Una educación socialmente responsable
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La escuela y la universidad deben asumir que su tarea tiene trasfondo social y de ahí emana una exigencia: formar sujetos comprometidos con su entorno. Esa fue una de las conclusiones del panel de Responsabilidad Educativa del Foro Regional de RSE, que tuvo lugar en Gualeguaychú. Marcelo Lorenzo Aunque nació en el seno del mundo empresario, el concepto de "responsabilidad social" puede hacerse extensivo a todas las organizaciones, en especial a las educativas cuya misión es la formación de personasTambién los miembros del sistema de enseñanza deben responder o dar cuenta de su acción con arreglo a una ética que privilegie la construcción de valores colectivos.La idea de que a los actores pedagógicos, no importa el nivel, les cabe la imputación social por su tarea, presidió las disertaciones de quienes expusieron en el panel de Responsabilidad Educativa del "1° Foro Regional de Responsabilidad Social Empresaria (RSE)", que tuvo lugar el 22 de agosto pasado en la sede de la Sociedad Rural, y que fuera organizado por Corporación del Desarrollo y la comuna local.En dicho panel (que fue presentado por la licenciada Marisa Menta, rectora del Instituto 'Sedes Sapientiae') hablaron el obispo diocesano, monseñor Jorge Lozano; Daniela Bersi, en representación de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP); el presbítero Carlos Scatizza lo hizo en nombre de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF); en tanto que Alberto Ingold y Cristina Giacoboni explicaron la experiencia "Maestros Errantes", que se lleva a cabo en algunos municipios entrerrianos. Trascendencia e historia Monseñor Jorge Lozano, en su intervención, sostuvo que la tarea educativa no puede escindirse de dos dimensiones de la persona humana: la trascendencia y la historia.En torno al primer concepto sostuvo que "es muy importante en la etapa de la juventud y de la adolescencia fortalecer aquella mirada abierta a las utopías".En un mundo, dijo, donde suele prevalecer una concepción sombría y fatalista sobre la historia, que hace que las personas, atemorizadas, se recluyan en su mundo privado, la educación debe alentar una visión esperanzadora, "cada vez más abierta a poder soñar con horizontes lejanos"."No tenemos por qué no soñar que la paz es posible en el mundo. No tenemos por qué no soñar que es posible erradicar la pobreza. No tenemos por qué no pensar en una familia humana", afirmó.La educación, sostuvo el obispo diocesano, debe bregar por una "cultura del encuentro" en un sociedad atravesada por antagonismos varios, y también debe asumir que los jóvenes están ávidos "de una vida con sentido".La dimensión histórica de la educación pasa, según dijo, por sostener una mirada comunitaria frente a las tendencias individualistas del presente. "Eso significa reconocer que no somos islas ni archipiélagos, ni clanes pugnando por cuestiones de poder, sino que somos seres sociales y sociables por naturaleza", puntualizó.En ese sentido, dijo que hay que apostar por un proceso que destierre el "sálvese quien pueda" y que haga posible el pasaje de meros habitantes a ciudadanos con conciencia social."El que habita un lugar simplemente está para nutrirse y servirse. El ciudadano es el que quiere vincularse con otros, es el que está convocado a poder llevar adelante la convivencia social a través del cumplimiento de las leyes", indicó.El obispo amplió el concepto de ciudadano al de alguien que integra un colectivo social. "Pero debemos dar otro paso más todavía: pasar de ser ciudadanos a miembros pertenecientes a un pueblo, que tiene que ver con que el bien común está por encima de los bienes particulares".Al resumir su intervención por la educación, el prelado bregó por personas con "un corazón abierto a la trascendencia y solidarias con los hermanos, con los pies bien puestos en la tierra". El rol social de la universidad Tanto la profesora Daniela Bersi, representante de la Facultad de Periodismo y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), como el presbítero Carlos Scatizza, de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF), coincidieron en afirmar que la responsabilidad social es un criterio global que inspira la gestión de esas casas de altos estudios.Al fundamentar lo que se hace en ambas universidades, los académicos invocaron por igual al francés François Vallaeys, un teórico de la responsabilidad social universitaria, para quien estas organizaciones deben hacerse cargo de sus impactos sociales y ambientales.Según Vallaeys, los actores científicos, profesionales y académicos tienen un papel central que jugar en esta filosofía, que va más allá de la vocación altruista de profesores y alumnos, para plasmarse en un modelo de gestión.No