Una decisión crucial y un escándalo, desvelan el sueño de la Presidenta
Los días fríos de junio no alcanzan para aplacar la caldera política de Argentina. A escasos 5 meses del comicio para elegir presidente, el panorama empieza a aclararse. Sólo falta ella. ¿Hasta cuándo va a esperar? Por Jorge Barroetaveña Otra vez, como en los últimos meses, la demora de la Presidenta Cristina Kirchner en anunciar su candidatura a la reelección, volvió a convertir a la Casa Rosada en una usina de rumores. A esta altura, ya no sólo cuentan las recomendaciones médicas que ha recibido de disminuir su nivel de actividades, sino el desgaste y la pelea permanente que ella, siente, podrían extenderse cuatro años más. Néstor Kirchner era, en la pareja, el hombre de choque. Él manejaba y se relacionaba con lo mejor y lo peor de la política y se sentía cómodo en ese mundo. Cristina es distinta y lo ha demostrado en estos meses. No le gustan los gritos, prefiere el perfil bajo para abordar determinados temas o directamente el silencio cuando intuye que algo la puede perjudicar. Su voz, hasta ahora, en el escándalo que envuelve a la Fundación Madres de Plaza de Mayo ha estado ausente. El caso, que daña políticamente al gobierno, se manejó entre murmullos durante meses en los pasillos de Balcarce 50. "A la Presidenta no hay que llevarle problemas. Sólo hay que escucharla", suele decir alguien de su entorno. Así fue como se enteró por las tapas de los diarios que el estado le había entregado 765 millones de pesos a la Fundación, con escasos controles y el dudoso objetivo de hacer casas. "¿Qué tenia Hebe que meterse a construir casas?", se preguntó con lógica el viernes el diputado Bonasso.El escándalo que ya llegó a la instancia judicial, respondió a la lógica oficial. Primero lo negaron, luego lo aceptaron parcialmente y al final tratan de evitar que las esquirlas salpiquen a Bonafini y a la propia Presidenta. Lo sorprendente es que, en el Argentina, y vuelve a quedar demostrado, los controles parecen inexistentes. ¿Es posible que nadie se haya puesto a investigar porque el Banco Central le rechazó decenas de cheques sin fondos a la Fundación, que iban con la firma de Sergio Schoklender? ¿Acaso no circularon profusamente por internet? ¿Y aún así el Estado le siguió girando el dinero hasta llegar a los 765 millones de pesos? ¿Nadie investigó a la empresa Meldorek, que se dedicaba a cambiar plata en mesas de dinero o compraba campos y vehículos ultra caros? ¿Dónde quedó la presentación judicial que hicieron legisladores de la Coalición Cívica hace dos años pidiendo que se investigara a la Fundación y en particular a los hermanos Schoklender? En todo esto anida una inquietud aún más grave y es la utilización abierta y desembozada de los derechos humanos para hacer negocios. Al cabo es lo que parece haber hecho Schoklender utilizando la bandera de los desaparecidos, con la omisión o complicidad (debería determinarlo la justicia) de la propia Bonafini y de los funcionarios encargados de remitir y controlar que esos fondos fueran correctamente administrados. Algunas entidades han cometido el error de confundir su causa con el gobierno de turno y, lo que es peor, unos pocos se han aprovechado de eso para hacer pingues negocios, como Schoklender. Los derechos humanos no son de izquierda ni de derecha, ni les pertenecen a unos pocos. Este escándalo debería ser una buena enseñanza. ***Cada vez que puede, Moyano mete el dedo en la llaga. No entiende que la Presidenta no digiere ni sus métodos ni sus formas de expresarlo. Será una cuestión de género, u otra cosa, pero cada vez que abre la boca provoca dolores de cabeza en Olivos. El miércoles pasado, en una charla con estudiantes universitarios espetó que el problema más importante del modelo es la inflación. Sus palabras rebotaron como balas en el oficialismo, aunque la orden fue no salir a contestarle. Justo en plena campaña, y cuando la Presidenta se apresta a tomar una decisión vital para su futuro y el del kirchnerismo, este buen hombre aparece con dichos como esos. Nadie sabe a ciencia cierta qué hará la mandataria. En el gobierno nadie piensa que no se vaya a presentar, aunque es imposible saber hasta dónde se mezcla el deseo real y el temor a quedar afuera de la estructura de poder. Si Cristina se presenta, hay dos nombres que van cabeza a cabeza peleando por ser su vice: Urribarri y Capitanich. Ambos tienen un mérito sobre sus pechos: acompañaron en los momentos más difíciles y pueden mostrar que pilotearon la tormenta sin derrapar.
***Alfonsín se lanzó con Fraga, resucitando la histórica Lista 3. Para incomodidad de De Narváez que tendrá que hacer votar a peronistas por un radical. Pero ya se largaron. Duhalde junto a Das Neves sellaron la alianza del peronismo disidente, con aspiraciones de conquistar el voto peronista desencantado. Y Binner también resolvió encabezar una alianza progresista, con referencias importantes en los grandes distritos. El socialismo pudo abrochar, pese a haber perdido a los radicales, aliados de peso en Capital, Buenos Aires y Córdoba, lo que abre notablemente su perspectiva. Aunque allí peleará por la misma porción de electorado que aspira a captar Alfonsín, pese a su pretendido giro 'a la derecha'. Carrió parece haber quedado sola predicando en el desierto, por voluntad propia y por decisiones ajenas. En la grilla sólo falta Cristina. Si no es ella será Scioli pero no es lo mismo. Hay ausencias que se notan y vacíos que no son posibles de llenar. En ese caso estaríamos hablando de otra cosa. Distinta. Totalmente distinta.
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