Comisaría Primera afectado por el temporal, la estructura metálica de una gomería derrumbada, vidrieras rotas, paredes derribadas, inmensa cantidad de viviendas dañadas y un sinnúmero de postes, cables y árboles, eran el paisaje desolador del sector más hostigado de Gualeguay."Es muy difícil —dice con tristeza una vecina de allí—, sobre todo habiendo chiquitos como hay acá, ya nos tocó pasar esta misma situación con la inundación, pero ahora es más difícil precisamente porque el techo se nos vino encima en un horario en que estaban durmiendo mi hija y mi nieto".Imágenes y recuerdos que esta sociedad sueña con dejar atrás, porque las heridas aún están abiertas y todavía falta mucho por recuperar, mientras se carga con la pesada mochila del miedo a que todo vuelva a repetirse. El latigazo impensado e imprevisto de la naturaleza ha dejado su estampa en los ciudadanos que lo padecieron, al tiempo que brota, entre las chapas retorcidas y los escombros, la esperanza de que nunca más nos suceda el desastre. Es verdad que la naturaleza no mira a qué ni a quién, pero a veces castiga más de la cuenta. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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