se trata de una promesa vaga de "compromiso social", o una especie de iniciativa unilateral voluntaria para cumplir con acciones altruistas a favor de la sociedad, cuando se quiere y como se quiere.Para el filósofo francés la responsabilidad social universitaria se asimila a una certificación de calidad organizacional, por la cual las instituciones educativas hacen una promesa formal ante la sociedad de tener un alto nivel de calidad de sus prácticas.Daniela Bersi habló de una "política de gestión" que apunta hacia el cumplimiento de la misión social universitaria mediante cuatro procesos: "La gestión ética y ambiental de la institución; la formación de ciudadanos responsables y solidarios; la producción y difusión de conocimiento socialmente pertinentes; la participación social en promoción del desarrollo humano sostenido".Según dijo, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) está aplicando el concepto de responsabilidad social en tres pilares fundamentales: investigación, docencia y extensión universitaria."Es importante entender que la responsabilidad social educativa tiene que ver también con la calidad educativa, con una práctica participativa del estudiantado, un aporte solidario al desarrollo local. Es decir no hay que ver a la universidad como una torre de marfil aislada, en donde sólo se genera conocimiento científico", destacó.En otra parte de su alocución la docente repitió los conceptos de la decana de la Facultad de Periodismo Florencia Saintout, para quien "en la universidad pública no formamos simplemente para ser profesionales individuales, que resuelven situaciones puntuales en consultorios o en sus lugares de trabajo, sino que además tenemos una formación que nos permite estar donde la sociedad indica que debemos estar".Por su parte, el presbítero Carlos Scatizza, de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF), sostuvo que la responsabilidad social "no es una dádiva" para los más necesitados.Tampoco, dijo, es el lugar de la lucha dialéctica entre la izquierda y la derecha. "La izquierda sospechando que la responsabilidad social es simplemente una manera de disfrazar la corrupción en la que puedan incurrir algunas empresas; o la derecha sospechando que detrás de esta filosofía se está escondiendo algún tipo de ideología peligrosa", sostuvo.Siguiendo a Vallaeys, dijo que la responsabilidad social es "acatamiento a normas éticas universales de gestión", en virtud del cual las organizaciones asumen los "efectos directos y colaterales de sus decisiones", tanto hacia adentro como hacia afuera.También incluye "la participación de los grupos de interés que pueden estar directa o indirectamente afectados por la organización".Según Scatizza, "una universidad que no prepare profesionales socialmente responsables es una universidad que ha fracasado en su cometido, ha quedado a mitad de camino. De esta manera se habrán hecho técnicos pragmáticos para una ciencia, pero incapaces de involucrarse con el medio donde están". Capacitación para docentes "Maestros Errantes" es un programa que ya ha capacitado a más de 100 docentes entrerrianos, desde que se puso en marcha en 2012. Se trata de una original iniciativa que se presentó en Gualeguaychú como ejemplo de responsabilidad social educativa.Con el apoyo de la Fundación 'Las Camelias' y los municipios de San José y de Villa Elisa, se logró así abarcar a directivos de 25 escuelas secundarias, asesores, asesores pedagógicos y docentes de los establecimientos educativos.Eso explicaron en el panel Alberto Ingold, representante de la Fundación 'Las Camelias', y la profesora Cristina Giacoboni, supervisora del nivel secundario de Colón.La iniciativa surgió ante el desconcierto docente por la aparición de las nuevas culturas juveniles, en el marco de un contexto social que interpela a la escuela secundaria."Veíamos a directivos y docentes desbordados por la nueva situación escolar, que añoraban aquellos tiempos perdidos, aquella escuela con un determinado orden, que tenía determinados sujetos sociales. Es decir que no podían dar cuenta de escenarios socioeducativos más complejos", afirmó Giacoboni."¿Qué nos propusimos, entonces? Pues tratar de despertar de esa escuela imaginada, para aproximarnos a la real. Se trata de un quiebre que no es fácil de hacer. La idea es dotar de nuevas herramientas a rectores y docentes, para hacer una gestión educativa acorde a estos tiempos", relató.Con la asesoría de especialistas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) se armó un programa de capacitación primero en "culturas juveniles", y luego otro en "educación emocional".El programa, que se extendió a otros municipios, continuará hasta 2015 con la problemática de las "nuevas adicciones".
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